Cuevas del Almanzora

Cuando el nivel del río Almanzora fue 7 veces mayor que el caudal medio del Ebro

Cuevas del Almanzora conmemorará el medio siglo de la riada del 19 de octubre de 73

Imagen de las inundaciones de 1973 facilitada por el Ayuntamiento de Cuevas.
Imagen de las inundaciones de 1973 facilitada por el Ayuntamiento de Cuevas. La Voz
La Voz
14:04 • 13 oct. 2023

Hace medio siglo se produjo uno de los episodios de lluvias torrenciales más violentos que se recuerdan en el sudeste peninsular. Las consecuencias fueron dramáticas para las provincias de Granada, Almería y Murcia, con cientos de fallecidos e incalculables daños materiales. Tuvo lugar el 19 de octubre de 1973 cuando una gota fría desencadenó una sucesión de tormentas que hizo descargar sobre las cuencas medias y altas de los ríos Adra, Andarax y Almanzora, con medias de precipitación que superaron los 200 litros por metro cuadrado y, en casos puntuales como el de Zurgena, alcanzaron unos insólitos 600 litros en tan solo dos horas, un récord aún no superado en Europa y en buena parte del mundo.

La inundación se cebó con localidades ubicadas en el curso bajo de los ríos principales, como Adra y Cuevas del Almanzora, o en las riberas de algunas ramblas como le ocurrió a Albox y Zurgena. Había que retrotraerse casi un siglo, a la inundación de Santa Teresa en 1879, para encontrar un precedente tan devastador protagonizado por el Almanzora, e incluso aquella generó caudales inferiores a la riada de 1973, a la que se le atribuyó una recurrencia de un milenio, es decir, de las que acontecen cada mil años.

Y no fue para menos, ya que uno de los frentes de aquel aluvión llegó a sobrepasar los doce metros de altura y acumuló un caudal prolongado de 3.500 metros cúbicos por segundo, aproximándose en momentos muy puntuales a los 5.000, el caudal medio del Danubio.

Aquel 19 de octubre, Cuevas, situada a escasos 13 kilómetros de la desembocadura del Almanzora, soportó toda la virulencia de una riada acrecentada no sólo por las precipitaciones excepcionales caídas más arriba, sino también por otras circunstancias eventuales como el efecto pantano que ejerció el puente de Santa Bárbara y la propia ubicación de la localidad tras la estrecha garganta que forma el Almanzora cuando atraviesa la sierra de Almagro.

Hacia las dos de la tarde la crecida sobrepasó los semiderruidos muros de contención y asoló la huerta cuevana –más de 500 hectáreas de regadío- hasta los pagos más cercanos al mar. Inundó los barrios de Las Arenas, Bravo y otras zonas urbanas como la avenida Barcelona situadas en la parte más baja de la población, causando un desastre sin precedentes. Aunque por fortuna no hubo fallecidos, 200 viviendas fueron completamente arrasadas, con pérdida total de enseres, y otras tantas afectadas en mayor o menor grado. Los centros educativos, como el colegio nacional y el instituto de Bachillerato, sufrieron el embate de las aguas, lo que provocó que durante semanas unos 1.500 niños y jóvenes no pudiesen recibir su formación educativa.

Servicios básicos como el alcantarillado y el agua corriente, así como las comunicaciones por teléfono y telégrafo, padecieron severamente los estragos de la riada. La destrucción de las carreteras que partían de la localidad produjo su aislamiento. Comercios, establecimientos de hostelería, almacenes mayoristas y otros negocios sumaron pérdidas por centenares de millones. Hubo decenas de vehículos arrastrados por la fuerza del turbión, incluidos camiones, maquinaria agrícola y varios autocares de una empresa local de transportes.

Ante la calamidad el alcalde de entonces, Jesús Caicedo Gómez, solicitó desde un primer momento la declaración de zona catastrófica como única medida para encauzar ayudas estatales que garantizasen la pronta recuperación del municipio.

Pues bien, desde la reflexión que otorgan los cincuenta años transcurridos de aquella catástrofe, el Área de Turismo, Cultura y Patrimonio ha programado un conjunto de actividades que traen a colación aquel episodio de lluvias excepcionales, profundizan en sus antecedentes y consecuencias, y pretenden difundir el legado histórico, gráfico y de memoria colectiva que se ha ido generando desde aquel inolvidable 19 de octubre.

Una exposición titulada “El año del diluvio. Medio siglo desde las inundaciones de 1973: precedentes y consecuencias”, que podrá verse en la sala de exposiciones de La Tercia (Castillo del Marqués de los Vélez) durante más de cinco meses, constituye el eje central en torno al que girarán el resto de las citas programadas.



Otra de las actividades será “Encuentros con la memoria. El 19 de octubre de 1973 en el recuerdo”, una cita muy especial que se celebrará en el Cine Teatro Echegaray y que contará con testimonios de personas que vivieron muy de cerca aquel día trágico.

Los actos continuarán durante el primer trimestre del 2024. En febrero, también en el Cine Teatro Echegaray, habrá un docufórum bajo el título “La riada en imágenes: testimonios gráficos de una catástrofe histórica”. Por último, coincidiendo con los días finales de la exposición, se desarrollará el ciclo de conferencias “La riada de 1973: precedentes, efectos y consecuencias de un desastre natural”, en el que participarán especialistas de la talla de Andrés Sánchez Picón, Javier Martínez Rodríguez y Juan García Latorre.

El Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora, a través de su Área de Turismo, Cultura y Patrimonio, pretende que esta efeméride no pase desapercibida con el único objeto de aprovecharla para conocer y aprender de aquel evento meteorológico excepcional, animar la generación de memoria como valioso medio de toma de conciencia de nuestro pasado y la construcción de un relato colectivo que, desde la calma que otorga el tiempo transcurrido, enseñe a las actuales generaciones que no lo vivieron lo que aconteció y cómo repercutió en la vida y realidad de quienes sí lo padecieron.









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