“Hace años que lo pienso: no vale la pena el rencor, ni sufrir“

A. Emilia Megías Puerta vive en Aguadulce, tiene 80 años y ha escrito un libro

A. Emilia Megías Puerta
A. Emilia Megías Puerta La Voz

Vive en Aguadulce, tiene 80 años y ha escrito un libro. Dejó la escuela con diez para ayudar en casa. Hay gente demasiado buena como para ignorarla.


¿Se ha vacunado ya contra la covid-19?

Pues no. Me enviaron una carta de la mutua para verificar mis datos y como todo estaba bien, no les he escrito. Estoy esperando a que me llamen ellos.



Mucha gente dice que su vida da para un libro. Y usted se atrevió.

Se llama ‘Pinceladas de una vida’. Es un relato que ni comienza ni acaba, sino momentos, experiencias vividas y poesía recogidas en un libro. Me encanta la poesía.



¿Qué cosas le inspiran hoy un poema?

Cualquier cosa. Lo mismo escribo a un pastor que a unas flores o a la espiritualidad. Le he dedicado una poesía a mis nietas.


¿Cuántos nietos tiene?

Tengo cinco nietas y cinco nietos. Y ahora en mayo va a venir una florecilla preciosa que va a ser mi primera bisnieta y que se va a llamar Manuela.


Ay, Julio Iglesias cantando a ‘Manuela’ “... Soy dichoso como nadie...”

(Canta) “... porque cada día me espera la dulzura de sus besos y ese amor inmenso que me da Manuela” (se ríe). Estamos loquitos porque llegue ese día.


¿Qué relación tuvo la música con su trabajo en una sastrería?

La sastrería fue una etapa de mi juventud con 13 años. Trabajábamos 30 chicas cosiendo. Me salí a los tres años porque no veía futuro. Ganaba una peseta al día y yo me veía más veterana de lo que aparentaba. Entonces monté mi propio taller.


¿Qué música escuchaba en el taller?

Sonaban muchos boleros que hablaban de los sentimientos, de los fracasos y de la vida en los años cincuenta. Antonio Machín y Los Panchos y, ‘Caminemos’; una canción que sonaba

mucho.


Esa canción dice que “Es preferible olvidar que sufrir”. ¿Qué cosas suele olvidar?

Hace bastantes años que pensé que no vale la pena tener rencor, ni sufrir, ni pensar en lo que ya pasó, aunque te haya hecho daño. Sólo quiero paz y tranquilidad; vivir en paz conmigo misma y, para eso, tengo que estar en paz con todo el mundo.


Se supone que a los 80, como a los 30, gusta el trato con afecto. ¿Usted lo recibe?

Vivo en Aguadulce donde tengo todo el cariño de mi familia pero me gusta ir a mi pueblo, Dúrcal, en Granada, porque allí están también mis amigas que me quieren mucho.


¿Qué era la libertad en su juventud?

No tuve ninguna libertad. Mi padre me dejaba jugar poco en la calle. Dejé el colegio con 10 años para ayudar a mi padre en el campo y luego cosía en la casa; de madrugada bordábamos el ajuar. Algunos domingos íbamos las amigas al campo, nos llevábamos la merienda y yo recitaba poemas.


¿Nunca se resistió como una niña cuando se niega a que la sienten en el carrito?

En 1950 nos tomábamos lo que pasaba en España como una cosa normal.


Dice que le gusta Mari Trini cantando ‘Amores’: “Quién no escribió un poema huyendo de la soledad”.

Solo he tenido un amor en mi vida. Conocí a mi marido con 17 años y estuvimos 60 años juntos. Y sobre la poesía, hay muchas en mi libro. Escribí de madrugada los poemas “Me olvidé” y “Rosas vencidas”, y lo sigo haciendo cuando me viene la inspiración.


¿Qué es un refrán?

Es la cultura hablada de la gente que tenía inteligencia pero no sabía escribir.


Díganos uno.

Mi madre decía que hay que llevarse bien con todo el mundo. ‘El bueno para que te honre y el malo para que no te deshonre’.


Un recuerdo familiar imborrable.

Mi marido de joven tocaba el acordeón. Un día se presentaron mis hijos en Aguadulce y le regalaron uno. Fue una emoción que no esperaba y un momento maravilloso para todos escucharlo tocar música en la terraza de nuestra casa. Lo estuvo tocando hasta antes de irse.


¿Cómo ocupa el tiempo en casa?

Por la tarde veo una novelilla que se llama ‘Dos vidas’ y luego el concurso ‘Pasapalabra’. Ayer estuve repasando en la tablet el poema ‘Ahora me toca a mí’, de Rafael de León.


Hay dos libros: ‘Háblame de ti, abuela; y abuelo’, de Mónica Koprivova. ¿Qué regalo es útil para usted?

Cualquier cosa hecha desde el cariño. En mi 80 cumpleaños uno de mis hijos y su mujer me sorprendieron con 15 macetas (se ríe).

 

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