Lo que necesitas es amor

Cuando contaba con solo doce años compré un disco llamado A single man, que acababa de editar un aparentemente elegante caballero – si nos fijamos en la portada – llamado Elton John. Recuerdo aún los esfuerzos por hacerle distinguir a mi abuela Eloísa, fan declarada del tigre de Gales, que ‘El Tom Jones’ de mi disco era otro. Entonces, escuchando Part-time love o Madness no podía imaginarme que brotaban de una mente tan genial como atormentada. Rápidamente me hice fan irredento de ese pequeño y extravagante personaje cuyo nombre real es Reginald Dwight y en pocos años, uno a uno, adquirí todos sus fabulosos trabajos de los 70.El pasado fin de semana disfruté y me emocioné con Rocketman, el biopic en forma de musical que nos cuenta su azarosa vida. Conocía detalles de su biografía pero no es lo mismo leerlos que reencontrarse con el personaje y viajar con él, con la ayuda de las geniales letras de su socio Bernie Taupin, el 50% de uno de los tándem compositivos más perfectos de la historia del rock y el único que en esa época lo apreció sinceramente. 


Para el gran público, Elton es ese personaje histriónico del inicio del film disfrazado de diablo rojo y rogando con la mirada la misma cantidad de cariño que de cocaína. Bajo esa cabeza portadora de sombreros mas estrafalarios que los de su propia reina se esconde una de las mentes musicalmente más perfectas que conozco.Hoy no es momento de glosar sus grandes discos - de algunos ya os he hablado y de otros hablaré – sino de recomendaros la película. Más de uno os sorprenderéis de cuantas melodías reconocéis y no os preocupéis por la cronología de las mismas porque, de forma tremendamente hábil, están colocadas en el momento en que las letras se adaptan mejor a los sucesos de su vida. Por eso, por ejemplo, una relativamente reciente I want love suena durante su niñez, época en la que comenzaron sus carencias afectivas.El aprendizaje, la constatación de su homosexualidad, su ascensión, sus múltiples adicciones, un intento de suicidio, la negación de su condición – llegando a casarse con una mujer, Renate Blauel, boda que recuerdo haber leído en un Diez Minutos de la época –, y su posterior renacimiento con Too low for zero, el disco que le devolvió la vida y a su medio-hermano Bernie, todo ello está relatado en una película que no ahorra detalles escabrosos. Si a Elton no le importa contarlos, a mi tampoco que aparezcan. 


El  ‘hombre-cohete’ debería ocupar, en mi opinión, un puesto mucho más alto del que ostenta en el Olimpo de los dioses del rock. Id a ver la película pero, por favor, escuchad sus discos.


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