El virus y los idiotas: A propósito de la exconsejera Clara Ponsatí

Antonio Casado
00:38 • 22 mar. 2020 / actualizado a las 07:00 • 22 mar. 2020

Hace unos días el molt honorable presidente de la Generalitat, Quim Torra, declaró que la Constitución no cura el virus. Valiente tontería. Es verdad. Pero menos lo cura la idiotez. Y mucho menos el odio de la exconsejera en el auto-destierro escocés, Clara Ponsatí, la desdichada autora del Clara Ponsati, autora del lamentable "De Madrid al cielo", que fue una forma de mofarse de las víctimas madrileñas del Covid-19.


 La idiotez, como el virus, no tiene fronteras. Y se contagia con singular eficacia a los más cercanos. A modo de prueba, véase las últimas declaraciones de los dirigentes independentistas contra la presencia del Ejército en Cataluña haciendo solidarias tareas de desinfección de estaciones y aeropuertos. Un concejal de la CUP, de cuyo nombre no quiero acordarme (Joan Coma, por si quieren saberlo), ha propuesto en las redes sociales recibir con escupitajos a los militares que vayan a echar una mano.


Mucho más sutil, académico y educado ha sido el consejero de Interior de la Generalitat, Miquel Bush, al declarar que menos desinfección y más cierre de fronteras para evitar la importación del patógeno a una Cataluña que, según él, es víctima de lo mal que hacen las cosas los demás. 



Todo lo cual encaja en la denuncia formulada por el expresidente del Gobierno, Felipe González en un artículo de prensa. Viene a decir el histórico dirigente socialista que si la Unión Europea no está a la altura de las circunstancias en la guerra contra el Covid-19, "seremos pasto para los populismos e irredentismos que galopan por nuestras realidades".


Nunca estuvo mejor documentada esta referencia de González a los irredentismos que galopan por nuestras realidades porque, más o menos al mismo tiempo, se estaba quejando públicamente el presidente de la Generalitat, Quim Torra, de la "confiscación de competencias" derivada del estado de alarma decretado por el Gobierno central. 



Con su protesta cercana al sollozo, Torra quiso marcar diferencias con el resto de las Comunidades tras la videoconferencia de todos con Moncloa. Y al no conseguirlo, pretendió ir de estupendo poniendo nombres distintos a lo que ya está haciendo el Gobierno de la Nación




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