Cine y Covid-19: La moda de las películas de catástrofes y sus paralelismos

Realidad y ficción se mezclan en algunas situaciones inverosímiles de esta crisis sanitaria

Contagio es una de las películas más aclamadas de las plataformas digitales.
Contagio es una de las películas más aclamadas de las plataformas digitales. La Voz

Si existe un género cinematográfico en boga actualmente, debido al Covid-19, qué duda cabe de que este es el de catástrofes. Género cuyo gran auge comenzó con Aeropuerto (1970) de George Seaton, basada en el best seller de Arthur Hailey y en la que aparecen representados todos los tópicos del mismo. Este cine es uno de los más aclamados por el gran público, con frecuentes películas y series de gran presupuesto. En la actualidad, norteamericanos como Steven Soderbergh (Contagio), surcoreanos como Yeon Sang-ho (Tren a Busan) o españoles como Juan Carlos Fresnadillo (28 Semanas Después), hacen su particular agosto en plataformas de streaming como Netflix, Amazon Prime o YouTube.


Aunque hemos de reconocer que de las últimas creaciones sobre plagas y virus, algunas cintas se asemejan en muchos aspectos a las situaciones vividas durante la crisis del Covid-19, se imponen las diferencias manifiestas entre realidad y ficción.


En general podríamos decir que el hombre ha errado, generalmente, en sus previsiones, especialmente en lo que a la ciencia-ficción se refiere, pero quizás sea en este cine donde el fracaso predictivo sea más evidente, pues de las grandes ciudades futuristas imaginadas de coches voladores en infinidad de películas y series, nada hay.


No deja de llamar la atención que, en estos films, los héroes que salvan al mundo no sean los médicos, ni sanitarios, ni cuerpos de seguridad y ni demás elementos de la sociedad, trabajando unidos por el bien común, sino que sean seres solitarios y anti sociales. Podemos distinguir dos tipos de salvadores.




Por un lado está el clásico guaperas, tipo Brad Pitt, individualista que al margen de gobiernos, policías y ejércitos, sortea mil vicisitudes para llegar a tiempo con el antídoto, desactivar la bomba en le último segundo o zurrarle la badana a los malos. Este tipo, invariablemente ha de ser portador de un torso esculpido en gimnasio que mostrará a las primeras de cambio y que, por muy apurada que sea la situación, encontrará la ocasión de quitarse la camiseta. Poseedor de un irresistible sex-appeal, la aventura siempre dará lugar a un romance. Ya puedas tener al virus saliéndose del tupper de la ensaladilla encima de la mesa de la cocina, a dos hambrientos tiburones blancos en el inundado sótano, a una escuadrilla de zombis aporreando la puerta del garaje o una nave alienígena en el terrado, que tú follas, fijo. También, como decía José Agustín Goytisolo en Palabras para Julia, tendrás amigos. Eso sí, como este sea negro, chino, gay o gordo, la palma,  seguro. No se salva ni de coña.


Científico visionario
Por otro lado, tendríamos al científico que da con la solución y descubre el antídoto. Invariablemente, con anterioridad ha sido expulsado con mofa de la comunidad científica por vislumbrar la catástrofe antes que nadie con sus sorprendentes teorías. Por lo que ahora vive sin afeitarse ni peinarse, ataviado permanentemente con un batín a cuadros y acompañado de un perro que le avisa cuando se acerca alguien, en una solitaria isla o aldea, preferiblemente con silueta de volcán al fondo. En algunos casos, como Igor en El Jovencito Frankenstein, el científico cuenta con un sirviente, que le ayuda a robar cadáveres.


Pero si existe una predicción en la que el cine catastrofista hollywoodense ha fracasado de todas todas, ha sido con el papel desempeñado por su presidente en una crisis de tan magnas características. El presidente de los Estados Unidos, en este tipo de films, es inexorablemente una persona prudente, sabia y extremadamente reflexiva, que sabe elegir la opción más adecuada para el bien de su pueblo, su país y de la humanidad. Actitud, esta, diametralmente opuesta a la adoptada por Donald Trump, cuya más que demente actitud no viene a significar otra cosa que lo primero es el dólar y al pueblo que le follen.


Sorprendente resulta la noticia de miles de estadounidenses comprando armas de fuego por la crisis del coronavirus Covid-19 ante el temor de que la emergencia desate el caos y el descontrol social. A veces realidad y ficción se dan la mano, como en un capítulo  Los Simpson, en el que el jefe de policía Clancy Wiggum dispara indiscriminadamente contra unos gérmenes que se esparcen sobre Springfield.


En el caso de los estadounidenses, más que el miedo ante el virus, parece primar el deseo de disparar contra quien se ponga por delante en una suerte de Apocalipsis que tantas veces han vislumbrado a través de la gran pantalla. Una vez más, la ficción influye en la realidad.

 

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