Peregrinos del celuloide Aficionados visitan Almería tras los pasos del ‘spaghetti western’

Casi cincuenta años después del apogeo del western europeo en Almería, aficionados de todo el mundo regresan a los escenarios en los que cineastas como Sergio Leone cristalizaron sus obras maestras. Se trata de una especie de peregrinación al lugar sagrado, al universo donde un puñado de descarados directores enseñaron a la cinematografía internacional que el salvaje Oeste no sólo se encontraba en Estados Unidos.

El western tenía su espacio en Europa, y Almería representaba su hábitat perfecto. La aridez de Tabernas y el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, el dramatismo del paisaje, la luminosidad desbordante y la belleza desoladora, abstracta y veraz de las ramblas se convirtieron en una seña de identidad y sello de garantía de las mejores películas del western europeo.

Cada vez son más los aficionados que impulsados por la curiosidad cinéfila de descubrir las localizaciones de sus películas preferidas viajan hasta Almería para perderse en el magnetismo de sus paisajes. En  estos días, un grupo de apasionados del western ha recorrido la provincia para evocar sueños de película. Han establecido el campamento en el complejo La Minilla, que regenta Manuel Hernández, de la pedanía nijareña Los Albaricoques.  

Proceden de Italia, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania..., y hay otros miembros de Japón, Corea, Nueva Zelanda, Austria..., que este año no han podido venir. Además de disfrutar de los escenarios naturales almerienses, ruedan westerns amateurs que ellos mismos protagonizan. 

Alma de niños
Todos comparten una pasión desmesurada por Almería que gravita lo irracional. Mario Marsili, italiano que vive en Arizona, la ‘otra’ Almería del cine, es uno de estos forofos y, en cierto modo, pionero de esta variante turística. Llegó por primera vez en 1999.

Sin gps y con mapa de papel, hoy extinguidos, recorrió algunos de los lugares más representativos de la Almería cinematográfica. Y cómo engancha esa experiencia. Las sensaciones que se experimentan cuando se pisa la tierra de una emblemática localización son indescriptibles y provocan que año tras año regrese para vivir la misma aventura, pero con ilusiones renovadas.     

En este grupo de amigos se mezclan culturas muy dispares: la germana, anglosajona, mediterránea..., pero encuentran su nexo en “el alma de una película del western europeo que nos hace pensar como jóvenes, nos traslada en el tiempo y volvemos a ser niños jugando”. Ahí estriba el anhelo compartido, en la idea de “seguir siendo niños y jugar”.

Marsili y sus amigos han sido testigos de los cambios, aún tímidos, en favor de la promoción y la recuperación de la memoria cinematográfica en Almería. Reconoce que acciones como el cambio del nombre de las calles de Los Albaricoques, que han pasado a llamarse Clint Eastwood, Sergio Leone o Lee Van Cleef,  “es un éxito que va más allá de lo que pensábamos, un reconocimiento público para esta rica historia internacional”.  

Arizona
Marsili confirma la opinión de muchos cineastas que han rodado westerns en Almería al asegurar que su paisaje se asemeja al de Arizona, “esa ha sido la puerta del éxito. La naturaleza lo ha querido así. Es vuestra gran fortuna”.
Ante ‘Exodus’, aunque no pertenece al western, género que marca sus vidas, reconoce que a él y sus amigos les hace “inmensamente felices que aún se puedan hacer grandes películas en Almería”. 

El cine es capaz de generar estas historias, propiciar un encuentro entre adultos de todo el mundo para que, como se dice en un fragmento de ‘La muerte tenía un precio’, jueguen como niños. Almería representa el vínculo físico que hilvana los sentimientos de este puñado de soñadores.




 

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