“En Facebook todo el mundo anda buscando la felicidad y eso es imposible”

Francisco tiene una carnicería. La música, la literatura y la pintura son sus pasiones

Francisco Pérez delante del teclado del que se ‘enamoró’ hace diez años en una tienda de música.
Francisco Pérez delante del teclado del que se ‘enamoró’ hace diez años en una tienda de música. La Voz

- ¿Cuándo decidió abrir su propio negocio?

Fue en 2014, pero antes trabajé 5 años de conductor de autobuses, también trabajé en un supermercado, y en mis ratos libres salía a pasear por el campo con mis padres. Esto sí que es bonito.


- ¿A qué hora comienza su jornada?

A las 7 de la madrugada y no abro por la tarde.



- ¿Cuál es la primera música que suena en su local?

Llego en paz. Mientras trabajo me gusta escuchar a Chopin y a Beethoven... filósofos; a veces escucho audios de libros de Benedetti, Gabriel García Márquez y al terapeuta y escritor Jorge Bucay, me gusta mucho.


- Dígame un pensamiento de Bucay.

Bucay contó que sus padres eran muy pobres y no tenían para juguetes, pero siempre que él pedía un libro, su padre se buscaba la vida para comprárselo.


- Escuchar y leer.

Yo estudié hasta tercero de BUP. Me parece que sería muy necesario que la gente se dedicara a leer y no querer conocer a los demás, porque a veces te preguntas a ti mismo y no sabes quién eres en realidad, y así nos va.


- ¿Qué otros artistas suenan mientras trabaja?

Algunas veces pongo bajito a Queen y a Elvis Presley, su canción 'Suspicius Minds' la pongo mucho, tiene un directo impresionante. 


- Esa canción dice que 'estamos atrapados en una trampa', ¿La vida es así, trabajar y descansar para estar fuerte al día siguiente?

Absolutamente. El mundo vive una necesidad que no es tal. Nos creamos unas necesidades nuevas que nos hacen vivir de un modo artificial. Hablo de los móviles, y en Facebook todo el mundo anda buscando la felicidad. Eso es imposible. Cuanto más necesitemos más esclavos seremos.


- ¿Se le hace rutinario su trabajo?

Se me hace complicado entender a la gente pero mi trabajo no me aburre. La gente está muy centrada en crear patrimonio, en consumir; las mismas marcas de alimentación te crean nuevas necesidades.


- ¿Cómo apareció el teclado musical en su vida?

De casualidad. Hace diez años lo compré en Granada, yo soy de allí. Lo vi en una tienda de música, es un Yamaha precioso. Lo probé un día en mi casa y lo guardé. Hace un año lo instalé en mi salón y me he puesto a tocar con tutoriales de Internet, con mucho cariño y pasión, hasta el punto de que forma parte de mi estabilidad emocional. Soy muy solitario y me expreso con la música.


- ¿Qué piezas interpreta?

Algunos nocturnos de Chopin y Beethoven. Me siento a los teclados, me pongo una copa de vino y todo empieza a fluir.


- ¿Comparte su música?

Tengo clientes que son músicos y con ellos mido mi capacidad, teniendo en cuenta que soy aficionado. El que es músico no ve mis fallos sino mi virtud.


- ¿La gente sabe comprar?

La gente sabía comer antes mejor que ahora. Se saben dos platos de delicatessen y creen conocer la cocina. En cambio le pones una pieza de ternera y no saben cómo se llama. Hace 35 años el cliente sabía igual que el carnicero. Hoy se sabe de números, de Internet; de esas necesidades que, antes no hacían falta, porque la gente era mucho más feliz que ahora.


- ¿Qué me dice de los jóvenes?

La gente joven cree que los filetes de pollo se hacen por impresora (se ríe). Deshuesas el pollo y cuando lo ven, te dicen: 'si lo que yo quiero es pechuga', ya, pero la pechuga sale del pollo; les digo (se ríe).


- En la Roma Imperial la pechuga y la gallina eran muy consumidos, ¿lo siguen siendo?

El pollo, sí, la pechuga sobre todo. Curiosamente las alas y los muslos no tanto.


- ¿Qué ha ocurrido?

No lo sé, yo me he quedado en los 80, como en la música. Esta etapa en la alimentación no la entiendo.


- ¿Ha tenido que decidirse entre lo que le gusta y le conviene?

Sí, aunque todavía es pronto. A mí me ha gustado siempre la carnicería, el corte del jamón y su decoración me parecen algo muy bonito.


- Su mujer también tiene una afición.

Ella está terminando un puzzle de 5.000 piezas y pronto vamos a comprar uno de 20.000. Es bueno que todo el mundo tenga una afición. Quien no tiene una afición es que no se conoce a sí mismo.


- Pues a buscar tiempo.

La vida se compone de tiempo y emociones. Las emociones se pueden dividir en amor, odio o lo que sea. El tiempo tiene un principio y un fin. ¡Tú verás lo que haces mientras!

 

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