La ética frente a la estética en fotografía

  • Miguel Ángel Blanco
  • 10.04.2018

No hay estética sin ética y viceversa, en cultura y arte, sobre todo a la hora de establecer una visión de la realidad, de cualquier realidad eminentemente social. Y cuando esa relación se resquebraja, o no se produce, ocurre lo que muestra la exposición “Prostitución. Retratos de una vida en la calle”, del fotógrafo Rubén García (Almería, 1975), en el Centro Andaluz de la Fotografía. 


Lo que ofrece la exposición no es lo que dice el título. Las imágenes no muestran ninguna vida en la calle. Son retratos de desnudos de ese mundo, situados frontalmente frente al espectador. Estética de la provocación, por su frialdad y mirada directa de una realidad encarcelada. Son imágenes con una puesta en escena como si fueran fotos de estudio, de poses, en un blanco y negro forzado, que ha dejado fuera la realidad de la prostitución callejera y la droga que envuelve a los personajes, que es lo que hubiera dado la verdad a la exposición, desde una naturalidad que está ausente. No hay denuncia ni visión crítica.


Eso sí, la exposición no deja indiferente, las miradas de las prostitutas y otros personajes masculinos retratados, desde su crudeza, con cuerpos desnudos que podrían ser también de personas adultas ajenas a la prostitución, desprenden frialdad. 

Y aquí es donde entra el dilema, una propuesta de debate y reflexión critica sobre una exposición que puede resultar también artificial. Una realidad construida para sorprender y provocar. 


Al espectador sólo le quedan dos salidas: quedarse atrapado en estas imágenes carcelarias o escapar. Pocas vías quedan para la imaginación creativa y las emociones.

Dentro de este desfile de desnudos en el mundo de la Prostitución, sin embargo lo que más directamente atrapa, con más verdad y crudeza, es la imagen del rostro de una prostituta, que anuncia la exposición.

 Una mirada, solo el rostro, ausente el cuerpo desnudo en este caso, donde la tragedia encerrada en el personaje muestra su verdad. Posiblemente es la única fotografía-retrato que da sentido a la exposición.


El mundo de la prostitución y su entorno social es un campo de atracción para la fotografía. Y es compleja la mirada de cualquier fotógrafo que contemple ese mundo, desde lejos o en la cercanía. Cartier-Bresson (1908-2004) entró en este mundo en su observación viajera. Mayor crudeza está en la obra de García Alix (León, 1956) y su visión de los ochenta, en torno a la droga y la crudeza de unos personajes que han sido víctimas de su tiempo, aunque en la mirada de García Alix no hay artificialidad.


El recorrido de Rubén García es acertado al entrar en ese mundo de la prostitución, hay un compromiso que es innegable, no lo ha contemplado desde fuera. Es su primer paso. Pero ha despojado a los personajes de su propio territorio. Al final, ha montado una escenificación teatral y ha convertido a los protagonistas de cada fotografía en actores del momento despojados de su dignidad interior. Dramáticos y trágicos, procedentes de un entorno que no está en las fotografías. Y eso convierte a esta exposición en una ruta equivocada, donde ética y estética no van de la mano. Las imágenes en general no conmueven y a veces provocan el efecto contrario que buscan. Creo que la ética ha sido marginada. Y en mi opinión éste ha sido el gran error del fotógrafo.


Claro que si la pretensión de Rubén García, en este caso, es la mirada que muestra en la exposición, entonces no hay nada más que hablar.


últimas de opinión


newsletter


  • BOLETÍN
    DE NOTICIAS
    Las noticias que debes conocer a primera hora en tu bandeja de entrada RECIBIR
    • BOLETÍN
      DE NOTICIAS
    • Las noticias que debes conocer a primera hora en tu bandeja de entrada

    • RECIBIR