Antígona o el amor en las arterias

La Confluencia estrena en la Alcazaba `Antígona a contratiempo`, un espectáculo de teatro y flamenco, donde se detienen los relojes para trenzar la belleza y el terror de la

Teatro y flamenco se dieron la mano en la Alcazaba con "Antígona a contratiempo".
Teatro y flamenco se dieron la mano en la Alcazaba con "Antígona a contratiempo".
Mar de los Ríos
21:29 • 03 jul. 2017

LA ALCAZABA ESCENARIO. Llegamos a los altos de la ciudad con el azul reposando sobre las piedras de su castillo. Subimos hasta su cúspide y tomamos asiento, esperando a que Antígona nos posea. Mientras, tengo tiempo de recrearme en el Patio de la Torre de la Vela donde va a tener lugar el sortilegio. Las viejas murallas desdentadas y San Cristobal contribuyen a dar empaque al fondo del escenario. No cabría uno más bello. Suspiro profundo. Choni, la directora, sale nerviosa de entre bambalinas y me dice que ya van a empezar, que el día anterior, el del estreno, ha sido de lleno total y de éxito. Me contagia su energía eléctrica.




FLAMENCO GRIEGO. Se hace el silencio y los cinco componentes del elenco aparecen, cada uno con un candil que dejan bordeando el espacio escénico. Dicen que era la mitad del día. Nada se veía. Fue entonces cuando apareció una muchacha, como cuando un pájaro vuelve a su nido. La versión de esta tragedia griega de la Antígona de Sófocles de hace veintiséis siglos, con un texto adaptado por el escritor Germán Jiménez, mezclado con el quejío de Rocío Zamora y la guitarra de Gabriel Pérez, extienden su pátina. Su particular color empieza a lucir, ese sobre el que los protagonistas irán dibujando algo nuevo y atemporal al mismo tiempo.




La percusión de Chencho Nzo, su serena voz y poética presencia, el baile y la interpretación de Leticia Valle en el papel de Antígona, y Creonte, el ser despreciable, interpretado por el genial Jesús Herrera, van hilando diálogos rotundos que rebotan en las piedras de la Alcazaba y que nos clavan a la silla, aún más claros, como púas de sentimientos ambivalentes.




SOBERBIA ANTÍGONA. El vestuario contiene una sutileza que contribuye a fijar los ojos en los protagonistas. Leticia Valle, poseída por Antígona, contiene el aplomo como para ser capaz de llevar sobre sus hombros el peso del espectáculo. Se cambia de ropa, levanta una pared de cristal y la cubre con la sangre de los inocentes, baila con la rabia de una rebelde, de una mártir que pisotea el miedo y a la que solo le queda su cuerpo, su voz y su mente para  gritar contra la ignominia del poder, contra injusticia de que su tío, el despiadado Creonte, haya matado a su familia para hacerse con el trono de Tebas. Mira a los ojos a la absoluta crueldad de no haber dado ni sepultura a sus muertos, dejando sus cadáveres como pasto de las alimañas. Antígona es la hija de su hermana, no importa. Antígona es la prometida de su hijo, la arpía que le ha comido el seso a su sucesor y que ha sido la única en la ciudad que ha osado a levantar la voz contra sus ejércitos. El nuevo rey no la matará, no le merece la pena verter más sangre sobre el mar rojo que ha dejado ante su golpe de estado. Prefiere lapidarla en una cueva, vestida de novia y que sean los dioses quienes decidan su destino. 




Si le ofrecéis un cadáver, un racimo de muertos os caerá.
¿Que palabras tiene la esperanza cuando todo está perdido?
¿En qué suelo puede caminar un muerto?




ETERNOS COBARDES ETERNOS. Valiente hipocresía la de los dictadores cuando invocan a Dios o al destino, o la Revolución. Pero nunca cejará la brisa que sea capaz de convertirse en huracán y avivar así el inconformismo frente a la egolatría de los psicópatas que capitanean ejércitos, el cáncer de todos los tiempos. El odio es más rápido que el amor. Los errores son comunes en los humanos, lo insensato es persistir en él. Dicen las voces que debieran torturar al tirano hasta matarlo de remordimientos... si tuviese conciencia.




ESCENOGRAFÍA PERFECTA. Qué acierto mezclar flamenco con tragedia griega. Qué hermosa estaba nuestra Antígona entre la voz de Rocío y la guitarra de Gabriel. Sus zapatos marrones, sus pies descalzos, su brazos y su voz se fueron calentando ante la injusticia; su silencio de mujer obediente se fue quebrando ante la perdida del miedo, porque es lo único que le queda, morir con honor, escupirle a la cara al terror, aunque le vaya la vida en ello. 
Y llegan tenues las campanas de las horas desde una ciudad que podría ser cualquiera. Acaba el espectáculo y el flamante director del recinto de la Alcazaba, Arturo del Pino, me saluda con la misma alegría que a todos nos invade después de digerir el trabajo bien hecho del arte. Me llama la atención sobre la campana de la vela, hoy multicolor por ser el día del Orgullo gay. Le felicito por traer la modernidad a la viejas piedras del baluarte de una ciudad un tanto perezosa, un tanto dormida para según qué cosas. Espero que sea el príncipe que sepa despertar del letargo a nuestra Bella durmiente. 




Sigue bailando, Antígona, por los escenarios que tengan la sensibilidad para acogerte que, te vaticino desde tu estreno, serán legión. Porque todo el que yace contigo enloquece. Eres amor, una aguja en el interior de las arterias.
Yo me despido de la temporada con este paseo griego-flamenco, esperando encontrar el alimento en el descanso para siguientes emociones de la vida.  Feliz verano, Almería.
 



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