Arboleas quiere ser Pulpí

Su mina romana del Espejuelo puede convertirse en un imán turístico como la geoda

Un rincón de la inmensidad de la mina de El Espejuelo en Arboleas.
Un rincón de la inmensidad de la mina de El Espejuelo en Arboleas.
Manuel León
00:02 • 06 oct. 2022

Como siempre ocurre -como siempre ocurrió desde Altamira, desde Nerja- los lugareños sabían de esas oquedades de piedras brillantes bajo un manto de esparto en el paraje de El Higueral, en Limaria (Arboleas). Pero en tiempos en los que la necesidad aprieta, nadie se paraba a horadar, a investigar en ese prodigio de la naturaleza. En los años 80 ya se empezó a especular con el lapis specularis arboleano, con su naturaleza única. Hasta que fue en 2009 cuando el espeleólogo Juan Carlos Guisado gritó ¡eureka!: allí había un yacimiento romano en toda regla, una mina de primer nivel que puede convertirse en una bonoloto para ese municipio almanzorí, como la Mina Rica -la célebre geoda- ha sido un maná para Pulpí. Es más, ambos municipios, a 40 kilómetros de distancia, podrían trazar una 'conexión yeso-cristal' para un turismo cada vez más ávido de experiencias singulares. Y tanto el lapis specularis como la geoda lo son. Por esta última mina, una  capilla Sixtina de los cristales de yeso, descubierta en 1999 en Jaravía y abierta al público en 2019, han pasado ya más de 300.000 visitantes, a pesar de haber tenido que sufrir el purgatorio de la pandemia. 


El alcalde de Pulpí, Juan Pedro Garcia, lo tiene claro: “la geoda es el principal reclamo turístico del municipio”. A eso se podría añadir, sin osadía, que está entre los tres más visitados de la provincia, dejando pingües réditos a la hostelería y negocios autóctonos de la zona.


Por eso, Cristóbal García, el alcalde arboleano, no quiere dejar pasar ese tren y la inminente apertura del Lapis Specularis o Mina del Espejuelo puede espolear la economía de este pequeño pueblo del medio Almanzora.



De momento, el yacimiento ya ha obtenido marchamo de Bien de Interés Cultural, incluido en el Catálogo  General de Patrimonio Histórico Andaluz y todo apunta a una gloria inmediata: el sueño es que vengan especialistas y amantes de la historia del Imperio Romano desde toda Europa. Ya hay una mina similar de gran celebridad en la antigua Segóbriga (Cuenca).


El espejuelo o yeso selenítico se explotó a lo largo de los siglos I y II en Hispania. Cuanta mayor fuese la transparencia de las láminas de yeso extraídas, más valor adquiría en el mercado. Su destino era el de aislar las viviendas del exterior permitiendo el paso de la luz, es decir, cumpliendo las funciones del actual cristal.



En la boca de la mina de Limaria se han encontrado restos de cerámica Terra Sigilata común de la época del Alto Imperio. En el interior hay indicios claros de laboreo romano y existencia de lucernarios.  En algunos frescos hallados en Pompeya, se observa la existencia de lapis especularis en ventanas que, en opinión de expertos bien podría ser arboleano. 


En los escritos de Plinio el Viejo
El historiador romano Plinio el Viejo ya dejó descrita la actividad que se desarrollaba en las minas del sur de Hispania en la que se utilizaban martillos de hierro de unas 150 libras para romper los duros sílices. Una vez extraído el material de la bocamina, se colocaba en bancadas donde se cortaba el mineral y se enviaba en carros de bueyes previsiblemente con destino a la ciudad de Baria, actual Villaricos para su comercialización como un producto gourmet de las construcción en todo el imperio romano. Quizá muchos escritores como Seneca o Marcial, alumbraran buena parte de su obra bajo la luz que les dispensaban estas vetas transparentes surgidas de las entrañas de la tierra urcitana. 





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