La galería almeriense que acoge una novedosa exposición de arte digital

Hasta mediados de julio puede visitarse una muestra del colectivo Darth en la Sala Kokoro

Detalle de tres de las obras expuestas y vistas de los monitores en la Sala Kokoro.
Detalle de tres de las obras expuestas y vistas de los monitores en la Sala Kokoro.
Evaristo Martínez
16:28 • 03 jul. 2023

Tres pantallas por las que van desfilando, en intervalos de unos 20 segundos, hasta más de 400 obras, todas creadas por artistas anónimos. Obras que a través de un código QR el visitante puede adquirir y llevarse hasta su casa. De forma virtual, claro, pero con la tecnología que garantiza que esa creación es única y certifica su autenticidad.



Bajo esa premisa, la Sala Kokoro Arte y Moda (Martínez Campos, 10, Almería), que regenta Carmina Soler, presentó a finales de abril 'Digital Arts & NFTS. La nueva frontera del arte', una exposición comisariada por Francisco Ureña que alberga las creaciones del Colectivo Darth, integrado por ocho artistas internacionales de los que se desconoce su identidad: cada uno está representado en la muestra a través de un avatar.



La exposición, que ha tenido una gran acogida, aún puede visitarse hasta el 12 de julio cuando la galería presentará otra exposición. 



Todas las obras que forman parte de 'La nueva frontera del arte' han nacido en el entorno digital. Y que no tengan un soporte físico no significa que se puedan copiar o 'piratear', al contrario: gracias a los NFTs (siglas de 'non fungible tokens', o 'unidad de valor no fungible'), un certificado digital garantiza su autenticidad a través de la tecnología blockchain o cadena de bloques.



"Esto supone una revolución en la economía de los creadores, permitiendo a los autores que vuelvan a retomar el control sobre la monetización de su obra, gracias a nuevos modelos de negocio, libertad creativa y control", explica Ureña. Así, para el comisario de la muestra, nunca antes vista en Almería, los NFTs son "el medio", mientras que la obra es "el fin". 




Las creaciones de los ocho artistas van desfilando por las pantallas de forma cíclica. "Es una forma de reflexionar sobre lo rápido que va todo hoy y el poco valor que le damos a las cosas", apunta.



No todas pueden comprarse, pero hay muchas que pueden adquirirse: los precios pueden ir de los 300 a los 600 euros y cuando hay una venta, la mitad de lo recaudado se destina para una ONG.


Una vez adquirida la obra de arte en cuestión, el propietario la almacena de forma virtual en una especie de cartera: ahí se recoge toda la información necesaria, además de la certificación de que se trata de una obra única por si en el futuro quisiera venderla a otro comprador. Gracias a la tecnología de bloques, cada bloque enlaza con un anterior, que recoge las fechas y datos de las transacciones.


"El contenido es totalmente propiedad del creador y depende de él cómo distribuirlo, monetizarlo y qué derechos ceder a sus coleccionistas. Su comunidad es quien determina el valor de unos contenidos nativos digitales, y por tanto, portátiles y susceptibles de moverse a través de cualquier plataforma", explica el comisario.


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