La mitad de pueblos de Almería no tienen cajero ni sucursal

Crecen los servicios de las oficinas itinerantes

Oficina itinerante de Cajamar para municipios sin sucursal
Oficina itinerante de Cajamar para municipios sin sucursal
Manuel León
07:00 • 11 abr. 2019

Esta ‘nueva Almería vaciada’, la del orgullo labriego y pastoril que la pasada semana sacó biceps en la jornada rural en Serón, se refleja no solo en la falta de infraestructuras y servicios, de consultorios médicos, en la carencia de wifi y 4-G, en la ausencia de puentes con el siglo XXI -a pesar de que acabamos de descubrir pasmados cómo es un agujero negro- sino también en la desaparición de las imbricadas oficinas del banco o de la caja en los pueblos pequeños, donde a veces uno entraba y no sabía quién era el cajero y quién el cliente.



Entorno a cincuenta pueblos de la provincia, la mitad del nomenclátor, carecen ya de oficina financiera y de cajero automático. Son municipios que han ido estancando el padrón de habitantes, como Alcóntar, Alcudia, Almócita, alsodux, Benizalón, Bentarique, Illár, Sierro, Suflí, Urrácal o Velefique y tantos más, donde no hay ya ni un simple cajero automático, porque apenas vive gente para sacar dinero, apenas unos cientos de jubilados, que tienen que penar con la desaparición de esa capilaridad que antes ofrecían las cajas.



Es por eso que entidades íntimamente vinculadas a la actividad rural, como Cajamar, han puesto servicios de oficinas itinerantes que visitan varias veces en semana estas poblaciones marchitas para atender las necesidades de los jubilados, sus ingresos, sus transferencias, sus reintegros. También se ha formado a agentes financieros que asesoran en estas pequeñas poblaciones, a las que la digitalización parece que ya nunca va a poder llegar por razones biológicas. 








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