Se detuvo el tiempo

Manuel García Ruiz desapareció en un campo de exterminio

Imagen del reloj de Manuel García Ruiz que se paró para siempre un día de 1944. Foto de Juanfra Colomina.
Imagen del reloj de Manuel García Ruiz que se paró para siempre un día de 1944. Foto de Juanfra Colomina.

“Decía que los relojes asesinan el tiempo. Él dijo que el tiempo está muerto mientras es recontado por el tictac de las ruedecillas; solo al detenerse el reloj vuelve el tiempo a la vida”. Esta frase, de "El ruido y la furia” de William Faulkner, bien valdría para contar la pequeña historia de nuestro protagonista, del que nos queda solamente un reloj. 


Manuel García Ruiz

A Manuel García Ruiz no lo mató un reloj pero sí el tiempo, el que transcurrió en el campo de concentración de Neuengamme, en el corazón de la Hamburgo nazi. No tenemos muchos datos de este almeriense desaparecido en la tormenta de la II Guerra Mundial. Su madre, Juana Ruiz, lo trajo al mundo un 2 de agosto de 1913 en Vélez-Blanco. Alrededor de 1933-34 se casó con Justina, con la tuvo un hijo. No sabemos qué pasó con Manuel durante la guerra en España pero finalmente tuvo que marchar al exilio francés. Nada más pisar tierra gala fue conducido al campo de concentración de Argelés-sur-Mer. Entre 1939 y 1943 estuvo enrolado en diferentes Compañías y Grupos de Trabajadores Extranjeros al servicio de la III República y, a partir de junio de 1940, al gobierno colaboracionista de Vichy. 


Detenido por la policía francesa, fue devuelto al campo francés de Le Vernet el 4 de junio de 1943. Le Vernet fue un campo de paso a los campos de concentración y exterminio nazis y allí pasó 11 meses de su vida hasta que fue trasladado al stalag (campo de prisioneros) de Compiègne -a 80 km al norte de París- el 21 de mayo de 1944. Tres días después, el 24 de mayo, entraba como deportado al campo de Neuengamme con el número 30311 tatuado en la piel. Nunca más se supo de él: es uno de los centenares de españoles desaparecidos tras su paso por los campos nazis. 


El reloj

Gracias a la labor de la Fundación Arolsen Archives, a la difusión del investigador Antonio Muñoz y a los datos propios, tenemos la oportunidad de rescatar su historia y su memoria y de poder acceder a uno de los objetos personales con los que entró al campo y que le fue requisado por los hombres de la SS: su reloj, un sencillo reloj plateado con una correa de tela. 


Ese reloj se paró un día de 1944 segundos antes de las ocho de la mañana. O de la noche. Un simple reloj que servía para marcar las horas y los años que Manuel García pasó en el exilio. Lo más probable es que expirase su último aliento entre los muros de la antigua fábrica de ladrillos de Neuengamme, donde fueron a parar otros 749 compatriotas españoles. Su cuerpo jamás fue encontrado pero su recuerdo sigue aún vivo. 


Arolsen lleva años volcando en la red la información de los miles de deportados y trabajadores forzados de la Alemania nazi. Uno de estos objetos es el reloj de Manuel García, que busca volver a la familia de su portador. Ojalá el tictac de las ruedecillas devuelva el tiempo robado a la vida y la memoria de este velezano. 



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