“Los dioses ciegan a los que quieren perder”

Se puede dar por hecho que Feijoó contará con la mayoría absoluta de los almerienses

Imagen de archivo de las elecciones municipales.
Imagen de archivo de las elecciones municipales. La Voz
Francisco Giménez-Alemán
20:01 • 03 jun. 2023

Los resultados de las elecciones municipales en Almería son muy elocuentes del alto índice de contrariedad con el Gobierno de Pedro Sánchez. Si hay una ciudad donde sus ministros hayan incumplido más las promesas, es decir hayan mentido con más descaro, ha sido en Almería. No estoy en condiciones de diagnosticar si la candidata socialista, Adriana Valverde, merecía semejante varapalo, pero como el propio secretario general del PSOE ha manifestado han sido los alcaldes y concejales en sus propias carnes quienes han sufrido lo que para Sánchez es una “injusticia”. O sea, una injusticia avalada por mayorías absolutas que han teñido de azul la piel de toro.



Solo quiero detenerme en los incumplimientos del Gobierno con las comunicaciones de Almería, asunto que no es nuevo pero que en los últimos años ha constituido una auténtica tomadora de pelo para nuestra provincia. Cuando media España está conectada por la alta velocidad y por frecuencias aéreas razonables, nuestra capital permanece servida por infraestructuras ferroviarias del siglo XIX y por aviones a precios prohibitivos que continúan separándonos de Madrid y obligándonos al eterno viaje en automóvil como única alternativa. He perdido la cuenta de las veces que la ministra de Transportes ha venido a retratarse en el marco de la antigua estación para confirmar un nuevo retraso del AVE cuya entrada en funcionamiento ya va por el año 26. Solamente unas semanas antes de la jornada electoral, como ha ocurrido en esta ocasión, el Ministerio anuncia nuevos tramos en obras hasta Lorca para compensar los reiterados incumplimientos en la construcción de una infraestructura vital para la economía almeriense.



¿Y usted me pregunta el porqué del rotundo fracaso socialista en Almería? Pero no solo la alta velocidad ha sido la causa. Está también el problema del agua, compartido con buena parte del Levante tradicionalmente atendida por el trasvase Tajo-Segura y que en esta ocasión ha sido denegado por el mismo Gobierno que presume de la mejor huerta de Europa sin detenerse a estudiar sus acuciantes necesidades. Y está en general el agravio comparativo con otras regiones regadas por los presupuestos del Estado para mantener una mayoría parlamentaria muchos de cuyos “méritos” están escritos con sangre en nuestra reciente Historia o cantados por el independentismo con la negación de la unidad de España. Da vergüenza tener que repetir estos argumentos, pero forman parte del impulso que ha tenido la rebelión del electorado el reciente 28M. Era imposible pensar que tanta felonía le saliera gratis al gran embustero de La Moncloa. El electorado es como una gran esponja que va empapándose durante cuatro años de los mensajes que esparce el Gobierno y al mismo tiempo procesa los que pueden ser verdad y los que son pura propaganda. De estos últimos ha abusado tanto el Ejecutivo que la gente no solo ha dejado de fiarse sino que los ha ido echando en la mochila de las mentiras oficiales. Y la mochila ha terminado por volcar en las urnas todo su malestar, su indignación y su mensaje al Gobierno: ya está bien de engañifas y de promesas siempre incumplidas.



Hago paréntesis para recomendar la lectura del libro que presenta estos días Rodrigo Rato, Hasta aquí hemos llegado, porque además de la sinceridad con la que abre su memoria política a la ascensión del PP, su brillante gestión en la vicepresidencia económica de Aznar y en el FMI, así como a su posterior descenso a los infiernos, el libro –muy bien escrito, por cierto, con la ayuda de su mujer la periodista Alicia González- revela los entresijos de la llegada por los pelos del Partido



Popular al Gobierno de España en 1996 y su excelente primera legislatura que le dio la mayoría absoluta en el año 2000. De estas memorias de Rodrigo Rato se pueden sacar conclusiones beneficiosas para la escalada que Feijoó tiene que hacer de aquí al 23 de julio. Y es que como en aquella ocasión lo más importante es no cometer equivocaciones, que para eso se basta Pedro Sánchez acosado por la sensación de una derrota semejante a la del 28M. Nadie podía imaginar –ni las encuestas lo pronosticaban- que el PP de Aznar iba a obtener en aquel año 2000 183 diputados y más de diez millones de votos, frente a un PSOE diezmado –ya sin Felipe González- que supuso la aparición y despedida de Joaquín Almunia después de una campaña que fue un paseo sin obstáculos para los populares. Se me dirá que las circunstancias no son las mismas, pero sí veo semejanzas en la remontada del PP en las municipales hacia una más que probable repetición de resultados a finales de julio.



Almería es una de las circunscripciones generalmente abonada a las siglas conservadoras. Si nadie mete la pata en las semanas que quedan, se puede dar por hecho que Alberto Núñez Feijoó contará con la mayoría absoluta de los almerienses en esta improvisada cita electoral en la que nuevamente le puede salir a Sánchez el tiro por la culata. Porque como dice el refrán griego: Los dioses ciegan a los que quieren perder.





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