Herencia tóxica

Cuando, a primeros de junio, Pedro Sánchez llegó a la Presidencia del Gobierno, muchos pensamos que se produciría un cambio de rumbo. No me refiero a la política de Estado sino a proyectos concretos que afectan a los almerienses. Concretamente, esperaba que la vinculación del presidente con Almería sirviera para hacerle llegar la necesidad de rectificar disparates politécnicos (o sea de políticos y técnicos al alimón) como el que se cernía sobre nuestro acceso ferroviario. 


 El prorrogado ejecutivo de Rajoy, que en 6 años y medio no puso un euro en el  AVE (al revés, tapió túneles que dejó hechos el de Zapatero) pactó con el Ayuntamiento cargarse el soterramiento aprobado en el 2011 por Almería Alta Velocidad.  Para distraer la atención, han ido troceando el Plan Especial del Sistema General Ferroviario con segregaciones lucrativas – torres de 15 pisos en lugar del Toblerone – y retales electoralistas: Parque de la Estación 2015, ensanche de Sierra Alhamilla ahora.  En ambas ocasiones se ha procedido a restaurar la pasarela sobre las vías. Señal inequívoca de que no hay la mínima intención de soterrar la Estación, porque nadie se gasta un dineral en arreglar algo que se debería desmantelar en un plazo corto. Mientras tanto ha ido tomando cuerpo la vieja ensoñación municipal de suprimir el paso a nivel de Puche, mediante un soterramiento de corto alcance. Sería una buena medida si no conllevase la interrupción del tránsito ferroviario por tiempo indefinido. 


 Porque si de algo estamos hartos es de obras que un día empezaron y no se sabe cuándo acabarán. Ya se habla de aprovechar el corte para seguir hasta la Estación (sin soterrar, por supuesto) haciendo tramos de alta velocidad que no están ni proyectados.  La capital gastronómica española 2019 se queda sin trenes para rato y Pacheco tan pancho. Cuando acudan los gourmets, encontrarán un apeadero de escasa capacidad y un autobús (baja maletas, sube maletas) para transbordar a la devaluada Intermodal.  ¿Alternativas? Tomar uno de los 18 taxis del Bajo Andarax, porque los 284 de la capital no pueden acudir a Huércal para tomar viajeros, desde que rompieron el acuerdo. O venir en uno de los aviones más caros de España, esa es otra. 


 La Plataforma en Defensa del Ferrocarril sostenía la opción de mantener el paso de trenes por una vía paralela, mientras se excava la zanja en Puche. Pero la prepotencia burocrática rechazó la solución con argumentos falsos y adjudicó la obra en abril.  Se anuncia para mediados de noviembre la mutilación ferroviaria, que sufrirán almerienses y visitantes a bordo de 2 talgos y 4 cercanías diarios. Si para ir a Sevilla hay que coger un autobús a Huércal y otro para seguir desde Granada, ¿eso es viajar en tren? Ábalos recibió una herencia tóxica y ahora se ve atrapado entre la urgencia de gestionar obras públicas ante las elecciones (Andalucía, municipales, autonómicas...) y la presión del PP para que adjudique las que el gobierno anterior dijo que haría. Y no sólo en vías férreas sino en carreteras: Si nadie lo impide, el Ministerio de Fomento puede gastarse 30 millones para nada, remodelando el enlace de la A-7 con la A-92, en dirección al centro de Almería, ¡sin eliminar la maldita rotonda de Viator! 





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