El inacabado camino de la igualdad

Isaías Lafuente
23:52 • 29 oct. 2020 / actualizado a las 07:00 • 30 oct. 2020

Es muy difícil que cada semana no gotee alguna noticia, algún informe, algún gesto público que evidencie que el difícil camino hacia la igualdad se nos está haciendo demasiado largo. En los últimos días hemos escuchado al líder de Vox, aspirante frustrado a la presidencia del Gobierno, referirse a las diputadas de Unidas Podemos como “floreros de su macho alfa”, hemos conocido una EPA que radiografía una brecha en el empleo muy desigual en hombres y mujeres y un informe que documenta cómo los roles asignados a niños y a niñas siguen siendo muy distintos en los anuncios de juguetes, como si el tiempo se hubiera detenido.


Y es elocuente el contundente estudio encargado por Ministerio de Cultura y Deportes sobre nuestros organismos públicos culturales. Un informe que analiza la presencia de mujeres en cincuenta instituciones a lo largo de veinte años y que constata que ocho de cada diez están dirigidas por hombres y en las que ellas sólo ocupan una de cada cuatro sillas en sus patronatos, siendo sólo mayoría en las secretarías de estas instituciones. Y sin saber si existe relación causa efecto, es curioso que ese desequilibrio se proyecta en la autoría de los cuadros que compran y en los montajes que estrenan nuestros museos y teatros públicos.


Es de alabar que haya sido el propio ministerio el que haya encargado esta auditoría autocrítica. Y ahora sería razonable exigir que actúe en consecuencia para suturar una brecha de género impropia en una democracia moderna del siglo XXI, aunque ya la contemplemos como quien ve nevar en el Polo. No sólo por la sensibilidad que se supone a los responsables de instituciones en un ámbito tan concreto como el de las artes, sino porque conviene que las leyes que se hacen, se cumplan después. Y nuestra Constitución, que consagra la igualdad plena y proscribe cualquier forma de discriminación por razones de sexo, ya ha superado los cuarenta. Y la Ley de Igualdad, que pretendió impulsar lo que no llegaba por el mero paso del tiempo, ha cumplido ya trece años. No sería necesario recordar que, por buena que sea, una ley incumplida tiene el mismo valor que una orquesta desafinada, un coro de borrachos, un ballet de tullidos o un hermoso cuadro pudriéndose en los sótanos de un museo.






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