Me lo voy creyendo

Paco se doctoró en Medicina, hizo el MIR y es un brillante especialista; tiene 3 hijos, dos son de su primera mujer. Fernando es soltero, y va por la tercera empresa que monta tras dos malas experiencias iniciales. Margarita se licenció en Derecho y aprobó unas complicadas oposiciones a Notaría; hoy tiene un prestigioso despacho; espera su primer hijo, que nacerá allá por abril. Todas estas personas son reales y hasta podría aportar su razón social -solo inventé los nombres-. Todas tienen algo en común: no llegan a los cuarenta años y, desde que nacieron, no han conocido otra cosa que el PSOE gobernando en Andalucía.


El régimen del PSOE se ha instalado en la Comunidad andaluza con una red clientelar que le ha propiciado una permanencia propia de latitudes más tórridas, cuyas gentes han sabido apreciar e interpretar el mensaje de “progreso” en la infecta persistencia de la paguica, la subvención y el clientelismo servil. 


Casi cuarenta años dan para mucho. Hay criaturas que han nacido, crecido y multiplicado durante el largo periodo de gobierno que se ha ido creciendo en sectarismo con el paso de los años. Sólo los palmeros y arribistas han tenido oportunidades, ayuda e impulso del socialismo que detentó todo el poder para convertirse en lo que siempre venían denostando: el cortijo. Ya saben, dime de qué presumes… 


Ha sido el socialismo, junto a la izquierda radical acomodada y el adaptativo y periclitado nacionalismo andaluz la casta menos progresista y más perniciosa para el verdadero y necesario progreso. Ya sé que me no falta quien dirá que hemos avanzado muchísimo desde finales de los setenta… y no te digo si referenciamos desde Don Pelayo o Viriato. El problema no está en la visión endogámica del acomodo en el regazo del poder para justificar las “modernizaciones” de Andalucía. También Baviera ha sido gobernada por la CSU durante 50 años; pero comparen el avance de Múnich o Núremberg (después de la destructiva II GM) con los “avances” de Jaén y Almería. Además, tengan en cuenta que el Plan Marshall aportó en términos relativos menos dinero que los 107 000 (ciento siete mil millones de euros) que ha recibido Andalucía de los fondos FEDER. 


Hoy, cuando ya me voy creyendo el cambio, recuerdo que en los ochenta voté al PSOE con la gran esperanza de ver crecer en libertad y progreso a mi Almería y a la Comunidad andaluza. Pero no me acompañó la maleable adaptabilidad a unas circunstancias en las que sólo veía una servil transmisión hacia los intereses del PSOE de Sevilla. Pasaban los años, y también las oportunidades, y los políticos de mi tierra sólo servían para silenciar el clamor de esas oportunidades perdidas y el agravio comparativo. Así las cosas, me declaré crítico activo aprovechando inolvidables soportes (Antena3 de Radio) para denunciar la pasividad en las infraestructuras. Aún recuerdo las iniciativas que me “condenaron” y me otorgaron el marchamo de “facha” al promover la “Burromarcha” y secundar la campaña “Almería sin salidas” para agilizar la llegada de las autovías a una tierra que tenía que llevar los productos de la agricultura por el puente de Rioja y la N-340. Y ya no les cuento con la A-92, Expo Universal… y tantas cuentas pendientes, mentiras, incumplimientos y, lo peor, la pérdida de oportunidades que no volverán y otros aprovecharon. Lo de Almería siempre ha sido una lucha en complaciente y humillante desventaja.


Aunque vaticiné los resultados de las elecciones, confieso que tuve mis reticencias al escenario que hoy se avizora. Ya sí creo que es posible terminar con este ciclo y abrir una nueva senda que discurra, sobre todo, por erradicar los errores cometidos. Esta oportunidad es histórica para que sea aprovechada con sensatez y amplia generosidad. Es preciso que los nuevos gobernantes sacrifiquen egos absurdos, ambiciones oportunistas y envidias improductivas para ganar el tiempo, dinero y esfuerzos perdidos en satrapías, privilegios y sectarismo. 


Es el tiempo de hacer verdad esa pretendida y sobrevalorada “vocación de servicio” que nos condujo a la cola de todos los posibles parámetros de progreso. Aquí y ahora nadie sobra, ni nadie es apestado por su ideología que, entendida en buena lid, deseo que aporte el trabajo y la inteligencia necesaria para que -ahora sí- Andalucía sea la primera región de Europa. Potencialidad para conseguirlo tenemos, ahí está nuestra geografía y sus recursos. Sólo falta que las personas con capacidad de hacerlo posible cumplan y me devuelvan la ilusión que una vez tuve, allá por los ochenta. Me lo voy creyendo. Esta vez, no me defrauden.            



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