Adra

La primera plaza de toros de Adra

Para su inauguración se programaron dos corridas los días 7 y 9 de septiembre de 1880

Un torero frente a un toro en 1880, en una ilustración generada artificialmente.
Un torero frente a un toro en 1880, en una ilustración generada artificialmente.
Pepe Cazorla
20:34 • 26 ene. 2024 / actualizado a las 12:00 • 27 ene. 2024

La noticia de la construcción de una plaza de toros en Adra la inserta el periódico 'La Crónica Meridional' y corre por todo el municipio como en un encierro por Sanfermines. Existen también reseñas que datan de 1842 y donde toreros aficionados se dan cita para hacer sus pases taurinos en un coso preparado para la ocasión,  situado en el terreno conocido por entonces como Plazuela de la Puerta del Mar.



Es 1880 y la Villa de Adra vibra ante un hecho histórico. El propósito, dar dos corridas en el mes de septiembre. El ganado que se había de lidiar en las tardes del 7 y 9 del corriente era sobresaliente. La plaza tenía las condiciones suficientes de solidez y seguridad que pudieran desearse actualmente hoy en día. Según otros medios de la época, la Plaza abderitana era de un solo piso (tendido y gradas). Podía contener una cabida de 4.000 espectadores y era casi toda ella de madera, solo la puerta principal estaba hecha de cemento, habiéndose realizado estos trabajos bajo la dirección del ayudante de obras públicas José de Reyes.



Como por encanto y según anunciaban los prospectos repartidos, se celebrarían dos grandes y extraordinarias tardes de toros y novillos, se lidiaron dos magníficos toros de desecho, de Rafael Laffitte y Castro, tres novillos de la señora viuda de Varela, por entonces de Bartolomé Muñoz, y otros tres de Pedro Moreno Rodriguez, los que ostentaban las siguientes divisas: Encarnada y blanca, los de Rafael Laffitte. Amarilla y encarnada, los de la señora viuda de Varela. Encarnada y verde, los de Pedro Moreno.



Serían lidiados por la cuadrilla del célebre espada José Sánchez (Laborda) de Sevilla, el cual se anunciaba en el programa festivo que daría el quiebro de rodillas con la capa y pondrá banderillas en la silla a los toros que tengan condiciones para ello.



Como picadores, estaban Antonio Ruiz (Grandala) de Sevilla y Antonio Lazuen (El Mellao) de Granada. Actuarían como banderilleros, José Gimenez, José Vega y Arturo Iglesias, todos ellos de Sevilla. Sobresaliente de espada con obligación de banderillear, Manuel Romero (El Cartonero) de Sevilla y como contratista de caballos, José Martinez (Chipola) de Granada.



Las puertas de la Plaza se abrieron a las 14:30 horas de la tarde y la función empezó a las 16:30 horas en punto .Los precios en sombra (según programa anunciador) sería el siguiente: Asientos de contrabarrera con entrada,3 pesetas con 50 céntimos. Asientos de plataforma de 2ª, 3ª y 4ª fila, 3 pesetas. Asiento de tendido a 1'99. Las entradas de tendido al sol tenía un precio único de 1'50.



Día de la inauguración



A las ocho de la mañana del martes 7 de septiembre de 1880 todos los habitantes de esta población se hallaban ya en movimiento y acudían presurosos a recibir a la banda de música compuesta de los entendidos aficionados de la vecina ciudad de Berja, que tocando un marcial pasodoble penetraban por la anchurosa Carrera.


Las preciosas hijas de Adra asomaban a los balcones sus hechiceros rostros para presenciar el desfile de la comitiva que recorrió varias calles de la villa seguida de numeroso gentío. Entretanto era incesante la llegada y el arribo de carruajes procedentes de los pueblos inmediatos, y muchas las cabalgatas de jinetes forasteros que se apresuraban a venir para presenciar la corrida de toros de Varela y de Laffitte que era el acontecimiento del día.


La empresa que había tomado a su cargo realizar el pensamiento se componía de más de sesenta entusiastas jóvenes de esta villa, la cual fue secundada dignamente por el teniente coronel de Caballería Pedro Álvarez Moya, cordobés y rico propietario y dueño a su vez, de la Plaza de Toros Álvarez de Granada, donde recibió las mayores atenciones por parte de los habitantes de la villa de Adra, por el celo desplegado para el mejor lucimiento de las corridas.


