La Catedral, el corazón del Miércoles Santo

Las cofradías han modificado poco a poco sus itinerarios para pasar por allí

La Catedral, el corazón del Miércoles Santo
  • Catedral de Almería es el centro neurálgico de la Semana Santa almeriense el Miércoles Santo.
  • La Voz
  • Juan F. Escámez
  • 23:03
  • 27.03.2018

Si hay un lugar que pueda competir con el Paseo de Almería en cuanto al número de cofradías que ve discurrir es, sin duda, la plaza de la Catedral, salvo la hermandad de la Borriquita y la del Gran Poder, el resto de las cofradías de nuestra semana grande, han modificado poco a poco sus itinerarios para hacer estación de penitencia por la plaza de la Catedral.


En el trascurrir de la historia, la plaza ha tenido diversos nombres: en el siglo XVI se la conocía como plaza de la iglesia y plaza del obispo. Por aquel entonces, la plaza ocupaba un espacio que correspondería con la mitad de la actual. En 1925, se llegó a llamar plaza de San Indalecio, en 1931 era plaza de José Litrán, y en 1939, ya obtendría el nombre que conservamos a día de hoy como plaza de la Catedral.


Hasta obtener la disposición y tamaño actual se realizaron diversos proyectos de alineación de las calles y edificaciones circundantes dilatadas en el siglo XIX, que fueron otorgándole la forma actual, quedando proyectos sin realizar como la alineación de la calle Cubo, que tenía como objeto ordenar esta famosa y tan cofrade calle. 


La calle recibe su nombre por la tipología de las torres que dan forman exterior a las capillas de la girola interior. El proyecto pretendía mantener la línea de fachada del vetusto edificio que hace esquina con la plaza Bendicho, prolongando ésta hasta la calle Eduardo Pérez, provocando la desaparición del edificio donde se ubica actualmente el hotel, proyectado por el arquitecto Cabrera y el paso estrecho entre el hotel y la torre de la catedral.


Nuestra Catedral
Sin perder ni un solo día desde el terremoto que dejó desolada la ciudad un fatídico 22 de septiembre de 1522, el obispo de la diócesis, cuarto en la línea sucesoria desde que se renovó el obispado de Almería tras la reconquista y el primero en residir en Almería, el fraile franciscano Diego Fernández de Villalán, comenzó con la construcción de una nueva sede catedralicia. 


Desoyendo los consejos y recomendaciones que por parte de los mandos militares de la ciudad le hacían, que no era otros que los de levantar un edificio nuevo sobre las ruinas de este, el prelado decidió proyectarlo en otro barrio, junto al resto de edificios que se mantenían en pie, ¿para qué quería el obispo una catedral entre huertos?


Tras disponer de la aprobación del rey Carlos I, fray Diego de Villalán comenzó la ejecución en 1524 a modo de fortaleza con 330 pies (83 metros) de largo y 225 pies (56 metros) de ancho, con la cabecera dirigida al este, donde mandó tallar en mampostería, en el exterior de la capilla central y principal de la girola, un magnifico sol.


Pudo ver Villalán su obra casi completa salvo el muro de la puerta de los Perdones, cubiertas las tres naves, las capillas de la Piedad y del Santo Cristo, así como el inicio de los muros de la torre.

Es curioso saber a través de la obra del Padre Tapia que la catedral, la que tanto estamos acostumbrados a ver con la única piel que ofrece la piedra de la mampostería estuvo blanqueada en su interior. La primera noticia al respecto es de 1668, cuando el doctoral Ignacio de Almansa dirige esta tarea de blanqueo que seguía la moda impuesta en otras catedrales, así como la protección de la piedra. En 1708, el maestro blanqueador granadino Diego Sánchez es contratado por una cantidad de 8.700 reales para repetir estos trabajos. El último blanqueo conocido será en 1804. 


En 1800, el templo quedó afectado por un nuevo terremotoJuan Munar, arquitecto del claustro de la catedral y de la iglesia de San Pedro fue el encargado de examinar los muros dañados y dejando indicada las medidas a tomar, pero la reparación la realizó el arquitecto Manuel Naranjo, proveniente de la Real Academia de Artes de San Carlos de Valencia.


En 1857, el obispo Anacleto Meoro quiso ampliar el templo, tomando el espacio que queda enmarcado desde la capilla de la calle Cubo hasta los pies de la torre, para hacer nuevas capillas entre los contrafuertes, siguiendo el mismo modo que lo hacen en la nave sur. Con esta obra se debería de desplazar la portada principal. Las complicaciones técnicas impidieron que este proyecto se llevara a cabo.


En las últimas obras de intervención en la plaza, se hallaron los cimientos de una torre circular entre los contrafuertes que acotan la puerta principal del templo, lo que presumía que fuera el arranque de una nueva capilla que no se ejecutó.


Como vemos, la Catedral de Almería es un edificio que ha estado "activo" desde su concepción, con constantes proyectos que completados o inacabados, han configurado la imagen actual del principal edificio de nuestra diócesis. 

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