Un Cristo ligado a la historia de Almería

Cuentan que tras tres siglos oculta en una pared, la imagen gritó “¡escucha!”

Un Cristo ligado a la historia de Almería
  • Puerta principal de la Iglesia de Santiago de Almería.
  • La Voz
  • Juan F. Escámez
  • 21:35
  • 29.03.2018

En el inventario que se realiza en 1555 de los enseres disponibles en la Catedral, tras producirse el traslado de la mezquita al nuevo templo, aparece ya la capilla al Santo Cristo. Esta capilla abre en el ábside su ojiva festoneada de genios, hojas, tallos y cardinas labradas. Dispone de una planta rectangular que se transforma en octógono antes de llegar a la bóveda por medio de grandiosas pechinas, que se abren en forma de concha y aguantan el peso de una bóveda de crucería. Está declarada monumento artístico y fue restaurada en 1933.


Esta capilla se realizó al mismo tiempo que el cuerpo principal del templo, por lo que debe de corresponder al mismo autor desconocido que realizó la traza catedralicia. En el momento del traslado, la imagen se colocó en el centro de una imagen de la Virgen y San Juan, conformando el típico calvario. La primera documentación del Santo Cristo de la Escucha data de 1782 en una de las actas del cabildo catedralicio, pero podemos encontrar el origen de la adquisición de la talla en 1555 cuando el canónigo Zamora, encargado de las cuentas de Fábricas Mayor, hace un asiento indicando un libramiento de los cofrades del Santísimo Sacramento para la compra de un crucifijo que costó 6.000 maravedíes, hermandad radicada en la iglesia de San Pedro el Viejo.


Cuando la pista documental se pierde, aparecen las historias populares ligadas al Cristo que procesiona en la madrugada del Viernes Santo en Almería. Una de las historias más conocidas sobre la aparición de este venerado Cristo, cuenta que llegó a la ciudad entre los años 1147 y 1157, periodo que estuvo la ciudad bajo dominio castellano y, que por miedo a la llegada de los almohades, se resguardó oculto tras una pared. Así permaneció más de tres siglos hasta que unos albañiles que estaban trabajando cerca oyeron una voz procedente de la pared que les gritaba “¡Escucha, escucha!”, encontrándolo tras seguir la orden que procedía, según la historia de este milagro, del mismo Cristo. 

Nos cuenta el padre Tapia que la devoción popular al Cristo debió de crecer exponencialmente cuando tras varios terremotos en enero de 1659 -después de haber realizado rogativas a la Virgen del Mar, a la Virgen de la Piedad y a San Indalecio- el cabildo decidió realizar un novenario de misas al Santo Cristo, colocarlo en el altar mayor y una procesión por el claustro de la Catedral. Actos tras los que remitieron los terremotos.


No hace muchos años, el itinerario del Cristo de la Escucha pasaba por la calle de las Tiendas, donde en la iglesia de Santiago era recibido por la imagen de la Virgen de los Dolores de la hermandad de la Soledad. 


Si atendemos a la versión que relaciona al Cristo de la Escucha con el obispo Fernández de Villalán, que cuenta que fue éste quien la adquirió y colocó en la Catedral, nos ayuda a enlazarlo y relacionarlo con otra iglesia que mandó erigir este obispo almeriense, la iglesia de Santiago Apóstol. 


De entre muchos elementos que tienen en común, el más característico es la disposición de las fachadas principales en los muros laterales, y no en el fondo, como la mayoría de las iglesias. 

En estas fachadas principales podemos admirar y contemplar elementos similares, siendo ambas atribuidas a Juan de Orea, arquitecto del Renacimiento español, cuya obra se centra en Granada desde donde fue llamado para diseñar estos elementos en nuestra diócesis. La puerta de esta iglesia está ricamente ornamentada y decorada como exaltación al apóstol, enmarcada por dos parejas de columnas jónicas sobre pedestales y, sobre estas, dos ángeles con un cartel a cada uno en el que se lee ‘Alanvs Quartvs’, que hace referencia al orden que ocupaba Villalán en la sucesión de los prelados nombrado en el recién creado obispado de Almería.


El escudo del prelado preside el dintel de la puerta de la parroquia, al igual que en la Catedral y, sobre él, un sobrerrelieve de la imagen del apóstol Santiago en una escena bélica. 


La iglesia se construyó entre 1553 y 1559 junto al solar que ocupaba una antigua capilla que existía a Santa Lucía. Tras la ejecución de la iglesia, se proyectó una capilla para Santa Lucía y que a día de hoy se mantiene, con bóveda de crucería y portada renacentista.


Durante el siglo XIX se conservaba una pequeña plazuela frente a esta portada, pero que fue edificada por la poca higiene que esta disponía y los peligros que entrañaba. La perdida de esta plaza, provoca que la magnífica portada pase desapercibida para propios y extraños en nuestra ciudad. 


Es fray Diego Fernández de Villalán el primer impulsor urbanístico de la ciudad conventual, de la que aún conservamos las trazas de sus calles en nuestro Casco Histórico.


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