Celebrar y dar voz en el “ahora”

Hemos de saber que ningún tiempo ha sido fácil para sus moradores. Este tampoco iba a ser menos. Para empezar, hemos activado una crisis de valores humanos que nos impide fortalecernos, actuar de manera conjunta y hallar soluciones a los diversos problemas y amenazas actuales, como la pandemia de COVID-19 y el cambio climático, la amenaza nuclear o la falta de transparencia en nuestras acciones humanas que prolongan sin respetar, algo tan esencial, como los derechos inalienables de toda existencia, la inclusión mediante un trabajo decente y los accesos a salud y educación.


Tampoco es de recibo la creciente manipulación que se observa en un mundo en crisis, por parte de determinados grupos políticos o poderes económicos, que han convertido cualquier vida en un blanco fácil para las estrategias más brutas y destructivas. Por desgracia, el circuito de la indiferencia y la desigualdad entre linajes prosiguen  globalizándonos. Junto a este cúmulo de miserias, la proliferación de noticias falsas nos deja desorientados, hasta el extremo de perder el sentido de lo auténtico, que es como dejarse de amar.  Por eso, es fundamental celebrar el cambio de mentalidad y actitudes, que pasa por poner fin a esta forma de abuso planetario, que nos siega el innato entusiasmo existencial. Lo que importa no es pensar en el ayer, ni en lo que va a venir, sino en cargar con el “ahora”, hasta volverlo más generador de ilusiones, que nos haga cuando menos despertar y existir. Hay cosas que debemos batallar y una es la de perseverar viviendo en libertad. El alma no envejece en la vida. 


En cualquier caso, nunca es tarde para construir castillos en el aire y poder cimentarlos con la experiencia vivida junto a los que nos acompañan. Lo substancial pasa por desechar las tristezas y las melancolías de nuestra visión, tomando el “ahora”  como idea para pensar en lo que uno puede hacer con lo que hay, y en el “aquí” de nuestros activos andares, para poder sintonizar con las arpas del universo. 


Al fin y al cabo, lo importante es no malgastar el tiempo y ponerse siempre en acción, pues si son muchas las necesidades humanitarias que nos reclaman, aún más todavía es dejarnos oír como protagonistas de la gran revolución de la clemencia y el servicio, resistiendo a todas las patologías del consumismo más absurdo y al individualismo más borreguil y superficial. Crear otros ambientes más humanos que los actuales requiere de tesón y familiaridad, alimentado todo ello por el aguante y la tolerancia. Como dice San Agustín: “Canta, pero continúa tu camino. No te vuelvas perezoso, canta para hacer el camino más agradable. Canta, pero sigue… Si progresas, continuarás tu viaje, pero asegúrate de que tu progreso sea en virtud, fe verdadera y vida recta. Canta entonces y sigue caminando”. Encantémonos, pues, coreando unidos esta inspiración, que todos tenemos nuestro tiempo y también hemos de tener nuestro espacio para hacerlo. Rubrico, en consecuencia, que el mundo habrá llegado al máximo de humanidad, cuando sus ciudadanos loen a la vida, diciendo menos y oyéndose más.





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