¿Cambio? ¿Qué cambio?

El abuso de la discriminación positiva, el discurso políticamente correcto y la permisividad delincuencial por encima de la salvaguarda de los derechos del agredido (okupas, agresiones reincidentes, ilegalidades, abusos, agravios comparativos…), estas evidencias han supuesto evidente desazón entre la gente que observa cómo se acrecientan esos problemas con la inacción de los diferentes gobiernos que, como ocurre actualmente, apremian beneficios al último que llega. Este es el discurso de Vox. Y cabe preguntarse si, incorporando el riesgo de fractura y el denuesto de símbolos y tradiciones seculares, también sería un discurso aceptado por votantes que nada tienen que ver con el “fascismo”.    


De la noche a la mañana no aparecen en Andalucía casi cuatrocientas mil personas “fascistas” de la “extrema derecha”. El concepto de extremismo viene de los verdaderos radicales que anidan en la extrema izquierda. Para los comunistas y populistas de Podemos y confluencias, más de media España es de extrema derecha. Ellos colocan en donde les da la gana a los que se les antoja  y cuando les viene bien. Por tanto, temer que la extrema izquierda vaya etiquetando a la población no es motivo para perder el tiempo; siquiera molestarse, pues no ofende quien quiere sino quien puede.


La izquierda y la extrema izquierda lamentan que el Poniente almeriense sea un reducto de la “extrema derecha” por el gran apoyo otorgado a Vox. Y no faltan fetiches tardocomunistas  como Cristina Almeida justificando el éxito de Vox porque “esta gente de El Ejido que vota a la extrema derecha son los que se aprovechan de los inmigrantes maltirados (…) ya que ellos y sus hijos son incapaces de doblar la espalda si se les cae un tomate”. Así califica la extrema izquierda a las personas (casi siempre familias) que han logrado el milagro almeriense y que, con el haber de su hacienda, riesgo, esfuerzo y sacrificio salen adelante dando trabajo y riqueza a la provincia y a Andalucía… y quitando la mucha hambre que viene de África. 


Los votantes de Vox en El Ejido han confiado en alguien que dice que va poner orden en tanto desorden. Al empresario y al trabajador no les interesa la situación de ilegalidad, avalancha, incertidumbre y precariedad. Los votantes de El Ejido no eligen a Vox por racismo, xenofobia y todos los calificativos que dispensa con rabia de perdedor la extrema izquierda. El problema radica en la ausencia de soluciones para regular, legalizar y racionalizar. Es decir, gobernar y gestionar evitando los vacíos y desorden que no arregla la demagogia populista.  


Lo gracioso de la extrema izquierda, la que quiere destituir al Rey; la que pretende implantar a la brava una república; la que inspira el secesionismo de las regiones; la que afrenta a cierta fe y símbolos; la que fomenta la venta ilegal;  la que se entiende con etarras… y la que asegura que Madrid está más sucio porque ha bajado el precio del cartón que recogían los indigentes. No me digan que esta cosa es la que viene a calificar a los votantes de El Ejido como “horda de la extrema derecha”. Además, agitan a la población para protagonizar algaradas callejeras para revertir una democrática decisión que no gusta a la extrema izquierda. Es decir, invalidar lo que no se ajuste a los criterios de estos “demócratas progresistas”. Además, invitan a salir a la calle a luchar contra el “fascismo”. Interpretación de los que pretenden sofocar una decisión democrática con su particular visión de la libertad. Ahora imaginen a estos “demócratas” cuando los mismos zangolotinos saliesen a las calles protestando por el ascenso al poder de los perroflautas y el comunismo.   


Ahora va a resultar que el partido que se pasea con los etarras que secuestraron a Ortega Lara es más demócrata que el partido donde milita Ortega Lara. Lo dicho, en España los gorriones cazan escopetas.


No se producirá cambio alguno si C´s se hace apoyar por el PSOE, aunque sea con cambio de cromos -como ya lo hizo con Chaves y Griñán- sería persistir en lo mismo, pero  en formato tutelado con la regencia de una maquinaria aplastante que lograría destruir al iluso que ose meterse en esa trituradora.


El cambio está claro, y lo piden los ciudadanos en el bloque más apoyado, y por este orden: PP, C´s y Vox. Además, piden más sinceridad, valentía y soluciones. Pero este resultado nos brindará otro juego de estrategias y una interminable sesión de negociaciones con el típico paseo de sobacos ilustrados con las carpetas multicolor. Nada está decidido, y lo más sorprendente está por llegar. Cambio, lo que se dice cambio… ya veremos.          


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