Memorias de la Balsa de Cela

Es la playa del Almanzora, oasis legendario donde sin pagar un duro se solazan ricos y pobres

A la Balsa de Cela, entre Lúcar y Tíjola, llegaban con sus carros para tomar los ocho días de baños preceptivos, los enfermos de reuma.
A la Balsa de Cela, entre Lúcar y Tíjola, llegaban con sus carros para tomar los ocho días de baños preceptivos, los enfermos de reuma.

Solo había un lugar en la provincia -quizá en el mundo- donde una humilde oveja tenía más privilegios que un señor notario. Ese sitio era la balsa de Cela, en la encrucijada de Tíjola y Lúcar (se puede pasar de un pueblo a otro nadando), un espacio mitológico en la memoria de los almanzoríes desde hace más de un siglo, donde el ganado tenía más derecho que las personas a refrescarse y a sestear porque fue abrevadero antes que baño humano, como parte de una vereda de la trashumancia.



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