Pedro Álvarez, afamado e inteligente en el arte de la tauromaquia, con su pericia, buenos oficios, abnegación y caballeresca esplendidez, vencía a los obstáculos con los que siempre se tropieza cuando se trata de llevar a feliz cima espectáculos de esta naturaleza; y es ocioso decir que al acariciar este proyecto no se proponían sus iniciadores idea alguna de lucro, sino proporcionar a sus paisanos esta distracción, nueva en todos estos contorno, sin temor a las pérdidas que indudablemente les ha de originar la realización de su deseo.


Como se aproximaba la hora en que debía comenzar la corrida, se veían cruzar por la espaciosa carrera dirigiéndose al sitio en que se levanta la plaza, que es la explanada sita enfrente de la fábrica de los Señores Heredia, multitud de personas de todas las clases sociales.


Parece que ese día se habían dado cita en Adra todas las mujeres hermosas de estos contornos y de los pueblos limítrofes, acudiendo a rivalizar en gracia y en hechizos con las señoritas de las principales familias de la buena sociedad abderitana, vistiendo todas las muchachas el traje tradicional para este género de fiestas, ceñida y corta falda, zapato bajo, ajustado corpiño de raso de vivos colores y la española y blanca mantilla que tanto realzaban los angelicales encantos de esas preciosas criaturas; que con el donaire, la belleza y porte distinguido de las señoritas de Gómez, Medina, Guerrero, Fernández, Guillen. Palma, Carreño, Manzano, avecindadas en esta localidad y las de Villalobos, Chacón, Gallardo, Calvache y otras muchas procedentes de los pueblos inmediatos.


Ocupaba la presidencia a la hora convenida, el simpático alcalde Francisco de Cuenca, a cuyo lado se hallaban Pedro Álvarez y don José Mariano Gallardo, rico hacendado de esta localidad. Rompió la música con la conocida marcha de ‘Pan y Toros’ y abierta la puerta del redondel pisó este la cuadrilla a cuyo frente iba el reputado matador José Sánchez Laborda y Manuel Romero (a) Cartonero. Seguían las mulillas vistosamente engalanadas de azul y cerraba el séquito el tuerto Salas.


Por la puerta del toril salió el primero de la tarde a la arena. De nombre 'Famoso', fiero como una pantera y qué dio un rápido paseo antes de empezar la fiesta. Recibió nueve puyazos como nueve bizcotelas; no obstante a los picadores les hizo besar la tierra. Tocaron a banderillas y salieron a ponerlas Iglesias y el Cartonero que las colgaron en regla.


Salió el segundo: ‘Lorito’ le puso su madre tierna, cuando de mamar le daba en las jerezanas vegas. Tenía el bicho muchos pies, y cuernos de vara y media. El tercero se llamaba desde la cuna 'Dichoso'. ¡Bonito nombre para una suerte tan negra! Ojos de perdiz; por cuernos tenía dos bayonetas. La derecha algo mellada en una horrible refriega que tuvo con un rival. Era de Laffite el bicho y de gallarda presencia.


'Veneno' decían al cuarto, que era también de Varela. Como el primero y segundo que allí pisaron la arena. Lo tentaron cinco veces los piqueros. Laborda, fue a dar el quiebro puesta la rodilla en tierra y el bicho con los pitones, le desgarró la chaqueta. Y pudo dar un susto más. Una vez saltó la valla y en un descuido la fiera a Laborda cogió en brazos cual si fuese una niñera. Le rompió los pantalones y en la piel le hizo una brecha que no fue cosa de cuidado. Y Laborda, con conciencia lo descabelló, valiente.


En resumen; la corrida puede calificarse de magnífica en su clase; el ganado ha dado el juego necesario en todas las suertes, acreditando una vez más el merecido renombre de sus dueños y de las divisas que ostentan, y la villa de Adra agradecida al generoso Pedro Álvarez, obsequiando en la noche del día de la corrida con una serenata en que la banda de música de Berja tocó escogidas piezas. El Sr. Álvarez hizo los honores a sus tertulianos con la finura y amabilidad más exquisitas, hubo brindis calurosos pronunciados por los señores Álvarez, Cuenca, Gómez (Don Emilio), y el médico señor Pérez.


Por último y en la otra corrida programada en el cartel en vísperas del día de San Nicolás de Tolentino a las 12:00 horas del jueves 9 de septiembre, a las 4 y media de la tarde estaba todo el papel vendido, pero esa es otra historia. 



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