Una biblioteca para Florentino Castro

Una biblioteca para Florentino Castro
  • La nueva Biblioteca Municipal, en una imagen reciente.
  • La Voz
  • Rafael Lázaro / Fausto Romero / G. H. Guarch
  • 07:00
  • 16.05.2018
  • / actualizado a las 14:46
  • 16.05.2018

El siglo XX ha proporcionado a Almería dos grandes humanistas: el sacerdote José Tapia Garrido, conocido por el Padre Tapia, autor de importantes obras sobre nuestra provincia, y don Florentino Castro Guisasola, un verdadero sabio cuya aportación no ha sido suficientemente valorada, ya que falleció en los ya lejanos años cuarenta del siglo pasado, después de una corta aunque fructífera vida dedicada a la investigación en el campo de la historia y la filología.


 El profesor Castro Guisasola nació en Oviedo a finales del siglo diecinueve, allí realizó sus primeros estudios que más tarde continuaría en Madrid donde se licenció en Filosofía y Letras, y formó parte del Centro de Estudios Históricos bajo la dirección del egregio Menéndez Pidal


En 1920 obtuvo la cátedra de Filología Latina y obtuvo plaza en el Instituto de Enseñanza Media de Almería, tal vez buscando un aislado refugio donde emprender con sosiego la tarea investigadora que ya venía meditando.


Fue en Almería, manteniendo una continua relación a lo largo de los años con Menéndez Pidal, donde elaboró su tesis doctoral que más tarde se publicaría bajo el título ‘Observaciones sobre las fuentes literarias de la Celestina’, una obra que marcó época en su tiempo para la comprensión crítica de los orígenes de la novela de Rojas, que sigue siendo de obligada consulta para los investigadores sobre la materia. 


También fue pionero en el interés por la obra del Arcipreste de Hita que hasta aquel momento no había sido considerada en su justo valor, publicando numerosos artículos sobre ‘El libro del Buen Amor’ que obtuvieron una gran resonancia nacional e internacional.


Conocimiento de Almería Pero Florentino Castro Guisasola no sólo dedicó su tiempo y esfuerzo al conocimiento de las grandes obras de nuestra literatura, sino que, como un hombre que hizo suya la nueva tierra de adopción, se entregó plenamente al conocimiento de la que consideraba su nueva patria chica, Almería, hasta su desaparición en 1945, llevando a cabo numerosas investigaciones y publicaciones sobre variados y diversos temas, desde la antropología a la historia y la literatura locales, que despertaron gran interés y admiración por su profundo análisis, sus originalidad  y su profundidad, recogiendo la Almería del siglo XI en la que se mezcla la historia y la literatura de aquel siglo de Jairanes y Almotacines; un siglo de gran importancia en Almería, que se convirtió en refugio del saber y amparo de las artes y de las ciencias.


Su estudio sobre el Poema de Almería que concluye la crónica de Alfonso VII, es uno de los análisis más interesantes y profundos. El original, que estuvo durante mucho tiempo olvidado en la biblioteca de nuestra ciudad, vio la luz finalmente muchos años después de su fallecimiento, demostrando el profundo conocimiento filológico del autor, y su interés por hacer brillar en toda su belleza un poema que hasta entonces no había conseguido la especial relevancia para el conocimiento de la épica medieval, que el profesor Castro Guisasola supo demostrar.  


Polifacético interés Los numerosos y cultos artículos publicados en la prensa almeriense entre 1928 y 1935 demuestran el polifacético interés de Florentino Castro por cuanto guardaba relación con la historia, la literatura o las costumbres y tradiciones de nuestra tierra. 

A él se deben las primeras investigaciones sobre ‘Los Coloraos’ y la Mezquita Mayor. Suyos son numerosas aportaciones a la arqueología almeriense o el estudio sobre la llegada de la Virgen del Mar a nuestras costas. 


A él se debe una amplísima recopilación de canciones y juegos de los niños de Almería que publicó el Padre Tapia en 1973, y muchos otros trabajos que demuestran la labor investigadora y divulgativa del profesor Florentino Castro Guisasola, un verdadero sabio que dio esplendor y prestigio intelectual a nuestra ciudad, y que bien se merece ser recordado como nuestro más grande humanista del siglo XX. 


Por todo ello creemos que la nueva biblioteca municipal de nuestra ciudad debería llevar el nombre de alguien que supo poner en valor su historia y sus leyendas, eso demostraría además que los almerienses son siempre agradecidos con aquellos que aun siendo foráneos por nacimiento, llegan a demostrar su aprecio e interés por todo lo que concierne a esta provincia.  


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