Pau Donés: "El cáncer solo me ha servido para reafirmarme en que la vida es un regalo"

Inmerso en la celebración de su 50 cumpleaños y del vigésimo aniversario de Jarabe de Palo, el cantante trae su nuevo proyecto este sábado a Roquetas

Pau Donés en una imagen promocional de la gira ‘50 palos’, que este sábado recala en el Auditorio de Roquetas.
Pau Donés en una imagen promocional de la gira ‘50 palos’, que este sábado recala en el Auditorio de Roquetas.
Marta Rodríguez
20:39 • 30 ene. 2018

‘La flaca’, ‘Depende’, ‘Grita’. Llevadas a lo esencial, piano y voz. Como si se hubiesen escrito ayer mismo. Es la filosofía de ‘50 palos’, el disco y la gira con la que Pau Donés y Jarabe de Palo celebran la vida y la música. Este sábado 3 de febrero, a las 21.30 horas, aterrizan en el Teatro Auditorio de Roquetas de Mar.




 ¿Cómo han cambiado en estos años temas que son casi himnos como ‘La flaca’ y ‘Depende’?
Las buenas canciones, como el vino, ganan con el tiempo. Y eso es lo que hemos intentado: agarrar las más conocidas y ver qué pasaba al volver a interpretarlas como las parimos, a piano y voz, porque esa es la manera de saber si una canción es buena o no. El resultado nos ha encantado. Le metimos algún arreglito, con dudas porque a nadie le gusta que le cambien su canción favorita. Si Mick Jagger en un concierto de los Rolling me toca un tema a piano y voz, a lo mejor me cabreo porque me gusta la guitarra de Richards. 




Hacer un disco es relativamente fácil, pero luego tienes que venderlo y salir de gira. ¿Y qué pasó? Que nos metimos de nuevo en las listas de ventas y acabamos el año con 122 conciertos. La conclusión es que el punto fuerte de este formato acústico es la emoción que generan esas canciones.




¿A qué atribuye el éxito de un grupo tan auténtico en una industria cada vez más enlatada?
Nosotros apostamos por la música, por canciones con mensaje, por tocar la emoción de la gente. Nunca nos dejamos engañar por la popularidad en el sentido de llegar a ser muy, muy famosos o ganar mucha pasta. Disfrutamos de la profesión y en Jarabe hay una cosa básica: solo si tienes vocación de músico, estás en el grupo. Si estás en este mundo por otro motivo, búscate otra banda. Como decía Cela, al final el que aguanta gana y en el mundo del arte lo que acaba ganando es la credibilidad. A nosotros nos han acusado de hacer siempre lo mismo, de ser flor de un día, pero fijándote en el repertorio de Jarabe, creo que hemos hecho las cosas bien y la gente lo ha reconocido. Hay unas cuantas de nuestras canciones que forman parte de la banda sonora de la vida de mucha gente y eso da sentido a que sigamos dando guerra.




¿Qué significa para usted componer, qué cosas le inspiran?
Yo solo he sido fan de una persona y era Antonio Vega, que una vez me dijo que la suerte y la desgracia de los músicos es que tenemos dificultad para expresarnos de forma convencional y eso hace que recurramos a escribir canciones. Para mí, la música ha sido una forma de compartir sentimientos y emociones que no he sabido expresar de otra manera: decirle a mi novia que la quería era un esfuerzo de la hostia, pero en cambio le escribí ‘Agua’ y ‘Completo, incompleto’. 




 ¿Cómo ha vivido la evolución del panorama musical en cuanto a la industria y en cuanto a los hábitos a la hora de escuchar música?
La he vivido de forma directa. Empezamos en el momento de la bonanza en el que se vendían discos por un tubo y nos sobrepusimos al boom de la piratería, algo totalmente injusto. Y es verdad que la industria discográfica está totalmente aburguesada y apalancada. Cuando me dicen que ahora que no se venden discos tendremos que hacer conciertos, me hace gracia porque lo que me gusta es hacer conciertos. Estamos aquí para eso. 




Lo que pasa con las multinacionales es un desastre, el negocio se centra en un producto mediocre, de baja calidad. Ya no se vende música, se venden personajes, fama, chismes. Y lo que predomina es la mediocridad. A mí antes me gustaba ir a bailar a las discotecas, ya no. Y ya no escucho la radio, o solo unas pocas emisoras concretas porque lo que ponen es malísimo y repetitivo. 




Pero esa no es nuestra película, noso­tros seguiremos haciendo discos a nuestra manera y canciones que hagan latir el corazón de la gente. Ahora que nos va bien en América hasta nos han preguntado si vamos a hacer algún tema reguetón, y obviamente no, que lo haga otro. 


También en el marco de este aniversario, publicó el libro ‘50 palos... y sigo soñando’ en el que habla de su recaída en el cáncer, una recaída que ha afrontado con gran optimismo. ¿El arte, la música, le han servido como terapia?
No, para nada. El cáncer a mí no me ha servido para nada. En todo caso, para reafirmarme en la idea de que la vida es un regalo y ya que estamos aquí, vamos a vivir y a disfrutar de ella. 


La música sí me viene sirviendo para muchas cosas desde hace mucho tiempo. ¿Para afrontar el cáncer? No especialmente. Para mí, el cáncer es una anécdota en mi vida. Cuando se manifiesta, me tiene más atareado y cuando está dormido, como ahora, me permite llevar una vida casi normal. 


Ha dado titulares que ayudan a desdramatizar la enfermedad como ‘El cáncer en mi vida está siendo como una anécdota más’ o ‘Desde que naces, empiezas a morir’. ¿Cree que son necesarios para hablar del cáncer sin tabúes?
Tampoco busco un titular o provocar un shock. Es transmitir una obviedad: desde que nacemos, empezamos a morir. ¿Y qué? Lo importante es que hemos nacido; no pensemos en la muerte, pensemos en la vida que tenemos por delante. 


Aunque nació en Huesca, se ha criado en Cataluña. ¿Cómo está viviendo lo que está ocurriendo allí en el plano político?
Los políticos son patéticos, es una cosa que roza el tercermundismo. Yo vivo al lado de un paso fronterizo y ponen controles con ametralladoras por si Puigdemont vuelve. Todo esto ha servido para destapar que Franco sigue vivo en España. En pleno siglo XXI, en 2018, tenemos presos políticos y no soy independentista, cuidado. Pero es que la clase política me parece cutre, carca, casposa. Estoy un poco enfadado con Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, porque son políticos nuevos que podían haber contribuido a cambiar algo. Y eso nos ha jodido, porque seguimos a machete. En los Premios Ondas lo conté: tocamos en Nueva York, acabó el concierto y vino un gringo a preguntarme que por qué seguimos teniendo presos políticos; me entró una tristeza tremenda.



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