Se fue la voz sencilla de Vera

Antonia Viñuelas fue toda su vida una trovadora de rincones y personajes de su pueblo

Antonia Viñuelas Guerrero ha fallecido en Vera.
Antonia Viñuelas Guerrero ha fallecido en Vera.

Se acaba de ir una anciana en Vera que, mientras pelaba cebollas, imaginaba versos, como Miguel Hernández lo hacía mientras pastoreaba el rebaño en Orihuela; se acaba de ir Antonia Viñuelas con 94 años, una sencilla poetisa local, autodidacta, que escribía de lo que veía a su alrededor, sin pararse más a pensar que en eso. Era como una juglar en la que los romances se sucedían con fluidez en su libreta. No tardaba mucho, en su mesa camilla, en componer un canto a su pueblo o una estrofa a algún personaje de su agrado. La llamábamos a veces de la radio para que pusiera la guinda a alguna circunstancia, a algún hecho cotidiano y ella siempre lo hacía con gusto y con arte. Porque Antonia Viñuelas tenía mucho arte con un bolígrafo y una cuartilla en la mano.


Un día fuí a verla a su casa, creo que estaba por la calle de La Plata, a la entrada de Vera, y allí estaba Antonia, campechana, en su mesa camilla, con una resma de hojas que eran elementales composiciones sobre temas variados de la vida cotidiana de Vera; allí estaba, con sus gafas de concha, con su mirada afilada, como extrañándose de que alguien se interesara por sus cosas; allí estaban, con letra apretada, sus murgas carnavaleras, allí estaban sus poemas sobre callejuelas y plazas de Vera, sobre el mercado, sobre la glorieta, sobre imágenes de la Semana Santa, sobre las bombas de Palomares, sobre Miguel Giménez, el patrón de la fábrica de zapatos, en una composición digna del mejor lírico -"A la memoria de un hombre que se fue" que hace brotar las lágrimas. La acababan de nombrar pregonera del barrio de Verasol y había viajado con su amigo Alfonso Segura a presentar sus versos veratenses a la Casa de Almería en Barcelona. Estaba orgullosa de ello y Alfonso más. Estuvo hasta avanzada edad acudiendo a aprender a pintar o a lo que fuese al Centro de Adultos Barea, porque nunca quería dejar de aprender. Su amiga María Martínez Castro la recordaba tras conocerse su fallecimiento diciendo que "los poemas de Antonia son un canto a Vera". 


Yo no conocí mucho más a esta mujer, a esta trovadora humilde de Vera, pero la recuerdo como el más emocionante ejemplo de quien es capaz de trazar ripios con hondura desde una elemental mesa camilla y un bolígrafo bic. 




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