Alpujarra almeriense: Rambla Encira

Descubrimos lugares llenos de vida en el pasado, hoy olvidados

Aspecto actual de Rambla Encira, en la Alpujarra almeriense.
Aspecto actual de Rambla Encira, en la Alpujarra almeriense.

Rambla Encira es una pedanía cercana al pueblo de Nacimiento, situada sobre un pequeño cerro en la confluencia del Río Nacimiento y la Rambla de Gilma. Fue un núcleo de población de cierta importancia, ya que llegó a tener 90 viviendas a principios del siglo XX -su época de mayor desarrollo-, 17 de ellas de dos pisos, y una población de 255 habitantes.


Aunque hay datos de Rambla Encira a mediados del s. XIX, donde tendría algo menos de relevancia, las minas de hierro ‘Mariposa’ en cercano paraje de Zarzalejo, junto a las de ‘La Prudencia’ y ‘Santa Rita’ en paraje Los Carboneles, llenaron de vida a la aldea debido al alto precio del hierro, consecuencia de la Primera Guerra Mundial.  


Además de la minería, la agricultura también era una pilar importante de la economía del lugar. Los “rambleros” -como eran conocidos los habitantes del pueblo- cultivaban sobretodo  trigo y cebada, además de frutales como los naranjos. En los alrededores del pueblo hay restos de numerosas eras, que a día de hoy aún pueden verse.


La vida en Rambla Encira era tranquila. Por su cercanía a Nacimiento -apenas kilómetro y medio- no contaba con tiendas, tabernas, médico, ni otros servicios, sin embargo sí que tenía su propia Escuela Nacional Mixta, inaugurada el 7 de Diciembre de 1925, a cuyo cargo estuvo la maestra Dña. Carmen Grajales al menos los 3 primeros años. A pesar de esta falta de comercios, era famoso el vino que elaboraban los rambleros, y que atraía visitantes de los pueblos y cortijos cercanos, y que animaban numerosas fiestas y bailes que se hacían en las casas del pueblo.  Por la mañana era habitual desayunar migas, a medio día podía ser embutidos de matanza o lo que uno pillara, y por lo noche lo normal era cenar cocido. Mientras las mujeres cocinaban, los niños jugaban a la pillaica y al minche.



Posiblemente el vecino más famoso de Rambla Encira fue José León Ojeda, alias “El Tola”, quien fuera concejal del Ayuntamiento de Nacimiento durante la República, y encarcelado en la prisión de Gérgal al terminar la Guerra Civil, de donde no tardaría en fugarse. Se unió a la guerrilla antifranquista y nunca anduvo muy alejado de la zona que mejor conocía, donde se ocultaba en cortijos y palomares abandonados junto con otros guerrilleros. 


Un chivatazo a la Guardia Civil, provocó que unos agentes se acercasen por la noche hasta una casa en Nacimiento, donde se encontraba El Tola jugando al dominó con unos familiares. El registro acabó con un tiroteo que se alargó durante 4 horas, en completa oscuridad. Finalmente la madrugada de aquel 12 de mayo de 1943, el Tola fue abatido en el terrado una casa colindante.


 El abandono de Rambla Encira fue propiciado por el cierre de las minas y no disponer de luz eléctrica que, aunque estuvo proyectada su llegada al pueblo, finalmente no llegó a producirse. La cercanía de Nacimiento también supuso un incentivo para que sus habitantes se trasladaran, mientras que otros emigraron principalmente a Cataluña.

 

Aún quedan rambleros en Nacimiento, que se ofrecen amablemente no solo a contarte sus vivencias, sino incluso a acompañarte a dar una vuelta por las ruinas de lo que un día fue su hogar, y te recitan una coplilla famosa que define el carácter de los que fueron sus habitantes: “En la Rambla no hay reloj/ ni Ayuntamiento ni plaza/ ni juez ni gobernador/ que es gente de esparto y maza / que a pedrás matan a Dios / y le rompen la calabaza.”

 


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