El día que los retratos de Alfonso XIII volaron por las ventanas del Paseo

Almería amaneció republicana hace hoy 90 años

Miguel Granados, Nicolás Salmerón García, Rogelio Pérez, Benigno Ferrer, Bernardo Martínez y Juan Company.
Miguel Granados, Nicolás Salmerón García, Rogelio Pérez, Benigno Ferrer, Bernardo Martínez y Juan Company.

Por poco no fue martes y 13 ese día abrileño y limpio como una patena. Al Garaje Americano, en la calle Arapiles, habían llegado dos nuevos Dodge de muestra y por el Paseo del Príncipe la tracción mecánica y animal se disputaban el carril. Caballeros con bastón y sombrero armaron cierto remolino cuando se hizo oficial la contratación de Marcial Lalanda para torear en agosto en el Coso de Vilches.


Los horneros de La Dulce Alianza reponían a media mañana los dulces finos y la bombonería y en la Venta Eritaña en el pórtico de la ciudad, el retén de limpiadoras de Ramón Garrido se afanaba en asear los restos de la juerga de aguardiente y soleá de la madrugada anterior.


Había un bisbiseo, un ronroneo de fondo, en todos los cafés del centro sobre la contundente victoria de los republicanos en la elecciones del domingo anterior. Entre chatos de vino, zarzaparrilla y escupitajos en el suelo empezó a crecer el rumor de que el Borbón cedía sus derechos dinásticos y salía por piernas del país.



Políticos como Miguel Granados, Eugenio de Bustos o Cayetano Torres, contra todo pronóstico, habían ganado esas elecciones municipales que supusieron todo un plebiscito para la renuncia de Alfonso XIII y para todo lo que estaba por llegar.


En los colegios electorales ya se intuía cierto aroma a cambio en la sociedad almeriense, con los nervios a flor de piel. Se produjeron incidentes en el Colegio de El Zapillo. Se vieron muchos jóvenes, con gorra y chaleco de pana, luciendo varas y garrotas, pero la sangre no llegó al río. Conforme avanzaba ese martes día 14, con las noticias que llegaban a través de la radio y el telégrafo, los almerienses se fueron echando poco a poco al Paseo con muestras de regocijo tímido al principio y después en algarabía.



El Heraldo, La Crónica Meridional y la entristecida y monárquica Independencia, imprimieron ediciones especiales voceadas por los infantes al grito de ¡Ya está aquí la República, Abdica Alfonso XIII! Por la tarde, con Almería entera en la calle, el Gobernador civil, Contreras Valiñas, autorizó una manifestación que ya se estaba produciendo de hecho. La banda municipal hizo sonar La Marsellesa y el Himno de Riego y la primera bandera republicana se colgó en el mástil de la oficinas de Correos y Telégrafos en medio de aplausos y vivas a la República.


La muchedumbre encabezada por los concejales republicanos recorrió el Paseo del Príncipe que pronto habría de llamarse Avenida de la República; los periodistas merodeaban por los centros oficiales en busca de noticias cuando a las nueve de la noche empezaba a disolverse el gentío en la Plaza de San Sebastián y los almerienses de la época, los abuelos de los actuales, empezaron a llenar bares y tabernas a comentar las incidencias de un día tan crucial hace ahora 85 años.


Se hizo cargo del Gobierno provisional, el presidente de la Audiencia Luis de Torres y al día siguiente fue declarada Fiesta Nacional: no hubo niños en las aulas, ni golpes de yunque en la fábrica de Oliveros.


Amanecía un nuevo tiempo en Almería, preñado de ilusión en el porvenir y los almerienses se subieron a un tren que descarriló tan sólo un lustro después.

 

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