De una huerta a otra huerta: Murcia se examina en Almería

La región vecina presenta en La Pajarería sus credenciales como Capital Gastronómica Española

Presentación de Murcia como Capital Gastronómica en La Pajarería de Almería.
Presentación de Murcia como Capital Gastronómica en La Pajarería de Almería.

Hubo un tiempo en nuestra postguerra patria en la que sobresalió la figura del sustanciero. Era un ambulante que iba casa por casa -como si fuera un practicante poniendo inyecciones- con un hueso de jamón al hombro para introducirlo en la olla de puchero de los clientes a cambio de unos reales. Eso es lo que ha ido haciendo Murcia -nuestra vecina- estos últimos meses: llevando su sustancia, su huerta, sus sabores, sus aromas, por distintos rincones del puchero de España, para hacerles notar que Murcia ha tomado el relevo de Almería como Capital Gastronómica. Y aquí, en la ciudad de La Alcazaba moruna y de la tapa fecunda, se ha presentado con diez platillos más estudiados que el primer tema de unas oposiciones para convencer a los almerienses de que no va a desmerecer esa capitalidad del buen yantar que ha heredado.


En La Pajarería, que ocupa el mismo espacio que aquella antediluviana discoteca Garaje, bajo jaulas colgadas del techo y papagayos de verde plumaje pintados en la pared, Murcia, la fronteriza, se ha ido desmelenando este mediodía: que si hueva de mujol, que si escabeche de zanahoria, que si mollete de cabrito o chato murciano con su carrillera y su papada. A los mandos de los fogones, el chef Pablo González-Conejero, doblemente Michelin y triplemente soleado por Repsol,  y en la mesa presidencial el adelantado de Murcia (director del Instituto de Turismo), Juan Francisco Martínez Carrasco, la diputada Carmen Navarro, el el alcalde anfitrión Ramón, edil Carlos Sánchez, y Jesús Vargas, directivo de Cajamar.


Una huerta que venía a otra huerta, con la que comparte relato económico, a presentar sus excelencias tras el tour realizado por toda España: Madrid, Santander, Bilbao, Gijón, Alicante, Valencia y Albacete; una región que venía a Almería, como última parada de esta gira culinaria, con toda su artillería: el sushi de atún de Ricardo Fuentes, una empresa murciana que es la primera de Europa exportando atún y que hunde sus raíces como un anzuelo en la mar divina de Carboneras; los langostinos del Mar Menor; el gazpacho del Altiplano murciano; y el vino de Yecla, ese que tanto coloreaba los mofletes de nuestros abuelos almerienses traído en carros cargados de toneles, solo que ahora con Denominación de Origen. 



Ahí estaba Murcia, con todos sus manjares de la huerta, en otra huerta vecina y competidora, con la bandera blanca desplegada, como cuando los caballeros medievales se acercaban con su caballo a negociar una tregua para evitar enfrentarse en el campo de batalla.


Lo dijo Ramón, el alcalde, con fair play: "Nada nos ha gustado más que entregar el testigo de la capitalidad gastronómica a nuestra vecina tierra de Murcia; lo dijo el adelantado murciano: "Es un honor venir a presentar nuestra propuesta a Almería con la que tantas cosas nos unen, más siendo yo de Lorca".  La Almería que dejó de ser nazarita se llenó de murcianos en el siglo XVI, y ayer la calle San Francisco de la capital, donde más pájaros vuelan en la pared, se volvió a colmar de vecinos murcianicos con lo más granado de su cocina. Serán dos años en los que la capitalidad gastronómica -esa por la que tanto luchó el malogrado Diego García- no saldrá del Sureste. Cinco años aún por delante para estar unidos por tren (cuesta trabajo creerlo pero es así: ni una sola traviesa entre ambas ciudades siglo y medio después del desarrollo del ferrocarril ) con permiso de los Presupuestos Generales del Estado. 



 

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