Guantazos para Alain Delon: la tarde de Feria en la que el actor acabó detenido

El galán francés protagonizó un altercado en la Plaza de Toros

El actor francés Alain Delon.
El actor francés Alain Delon. La Voz

Alain Delon se pasó de listo y la Policía, que no se lo pensaba dos veces, le pegó “una guantá” porque el gabacho, acompañado de Anthony Quinn, se empeñó en pasar al tendido 3 en plena corrida, la Policía, lógicamente, no lo dejó, el divo no se avino a razones y la pareja de uniformados pensó que la letra, con sangre, entra. Delon y sus acompañantes acabaron en la comisaría de la calle Arapiles pero afortunadamente la sangre no llegó al rio.


Y, mientras, ajenos a la desgracia de su compañero chuleta, en la barrera del 4, Charles Bronson, Jason Robards y La Flaca disfrutaban de la corrida, junto a Fernando Lamas y Esther Williams en la contrabarrera, como antes lo habían hecho Raquel Welch y Tom Gries, emocionados ante el debut como novillero de su paisano Henry Higgins- ¡Dios, qué paliza le dio el novillo al pobre “guiri”! -alternando esta tarde con Vaquerito y Pedruelo. 


Porque en los años sesenta, Almería era Hollywood y lo mismo se tomaba usted una cerveza junto a Marcello Mastroniani -vestido de blanco y teñido de panocha- en la terraza del Costasol, que le ayudaba a subirse al caballo a Brigitte Bardott, que le daba un duro a Claudia Cardinale en la cuestación del cáncer, que oía los ensayos del “Strawberry Fields” que John Lennon y Ringo Starr componían en Almería, mientras el primero hacía la guerra a las órdenes de Richard Lester, qué podía usted tomar café en el kiosko del 18 de julio con el doctor Domingo Artés, Anthony Quinn y Anthony Quayle, antes de irse a la plaza para ver a Paco Camino, El Viti y José Fuentes -la corrida de la apoteosis, de las 12 orejas y 4 rabos -Curro Romero, Antonio Ordóñez, Diego Puerta, Fermín Murillo, Julio Aparicio, Jaime Ostos, El Cordobés, Juanito Gimeno y El Platanito- émulos taurinos de los Beatles y de Sansón- Antoñete, Alfredo Leal, los Girón, Joselito Huertas, El Puri...



Todavía no se había instalado el Observatorio de Calar Alto, pero ya entonces había en Almería más estrellas que en ninguna otra parte del mundo. Estrellas de carne y hueso, estrellas del cine y de los toros que se admiraban recíprocamente en directo, y a las que usted podía elegir entre verlas en el cine o en la plaza o, simplemente, tomándose unos vinos en Casa Puga, en el Imperial, en el kiosko Amalia o en el Club de Mar...o- a las estrellas taurinas me refiero- toreando o llevadas a hombros hasta el hotel Simón entre los coches- muchos de ellos de caballos- que subían y bajaban el Paseo en un desfile en el que, esas estrellas oficiales, quedaban eclipsadas por las guapísimas mujeres de Almería vestidas de gitana y luciendo sus mantones de Manila y madroñeras, y a las que intentábamos convencer luego para que vinieran al guateque de turno- a ser posible, en plena beatlemanía, con algún pasodoble taurino para bailar agarrado- o ir juntos a las cenas de la Alcazaba o de la Terraza del Casino o del Club de Mar o que nos acompañara hasta “El 120” a pedirle un autógrafo a El Cordobés mientras se cenaba unos huevos fritos con su cuadrilla o, al fin, irnos juntos a la noria, el tren del Miedo y los coches de choque de la feria del parque. En los años sesenta, el cielo era más oscuro.


Porque las estrellas estaban en la tierra y, casi todas, en Almería. Almería en los años sesenta, era una Fiesta: la Fiesta de las estrellas.




 

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