Cuando hablar de “la muerte”, nos lanza a descubrir la vida

Hasta hace poco era un tabú hablar de “la muerte”. Pocos padres llevaban a sus niños a un Tanatorio, quizás por “por miedo a un trauma”; y hoy los menores escuchan cada día qué hay un virus que mata, y que hay que protegerse de él. Curiosamente cuanto más se habla de muerte, más parece valorase la vida. 


Por otro lado, películas “infantiles” como la simpática y entretenida “Casper” (1995) o “Soul” (2020), la nueva película de Pixar, nos muestran el más allá con una naturalidad que permite, a niños y mayores, aceptar con sencillez “la asunción de la muerte”. Recordemos también la película “Ghost. Más allá del amor” (1990), en donde Molly (Demi Moore), gracias a una estupenda Whoopi Goldberg, descubre cómo el corazón está hecho para amar, incluso después de la muerte. O la interesante “La novia cadáver” (2005) de Tim Burton o la hermosa “Coco” (2017), en donde un joven, Miguel, va hasta “la Tierra de los muertos” para poder cumplir su sueño de poder cantar. La naturalidad del protagonista de “Coco” le lleva a descubrir lo valioso de su vida, su familia.

Precisamente, tras su aventura en el más allá. Una aventura que la especie humana comenzó hace miles de años.



De hecho, los filósofos griegos ya vieron, seis siglos antes del nacimiento de Cristo, la importancia que tenía “asumir la muerte”; pues les lanzaba a buscar cualquier rastro de “eternidad”: en el agua, la tierra, el movimiento... Por eso, cada uno de nosotros, esté donde esté, se convierte en buscador de eternidad. 


Ahora, en enero de 2021, esté Joe Biden o Donald Trump, vengan dos cepas más del virus o llegue otra nevada que cubra de blanco media España, la tarea de “aprovechar” la vida es nuestra y solo nuestra, de cada uno; y no se la podemos delegar a nadie. ¿Quién nos puede hacer pescadores de “eternidad”? Si hay algo que hace a todo superhéroe (Supermán o Spiderman) ser un héroe, no es tanto salvar el mundo, sino inspirar a que cada uno de los ciudadanos asuma su responsabilidad ante la vida; y no viva sumiso, sin voz ni criterio propio. Como dijo Abraham Lincoln: “Al final, no son los años en nuestra vida lo que cuenta, sino la vida en nuestros años”. Ánimo y adelante. 




 

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