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Adiós a la ‘Casa de Adolfo Juan’, un edificio que llevaba en pie desde el XIX

La estructura fue demolida ayer por los nuevos propietarios

Demolición de la Casa de Adolfo Juan, ayer en Albox. Foto: Pedro Soler.
Demolición de la Casa de Adolfo Juan, ayer en Albox. Foto: Pedro Soler. La Voz

Los Juan (apellido) llegaron a Albox en 1869, al calor del floreciente comercio que se estaba gestando en la comarca del Valle del Almanzora. Eran originarios de Sax, Alicante, pero junto con otras familias notables como los Ferrer, pronto se convirtieron en destacados miembros de la burguesía local.


Fundaron su ferretería ese mismo año y, desde entonces, el edificio que la cobijaba heredó el nombre y apellidos del patriarca de la familia, una casa que con el paso de los siglos se convertiría en una parte insustituible del paisaje urbano del municipio.


Más de 150 años



Pues bien, la historia del mítico edificio llegaba ayer a su fin tras más de 150 años de existencia bajo los envites de una pala hidráulica, cuando de buena mañana hacía su aparición una máquina excavadora enviada por los nuevos propietarios del edificio con el objetivo de demolerlo.


La ferretería de los Juan estuvo en funcionamiento hasta 2015, conectando el presente directamente con importantes episodios de la historia del municipio como la visita del senador Augusto Barcia en 1934.



Según cuenta el historiador local Miguel Alonso, este personaje, ligado al partido Izquierda Republicana, ofreció un discurso en el municipio que llegó a congregar a “10.000 personas” en la Plaza Mayor y, mientras se dirigía a las masas, Adolfo Juan hijo, soltaba bandadas de palomas blancas desde la azotea de su casa para celebrar el acontecimiento.


Alcalde

Ese mismo hombre sería un poco más adelante alcalde del municipio. La fecha de su nombramiento es fácil de recordar: fue el 17 de julio, un día antes de la sublevación militar que terminaría tumbando al Gobierno democrático de la Segunda República.


La historia humana se entrelaza inevitablemente con la material. Está, de alguna forma, escrita en las paredes de los edificios y  grabada en las plazas y las calles. “Edificios históricos aquí en Albox hay pocos y lo que se hace es echar abajo lo poco que hay en el pueblo”, se queja Alonso, que también es miembro de la asociación ‘Somos Albojenses’.


Para el historiador, el problema es que en Albox “no se ha hecho un catálogo de edificios singulares que merezcan estar protegidos y cada vez que alguien compra un edificio histórico no tiene ninguna traba para echarlo abajo”, según denuncia.


Algo que ha sucedido con muchos otros vestigios del pasado del pueblo, según afirma, hasta el punto de que en la actualidad “tan solo quedan seis o siete” edificios históricos, que para Alonso constituyen “las raíces del pueblo”.

 

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