Motín y asesinato en el bergantín Liberto frente a Almería

El autor relata el episodio del Liberto, ocurrido en el último tercio del siglo XIX

el bergantín era un barco de dos palos. Como este de la imagen era el Liberto.
el bergantín era un barco de dos palos. Como este de la imagen era el Liberto. La Voz

Nos encontramos en la noche del 26 de diciembre de 1876. Un bergantín de nombre Liberto navega frente a la bahía de Almería, entre Cabo de Gata y Roquetas. Transporta una carga de sal desde Torrevieja. Se trataba de un barco de cabotaje con dos palos. Llevaba un total de seis tripulantes, incluido el capitán.


El capitán, José Agramunt y Figueroa, era un gallego natural de Corcubión, de 43 años. Era un hombre enérgico y fuerte, con experiencia en la mar de más de veinte años de navegación.


En esa fatídica noche y frente a nuestra costa la tripulación se amotinó. Estaba compuesta, además del capitán, por Diego Rodríguez, contramaestre, y los marineros Domingo Luzárraga, Teodoro Vidal, Manuel Otero y Florencio Vieites.


El inductor fue Domingo Luzárraga convenciendo a los demás. El motivo del motín fue, según declaró después Luzárraga, que el “capitán le escatimaba la galleta”, es decir que los mataba de hambre, aunque parece ser que el motivo real era apoderarse del barco y su cargamento y venderlo.



Asalto al camarote

Los cuatro marineros decidieron darle conocimiento al contramaestre, Diego Rodríguez, el cual asintió bajo promesa de recibir su parte de la venta. 


Mientras el contramaestre estaba al timón y el capitán estaba durmiendo en su camarote, entraron sigilosamente Luzárraga con los marineros Vidal y Otero, quedando Vieites cerca de la puerta armado con un hacha.


Tras entrar los tres en el camarote vieron que el capitán seguía durmiendo y Luzárraga le dio dos tiros en la cabeza. A pesar de la gravedad de las heridas y tener los ojos cubiertos de sangre el capitán, hombre fuerte y decidido, consiguió levantarse y dirigirse hacia la mesa en busca de su revólver.


Al no encontrarlo y a pesar de la oscuridad de la noche, con gran valor y energía salió a tientas dando tumbos hacia la cubierta dando grandes gritos y nada más alcanzarla, Vieites que estaba con el hacha preparado le dio un tremendo golpe en la espalda que lo arrojó al suelo, aunque no le produjo herida cortante al manejarla de lado con la precipitación. Al caer al suelo se libró de otro disparo que le hizo Luzárraga y que fue a darle al que manejaba el hacha, Vieites.


El capitán se defiende

El capitán se puso en pie como pudo se hizo con un remo y arremetió ensangrentado contra tres de los amotinados, Vidal, Otero y Vieitas, recibiendo en la oscuridad un nuevo disparo en el labio.


Entre grandes voces y aullidos el capitán les hizo huir y se refugiaron dos marineros con el herido en el rancho de proa. ¿Pero dónde estaban los demás?.  Luzárraga, el cabecilla, había quedado aislado y el capitán lo amenazó e hizo que se uniera a él. ¿Y el contramaestre? Cuando vio lo que vio, abandonó el timón y trepó a la cofa del palo mayor, (a lo más alto que pudo). 


Con ayuda de Luzárraga clavaron la puerta de donde estaban los otros refugiados, mientras el contramaestre volvía al timón y el capitán le ordenaba poner rumbo a Almería. 


Prisión en calle Real

Llegaron en la mañana del día 27 y el capitán pidió ayuda a las autoridades. Al abrir el rancho de proa, donde se habían refugiado y después retenidos los tres marineros, se encontraron con que Vieitas estaba muerto debido al disparo que le hirió gravemente cuando derribó al capitán. 


El capitán fue trasladado al hospital de Santa María Magdalena, donde a pesar de las atenciones fallecería el 5 de enero debido a la gravedad de las heridas que había recibido. Todos los marineros, incluido el contramaestre, fueron llevados a la prisión, que estaba en la calle Real.


Trasladados al penal de la Carraca, en San Fernando, durante la instrucción del proceso falleció en el penal el contramaestre Diego Rodríguez de muerte natural, se supone. 


El 28 de enero de 1878, poco más de un año después del motín, tuvo lugar el Consejo de Guerra en San Fernando. La sentencia condenó a Luzárraga y a Vidal a cadena perpetua y a Otero, el contramaestre, a 4 años y un día de prisión. 


Condena a garrote vil

Recurrida la sentencia fueron condenados los tres marineros a la pena de muerte a garrote vil y a indemnizar con 5.000 pesetas a partes iguales a la madre del capitán, ya que al ser soltero no tenía otros herederos.


Para dar cumplimento a la sentencia de muerte los tres condenados fueron trasladados de nuevo a Almería en el vapor de guerra Liniers, llegando en la noche del 17 de octubre de 1878. Eran las ocho de la mañana de un viernes, 25 de octubre de 1878, cuando fueron subidos en un carro ayudados por varios Caballeros Hospitalarios. 


La ejecución

El patíbulo se había levantado en el lugar conocido como Tiro al Blanco, detrás de la fábrica del gas, en la zona que hoy se conoce como playa de Las Almadrabillas. Ante la presencia de unas tres mil personas fueron ejecutados dándoles garrote, también llamado por el pueblo “garrote al palo”, por el palo que hay detrás de la argolla.


Los tres cadáveres estuvieron expuestos al público hasta las cuatro y media de la tarde, por donde pasaron cientos de personas.

 

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