“El proyecto cultural de Almería es mantener redondos los arbolitos del Paseo”

Entrevista al escritor almeriense, autor de ‘Entre malvados’

Miguel Ángel Muñoz, tras la entrevista, con el Cargadero del Mineral al fondo.
Miguel Ángel Muñoz, tras la entrevista, con el Cargadero del Mineral al fondo. La Voz

Por su exquisito manejo de los resortes narrativos y por cómo lleva al lector a lo más profundo de sus historias, podría decirse que Miguel Ángel Muñoz ('Entre malvados') es el escritor más preciso que ha dado Almería. Su blog, ‘El Síndrome Chéjov’, ha sido un referente en el mundo del cuento. Pero él prefiere vivir en el anonimato de la periferia, volcado en el trabajo de mesa y alejado de los focos.


¿El oficio de escritor es el más solitario y triste del mundo?
Es por fuerza solitario y de una tristeza elegida. El oficio de la literatura tiene dos caras: una es la parte solitaria, algo que es necesario para escribir, ya que hay que ser ermitaño y algo huraño en la relación con la literatura para sentirte libre. Y la otra es la vertiente pública en la que el escritor se convierte en una especie de malabarista porque tiene que escribir, promocionar y dar bien en pantalla y en redes porque hay otras instancias del mundo literario que han hecho dejación de funciones. 

¿El futuro es convertirse en ‘influencer’?
No es el futuro, sino el presente. A veces es muy triste leer bobadas en las redes sociales a escritores a los que uno respetaba cuando leyó sus libros. Escritores importantes a nivel nacional. Seguimos pensando que para que alguien vea determinadas películas y lea ciertas revistas culturales tenemos que complacerlos. Y desde la complacencia jamás se ha hecho nada interesante.    

Las editoriales tienen que pagar facturas al tiempo que mantienen un compromiso con la literatura, ¿dónde está el equilibrio?
Hay editores vocacionales que están haciendo una labor que es casi, como decía Herralde, la del penúltimo mohícano, porque los grandes grupos editoriales son máquinas de facturar. Y no tenemos más que ver cómo editoriales que han sido referentes culturales ahora ganan dinero editando a ‘youtubers’. Hoy en día, los catálogos más arriesgados están en las editoriales independientes, pero a la vez solo un gran grupo puede pagar los derechos a los grandes escritores internacionales.
 
La autoedición ha democratizado el sector, pero ha supuesto una pérdida de calidad. ¿Cuál es su postura?
Muchos grandes escritores empezaron autoeditándose, como Baroja y Juan Ramón Jiménez. La autoedición en sí no es un problema, pero tenemos la idea de que todo el mundo puede publicar un libro como cualquiera puede abrir un bar y no es eso.


Es como un ‘fake’: el objeto parece un libro, tiene forma de libro, se vende como un libro, pero no lo es exactamente. Esta locura por editar libros en los que no se domina la puntuación y hay errores ortográficos, unidos al hecho de que esa persona cree que porque está encuadernado y publicado ya es escritor, lleva a una confusión muy mala. Ser escritor se parece más a ser un astronauta, toda la vida superando pruebas en contra, que a montar un bar.

¿Hay algún premio literario que no esté amañado en España?
Sí, sobre todo los pequeños, lo que pasa es que todo depende del concepto de amaño. Yo, cada vez que veo que anualmente se presentan 500 personas al premio Planeta, me parece algo insensato. Queremos mantener el engaño en todo lo relacionado con la cultura. A los escritores ya no les interesan en absoluto los premios, excepto ganarlos.
 
¿Qué echó de más y de menos en la Feria del Libro de Almería?
Las ferias del libro no me interesan demasiado, me parece un fenómeno casi consumista, como la ‘Primavera’ en El Corte Inglés. No sé qué se quiere hacer: si algo que forme parte de un proyecto cultural o que sirva para acercar los libros a la gente en la calle. Si es en este último sentido, me parece bien. Si es como parte de un proyecto cultural, es muy mejorable. A veces parece que el gran proyecto cultural que tiene Almería es mantener redondos los arbolitos del Paseo.
 
Ciudadano modélico, en su libro ‘Entre malvados’ se deja seducir por el mal. ¿Cómo lleva esa dicotomía?
No me interesa la literatura superficial, ni dedico muchas horas de mi vida a un libro que no aborde un tema sobre el que me quiera hacer preguntas. Y a la hora de escribir, intento tocar ese tipo de temas. La literatura tiene que ser incómoda. Probablemente por eso cada vez lea menos gente. Es más sencillo buscar una lectura que te saque de tus problemas.

Tengo entendido que tiene en mente escribir un cuento sobre el público almeriense y su tendencia a toser durante los espectáculos.
Debería. Me he planteado dejar de ir al tea­tro y al cine porque no soporto tener que chistarle a alguien cada vez que lo hago. La última vez había una pareja radiando toda la película. No se debería ir con bronquitis al teatro, hay una serie de enfermedades con las que la gente debería abstenerse de acudir a actos culturales. Hace poco, estaba sentado en una de las últimas filas del Auditorio y fue una experiencia casi paranormal cuando vi que estaba en un concierto magnífico de la OCAL y había no menos de 20 pantallas iluminadas a la vez. Hemos transformado la respetuosa experiencia colectiva del teatro en una extensión del salón de casa, con sus vulgaridades.

 

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