El Día de la Marmota

Amanezco en la cama de un hotel extremadamente viejo y antiguo. La habitación se viste con el polvo que baila alrededor de los primeros rayos de sol. La ventana deja ver los restos del que fue un día agotador: casetas, libros, escritores y lectores. Un radiodespertador comienza a emitir los primeros acordes de 'I Got You Babe', seguidos de las mismas bromas y risas enlatadas del día anterior. "Habéis vuelto a poner la misma canción de ayer", pienso y me incorporo recordando el botín que este año me ha dejado el Día del Libro. 


El pasillo del hotel está vacío, impregnado de la misma estética vetusta que lo inunda todo: las estancias, el personal y hasta las plantas de plástico. Antes de alcanzar las escaleras un señor orondo me detiene: "¿Será una primavera temprana?", atina a decir. "No juegue conmigo, gordinflón. Nos robaron la primavera", le advierto mientras le zarandeo. 


Un café doble no calma mi mal humor y decido pasear por la calle que ayer estaba repleta de escritores y lectores. Una cierta algarabía permanece. Los repartidores a destajo colman las aceras con lo que parecen más cajas de libros. ¿Estoy viviendo un déjà vu o la gente finalmente se ha echado a la lectura? Una multitud camina a paso acelerado, dicen ir al encuentro de Juan Manuel Gil, el gran escritor almeriense. Aún con mi café doble en la mano, detengo a una señora: "Disculpe, ¿a dónde va todo el mundo?". "A la Plaza Vieja. Es el Día del Libro", contesta. Imposible, pienso, eso ya ha ocurrido y añado sin mucha convicción: "Pero sigue siendo una vez al año, ¿no?".

 

Ficciones aparte, mañana es el Día del Libro. El segundo de este 2020. Sí, usted está leyendo bien. Es la oportunidad que nos brinda la pandemia para sentirnos como Bill Murray y vivir nuestro propio Día de la Marmota. Aunque este año, las letras se me antojan más atípicas, distópicas y apocalípticas. 



Si les digo la verdad, comencé a leer muy pronto. Puede decirse que fui una lectora precoz. Entonces, las lecturas venían impuestas por la biblioteca familiar. Ahora me he vuelto algo más metódica en lo que a libros se refiere, pero me sigo descubriendo en las páginas de algunos escritores. Viviendo primeras experiencias en plumas ajenas. Si el amor existe, debe de ser algo parecido a esto. 


Imagino mi propio Día de la Marmota repleto de libros, zambulléndome en una nueva historia cada día, retomando lecturas pendientes, viviendo un eterno déjà vu literario. El de mañana será un Día del Libro descafeinado y algo desubicado, pero no olviden visitar a sus libreros. ¿Volverá a sonar 'I Got You Babe'? Siempre nos quedarán los libros. 



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