La boda de Maroto

“Algo debe tener esta ley cuando otras naciones más desarrolladas que la nuestra se interesan por ella”

Kayros
01:00 • 30 dic. 2016

No todo fue malo en los dos  mandatos de Rodríguez  Zapatero. En medio de la crisis mundial del capitalismos hubo en España dos leyes que denotan la sensibilidad social en línea con los países más avanzados; una fue la ley de dependencia, la otra la ley del matrimonio homosexual que sacaba del infierno a mucha gente. El PP se lanzó en tromba al cuello del leonés hasta el punto de hacer creer que el socialista nato era Rajoy. Con motivo del décimo aniversario de estas dos leyes se están abriendo las hemerotecas y vale la pena lo que estamos aprendiendo. Para empezar el partido conservador ha batido en este tiempo todos los records del fariseísmo acomodaticio. Un caso muy significativo lo tendríamos en la boda de Maroto donde dicen que  bajo los campaneos asistió en plan festivo  toda la plana mayor del partido. Los dirigentes de Génova se dieron un baño de progresismo social envueltos en la alegría de una boda gay como Dios manda contra la cual no habían hecho otra cosa que protestar en nombre de un acendrado catolicismo. Como ocurrió también con la ley del divorcio algunos conservadores demasiado estrictos se lanzaron como  panteras a descolgarse pronto de la honesta y sufrida esposa para cambiarla por otra más joven y nada gazmoña. Se ha dicho estos días que el PP tiene dos almas. Esta es la angustia  que saca a relucir Aznar cuando se queja de las desviaciones doctrinales y tácticas de su partido. Una prueba de lo que pensaba la mayoría sobre el matrimonio homosexual   la tenemos en la señora Botella quien se ha hecho famosa por sus metáforas fruteras de manzanas y peras. El matrimonio. afirma la  exalcaldesa de Madrid, lo hacen mujer y hombre, no personas del mismo sexo. Y no estaba sola en esta apreciación. Detrás de ella aparecen señoras que salen de misa, obispos que jamás salieron a la calle a protestar de nada y una multitud ya mayor que se supone votante del Partido Popular contra viento y marea. No estamos negando el  derecho a manifestarse. Lo que nos parece mal es este doble rasero moral. La ley de Zapatero es buena cuando nos toca de cerca. Es perversa cuando estamos lejos de sus posibles consecuencias. Algo interesante debe tener esta ley cuando otras naciones mucho  más desarrolladas que la nuestra se interesan por ella.







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