Cataluña, el inicio del cambio

Nadie podría decir hace un mes que Salvador Illa podría fijar una nueva etapa de la política en Cataluña y lo más importante, transcender a la política española, como ya ha pasado en otros tiempos. En este caso, el mensaje es escueto y sencillo, sin más profundidades, pero supone un cambio revolucionario en la gramática política de los últimos años: “La Cataluña que habla y no grita, la Cataluña del sentido común, la Cataluña del reencuentro”. Pues bien, con sus grados y matices, se podría cambiar Cataluña por España  y vemos que son perfectamente intercambiables. 


El efecto Illa

Victor Lapuente, uno de los estudiosos de la política actual, reflexiona sobre los males de nuestro tiempo en su Decálogo del buen ciudadano: “La división que nos empuja a separarnos en bandos irreconciliables: cosmopolitas contra nacionalistas en todo el mundo, izquierdas contra derechas en España, constitucionalistas contra independentistas en Cataluña”. Las consecuencias de esta política de estar conmigo o contra mí, de amigos y enemigos, que se aleja de la moderación y el pragmatismo están a la vista de todos. 



Recientemente hemos podido visualizar con claridad este relato político dominante en los EEUU. La imagen de un Donald Trump que salía por una puerta de la Casa Blanca sin ni siquiera cruzarse ni verse con el nuevo presidente. El trumpismo no desaparecerá de un día para otro pero de momento, los focos mediáticos han cambiado de lugar. En Cataluña por primera vez en una década el independentismo no domina la agenda política. 


¡Pasar página!



¿Qué relato marcará la agenda política de los próximos años? Sin duda, es una nueva narrativa política a construir. Un nuevo discurso necesitado de liderazgos políticos, de partidos innovadores y,  sobre todo, de unos medios de comunicación más proclives a construir una nueva cultura política, una nueva ciudadanía, capaz de alejarse del sensacionalismo frívolo e irresponsable por el que transitan. O sino, quizás la única solución sea no la ver la televisión y abandonar las redes. 


Cambiar la lógica de la confrontación por la lógica del dialogo nos implica a todos, desde la izquierda socialdemócrata a la derecha conservadora e igualmente a los nacionalismos periféricos. La delimitación del juego político a dos enemigos irreconciliables es no comprender la complejidad del mundo actual y representa un empobrecimiento notorio de la democracia. Una nueva gramática política, más empática, con mayor sentido de comunidad, en una sociedad como la española es de una imperiosa necesidad. La España del abrazo, la de la pluralidad, la de la cogobernanza, la de las lealtades puede abrirse camino. 


Epilogo

España se enfrenta a una crisis de amplias dimensiones donde continuar como hasta ahora sería un suicidio. El debate riguroso entre las reformas o incluso la refundación del Estado debe hacerse, no a lo que salga, sino con inteligencia y con amplios acuerdos. España tiene por tanto, una ocasión única para reflexionar sobre si misma al igual que Cataluña. Vuelve Cataluña, la manera de ser catalana que tiende a la concordia más que a la confrontación, al pacto y al acuerdo y que a tantos españoles cautivo en otras épocas. 


Y es que no hay mal que cien años dure. Como diría el escritor americano Chuck Plahniuk, que ha fabulado con una América dividida en tres Estados: blancos, negros y gais: “La epifanía solo es posible tras el desastre que nos permitirá el renacimiento. Por eso, con el gran lio que tenemos encima, nos espera una década de prosperidad, goce y felicidad”.  Pues bien, parece que con Salvador Illa se abre esa oportunidad de cambio en la política catalana y española. 


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