¿Es Almería un laboratorio social y económico del mundo que viene?

En la provincia se están experimentando grandes fenómenos que van a influir en el siglo XXI

Según los datos aportados por los 24 expertos que participaron en las jornadas de reflexión (Re)pensar Almería, organizadas por La Voz, la provincia consolida y mantiene justificadas expectativas de fortalecer la industria agroalimentaria que lleva abasteciendo de productos hortofrutícolas los mercados europeos desde hace décadas; las encimeras que se diseñan y se fabrican en el parque industrial de Cosentino en Cantoria continúan conquistando mercados en los cinco continentes; la utilización del agua en un territorio desolado por la sequía como es Almería continúa siendo un ejemplo mundial en eficiencia; los parques naturales de la provincia no solo mantienen su riqueza paisajística, si no que, además, cada día se adoptan más y mejores medidas para su preservación y puesta en valor.

El sol, que tantas veces resquebrajó torrenteras, desiertos e higueras abriéndolos en cruz cómo crucifijos desolados, se ha convertido en un aliado de la tecnología. De aquella provincia en la que solo abundaba la miseria y la emigración hemos pasado a ser una geografía importadora de emigrantes y exportadora de bienes de consumo y tecnología. Después de mil años de soledad nos hemos convertido en un escenario de acogida en el que conviven más de 120 nacionalidades distintas sin que, tras el horror de los sucesos de El Ejido, se hayan producido episodios significativos de comportamiento xenófobo y racistas.

La llegada de turistas ya no es percibida como una extravagancia sino cómo un fenómeno cotidiano cuyas inmensas posibilidades están aún por satisfacer. Centenares de investigadores aplican cada día su inteligencia en buscar fórmulas para mejorar nuestro sistema productivo. Son numerosos los sanitarios que ocupan puestos de relevancia en los rankings de los mejores especialistas. De nuestra Universidad cada curso salen centenares de alumnos con capacidad contrastada en áreas tan complejas cómo la matemática, la agricultura o la informática. Toda esa realidad tiene también tres grandes zonas de sombra: en el nivel de paro que existe (sobre todo paro juvenil), en la carencia de una infraestructura ferroviaria que nos integre en el corredor Mediterráneo, nos conecte con el centro de la península y comunique la comarca de poniente con la estación en la capital, y en la persistencia amenazadora de la escasez de agua, un combustible sin el que no pueden producir nuestras fábricas de productos hortofrutícolas (qué otra cosa si no fábricas bajo plástico son nuestros invernaderos). Paro, incomunicación ferroviaria y agua, un triángulo de las Bermudas que no oculta el presente pero que si oscurece el futuro y que habrá que superar como siempre hemos superado los continuos cabos de las tormentas con los que la provincia se ha encontrado a lo largo de los últimos setenta años: con trabajo, decisión e innovación. Poniendo la voluntad y la inteligencia en movimiento. 

Llegado a este punto y aparte comparo la amplitud de los dos párrafos anteriores y la luminosidad del primero es abrumadora (y afortunadamente) más amplia que la penumbra del segundo. 
A pesar de los intentos continuados del pesimismo antropológico en el que tan cómodo se han sentido y se sienten tantos (aunque cada vez menos) almerienses, mas cercanos a la mística del “necesito poco y, lo poco que necesito, lo necesito poco”, que al ilusionante reto de ser más padres del futuro que hijos del pasado, pese a ese falso cobijo del fatalismo histórico que nos condenaba a vivir en los extramuros del progreso y a no traspasar la frontera de la periferia del futuro, los almerienses han sabido ver en cada esquina del camino, no el final de una calle, sino el principio de una avenida llena de atractivos por recorrer. 

Almeria es hoy un laboratorio doméstico en el que se están experimentando algunos de los grandes fenómenos que van a influir de forma notable en lo que ya está siendo y va a ser los próximos 80 años del siglo XXI. Las grandes migraciones, la escasez de agua, el avance del desierto, el aumento de la producción agrícola basado en fabricar más con menos coste y la búsqueda urgente de nuevas energías son realidades y retos en los que Almeria ya cuenta con experiencia contrastada. Mas de cien mil inmigrantes, producir más kilos de productos agrícolas en menos superficie y con menos consumo de agua, la instalación de grandes plantas solares y eólicas son probetas que ya llevan años formando parte del paisaje social, económico y académico de la provincia. 

Frente a esta realidad solo cabe la confianza basada en la constatación de una realidad incuestionable: cuando los almerienses han perdido el miedo y se han adentrado en el camino incómodo pero apasionante de la innovación y la incerteza han cosechado más progreso que en todos los siglos en los que bajo el cobijo de una improductiva tradición sólo se dedicaron a ser un territorio de miseria en la que la poca riqueza que hubo siempre estuvo en manos de capital foráneo convirtiendo la provincia en una colonia extramuros del futuro. Y cuánto ha costado darnos cuenta de que lo importante es el futuro porque, como escribió Woody Allen, es donde vamos a pasar el resto de nuestras vidas.   




 

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