Sobrevolando Inglaterra

Nueva entrega de la serie de artículos ‘Oído en la taberna’

Detalle de la portada de Somewhere In England (1981), disco de Harrison que estuvo rodeado de cierta polémica.
Detalle de la portada de Somewhere In England (1981), disco de Harrison que estuvo rodeado de cierta polémica.

Ser el menor de los hermanos puede tener ventajas e inconvenientes, pero desempeñar un rol similar en la banda de rock más importante de la historia debió causar a un jovencito George Harrison motivos para ir a terapia al menos dos veces por semana. Tuvo que luchar duro, tímidamente al principio, de forma más enérgica después, para que le dejasen mostrar su talento, algo complicado enfrentándose a dos tipos que sacaban de su chistera una obra maestra tras otra casi sin pestañear.

Tras la traumática separación de la banda, para colmo, llegó la personal, viendo a su mujer caer en brazos de su mejor amigo, un tal Eric Clapton. Las acusaciones de plagio por uno de sus mayores éxitos —My Sweet Lord— también amargaron la década de los setenta al benjamín de los Beatles, pero no le impidieron seguir grabando música.



Mi primer contacto con el Harrison post-beatles fue la deliciosa Blow Away, single que aún conservo como oro en paño, pero uno de mis discos favoritos es Somewhere In England (1981), también rodeado de polémica. Su propio sello vetó la publicación de algunos temas por, según ellos, estar alejados de las modas del momento. Eso le inspiró Blood From a Clone, canción inicial en la que exhibe su repugnancia por la industria discográfica. Al final acabó editando un trabajo digno, interesante y atemporal. Sin abandonar su habitual faceta espiritual, reflejada en las deliciosas Life Itself y Writing's On The Wall, también mostró interés por "standards" como Baltimore Oriole y Hong Kong Blues, piezas de Hoagy Carmichael, el compositor del famosísimo Georgia on my mind. Pero lo más recordado de ese trabajo es la nostálgica All Those Years Ago. Era para Ringo pero, incapaz de cantarla, obligó a George asumirla. En su letra evoca recuerdos felices en The Beatles, tal vez influido por la reciente desaparición de Lennon. Por si faltaban alicientes, grabándola se re-encontraron en el estudio los tres Fab Four supervivientes.

La historia ya ha colocado a George en el lugar que merece, pero su carrera en solitario sigue siendo injustamente desconocida. Para empezar a remediarlo os invito a recuperar aquella colección de canciones escritas desde algún lugar de Inglaterra.





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