Mojácar

Un chiringuito de Mojácar regala cerveza si llevas colillas

El Cid es decano de la playa y acaba de abrir temporada con su legendario lema ‘La buena vida’

En El Cid se dan cita familias enteras y se mezclan los nativos con los veraneantes.
En El Cid se dan cita familias enteras y se mezclan los nativos con los veraneantes.

Por Mojácar siempre se ha cumplido con el mandamiento de que el mejor protector solar para la piel es el chiringuito. Y el primero de todos fue El Cid, abierto en 1978, cuando aún no había ni Constitución, pero sí mucho amor libre. Fueron una pareja de americanos los que fueron colocando palos, clavando clavos con el martillo y acomodando un chamizo contra el sol. Llenaron una pequeña nevera de quintos de Henninger y Mirindas y se hizo el milagro: nativos y veraneantes fueron alternando la espuma de las olas con la de la cerveza y formando tertulias de calzón y toalla hasta el atardecer.


Han pasado más de 40 años desde entonces y El Cid, el legendario Cid, que sufrió un incendió y resurgió de sus cenizas como el Campeador de Vivar, sigue estando en el mismo sitio y a la misma hora, ahora visitado quizá ya por los hijos de los primeros veraneantes, quienes han ido cediendo, a su pesar, el testigo. El mismo que han recogido de los americanos fundadores, como en una carrera de relevos, David Giménez y Néstor Pablo, una pareja de madrileños que empezaron viniendo de veraneo, que trabajaron de camareros en el local y que desde  la temporada de 2014 son los que regentan el acrisolado negocio. Y han lanzando un envite ecológico, David y Néstor, en este tiempo de plásticos en el mar y smog en el cielo: “Quién traiga un vaso lleno de colillas de la playa se lo cambiamos por una jarra de cerveza, con tapa incluida, o por una sidrita”.


David argumenta que “es una manera de ayudar a tener limpia la zona de las hamacas por solo un poco de cerveza del barril”.


El Cid levantó su inconfundible persiana de colores esta temporada el pasado domingo, con una actuación en vivo de Essencial y el local conocido como el de ‘la buena vida’ se volvió a llenar con clientela en sandalias y shorts, como un anticipo de la primavera mojaquera que ya se huele.


Un año más allí siguen estando los dardos, el eterno juego de la anilla, la cabeza de piedra de Camarón y el recuerdo de actuaciones memorables en directo de Navajita Platea,Tomasito, Zarrita o La Espartera. 


El sueño americano de Lloyd y Alicia
Lloyd y Alicia, californianos, llegaron en una blanca caravana a Mojácar en los 70 -como tantos- y ya nunca más se fueron. Se habían tomado un año sabático en su trabajo para recorrer Europa y cuando alucinaron con -o alunizaron en- Mojácar, abandonaron la rouloutte y alquilaron un apartamento. Y al poco urdieron la idea de un chiringuito mojaquero, de esos que tanto proliferaban en su conocida Malibú, sin saber aún que iban a crear escuela. Al poco llegaron otros como El Patio, Kon-Tiki y Aku Aku, que mantienen alto el pabellón chiringuitero en esa vieja costa de piratas berberiscos.

 

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