Meter la gamba

El Bocaíto es un bar muy difícil para mí. Y eso a pesar de que está justo debajo de mi casa y de que desde la terraza puedo oler las gambas a la plancha. Somos vecinos pero, por alguna razón que desconozco, el dueño me tiene tirria, le caigo mal y rara vez me atiende cuando le pido una cerveza. Pasa de mí. Dice que lo siente pero que he llegado demasiado pronto, o que he llegado demasiado tarde, o que he llegado demasiado en medio, el caso es que pronuncia a cámara lenta esa temible frase que todos conocemos “la plancha está apagada”. El dueño del bar difícil no me quiere como cliente, es algo que he de aceptar (negación, ira, aceptación... me sé las fases del duelo). Nos cuesta aceptar que haya gente que no nos quiera en su vida. Pensamos que somos el centro de las barras y el centro de las relaciones de pareja. Y a veces no es así, el dueño de bar difícil no me necesita, siempre lo tiene lleno de gente, gente a la que quiere. Es una lástima porque hay que reconocer que el tío pone unas tapas estupendas. En las mesas que hay junto a mi portal veo las cabezas de las gambas sin chupar y pienso que qué desperdicio, así que, mientras abro la puerta para irme a casa, si los de la mesa se han ido a pagar, a hurtadillas las chupo en un pispás y me llevo la propina del platito. 

Las gambas son muy importantes en Almería, las gambas son lo máximo en la provincia de Almería. Si mis artículos gustaran tanto como las gambas, la gente me chuparía la cabeza al verme por la calle. Pelarle una gamba a tu chica o a tu chico es un acto de amor puro y limpio, un acto de amor en el que ofreces tus dedos a sabiendas de que no se te va a ir la peste de las uñas. Eso es el amor, que no te importe que te huelan los dedos a gamba aunque sepas que tarde o temprano esa persona dejará de quererte y a ti todavía te seguirán oliendo las manos. El amor duele y huele.


Tengo una amiga que es ilustradora y a veces me pregunta por wasap si se me ocurre alguna idea para un proyecto que le han encargado. Como a mí nunca se me ocurre nada, le mando el emoticono de una gamba. Eso no falla. En Almería una gamba no falla. Creo que yo soy como Buba, el amigo tonto de Forrest Gump, aquel que siempre hablaba de gambas. Hace poco estaba hablando con el escritor almeriense Miguel Ángel Muñoz sobre la importancia de las gambas y llegamos a la conclusión de que si en Almería hubiera un superhéroe, iría vestido de gamba y azotaría a los malhechores con sus bigotes, quizás llevaría una G de Garrucha en el pecho, el traje sería la hostia, sería rojo, por supuesto, y con capa, claro. Y todo el mundo lo querría, Supergamba nunca metería la pata con nadie. ¿Qué le habré hecho yo a ese hombre difícil? Me cachis en la mar. Mi padre tiene un barco.


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