El veneno de la Información

  • José Luis Masegosa
  • 15.04.2018

El periodista Javier Ortega pasó su adolescencia en Valencia, donde trabajó en una heladería hasta que el amor por el oficio le llevó a estudiar Periodismo en Ecuador, su país. Era el último de tres hermanos. Solo tenía 32 años y era una persona serena que nunca perdía la sonrisa contagiosa que aliñaba su rostro, según sus allegados Hace seis años que ejercía el periodismo en el diario El Comercio, especializado en  tribunales y temas de seguridad. Prestó cobertura a varios sucesos internacionales. Vivía para el Periodismo. Aficionado culé sentía pasión por el fútbol y le gustaba el cine y la lectura.


El fotoperiodista Paúl Rivas iba a cumplir 46 años el próximo día 25. Era padre de una hija de 15 años y tenía novia. Cambió la publicidad para jugar con la luz de las fotografías que captaba con su cámara, una actividad que heredó de su padre y que supo transmitir a su pequeña. Sensible y bromista, Paúl nunca supo decir no a las exigencias de su profesión en El Comercio, donde ha ejercido durante una veintena de años. Coleccionista de cámaras antiguas, era un profesional listo e intrépido que fue reconocido con el premio Jorge Mantilla Ortega en su propio diario y recibió también el prestigioso galardón Eugenio Espejo de la Unión Nacional de Periodistas de Quito por un fotorreportaje sobre las familias de personas desaparecidas.

Efraín Segarra, “Segarrita” entre sus compañeros, apenas había alcanzado los 60 años. Conductor de El Comercio desde hace tres lustros, tenía espíritu aventurero y un hijo periodista, su mayor orgullo, por lo que sentía el calor del oficio muy adentro, sobre todo por la fotografía. Sentía debilidad por los animales y por el fútbol.


A estos tres compañeros les unía un nexo común: su dedicación a conocer historias de la vida para darlas a conocer a los demás. Con diferentes tareas, su actividad era el Periodismo, una profesión peligrosa y comprometida para la que corren muy malos tiempos en todas partes y en todos los aspectos: desde el intrusismo  –hoy más vigente que nunca con - y la precariedad, a la integridad personal. A Javier, Paúl y Efraín los asesinaron los terroristas disidentes de las FARC ,el pasado viernes, tras 19 días de secuestro, cuando elaboraban un informe para su periódico sobre la violencia en la frontera de Ecuador y Colombia. Han sido los últimos profesionales asesinados, pero, desafortunadamente, no serán los definitivos. 


Ni el propio colectivo profesional, ni la sociedad a la que sirve son conocedores de las violaciones diarias y sistemáticas que sufren los comunicadores en todo el mundo. Cuando pergeño estas líneas un correo de Caddy Adzuba, periodista y compañera en Radio Okapi, la emisora de Naciones Unidas en la República Democrática del Congo, premio Julio Anguita Parrado del Sindicato de Periodistas de Andalucía, entre otras distinciones, me recuerda que en los últimos diez años dos compañeros de la emisora han sido asesinados a tiros y el director ha  muerto recientemente victima de un infarto, según la versión oficial. El “veneno” de la Información corre por las venas de muchos profesionales, pero mata sin piedad. 


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