Noche de nervios, riada y rescate en el camping de Cabo de Gata

La Rambla Morales anegó el complejo turístico, obligando a evacuar a 60 personas a El Toyo

Más de medio centenar de turistas difícilmente olvidarán su viaje de septiembre a la costa almeriense: la gota fría hizo acto de presencia en la madrugada del viernes en el camping de Cabo de Gata de una forma devastadora, hasta tal punto que 60 personas tuvieron que ser desalojadas hasta El Toyo para poner a salvo sus vidas.


“Serían las 3 de la mañana. En nada, en cuestión de cinco minutos, se nos subía el agua desde los tobillos hasta la rodilla”, narra una turista venida desde Andorra hasta un camping que, en la mañana de ayer, parecía el perfecto escenario de una tragedia que, por fortuna, no llegó a producirse.


Horas tensas

Efectivamente, eran las 3 horas de la madrugada cuando el agua sorprendía a los turistas del camping y al vigilante


Paradójicamente, los testigos plantean que no llovía excesivamente. De hecho, fue la Rambla Morales la que, al salir de su cauce, provocó el caos en el camping.




Un vehículo calcinado a causa de un cortocircuito provocado por el agua.
Un vehículo calcinado a causa de un cortocircuito provocado por el agua.Álvaro Hernández


“Hemos salido como hemos podido, con el agua por la cintura, hacia el baño. Nos hemos quedado en el baño y nos hemos subido encima del mármol del baño para estar a salvo”, recuerdan las turistas andorranas en la relativa tranquilidad del Palacio de Exposiciones y Congresos de El Toyo, lugar hasta el que fueron evacuados parte de los afectados por esta riada.


En concreto, las familias con menores fueron alojadas en los hoteles de la zona de El Toyo, mientras que los afectados con necesidades farmacológicas fueron acompañadas al centro médico de la zona. Los demás, fueron atendidos por Cruz Roja en este improvisado centro de acogida coordinado por el Ayuntamiento de Almería.


El desastre

La mañana de ayer, tras la tormenta, estaba soleada y calmada en un camping que, a decir verdad, bien podría pasar por un campo de batalla.


Barro por doquier, objetos personales abandonados por el capricho del agua e incluso una caravana calcinada y aún humeante como consecuencia de un cortocircuito en plena riada: este es el panorama que quedó como consecuencia de la catástrofe, de la que aún era testigo José Martínez, gerente del camping.


En cinco minutos ha sido entrar el agua por la puerta, romper el muro de la izquierda y el de la derecha buscando camino para la rambla y pasar a un metro veinte o un metro cuarenta de altura en cuestión de minutos”, narraba para LA VOZ Martínez.


Y en la zona del fondo del camping, la muestra: en los baños (cuyas puertas han sido arrancadas por la fuerza de la riada), un par de lavadoras sirven de medida del terror vivido unas horas antes. La marca del barro, un palmo por encima de estos electrodomésticos, indica hasta dónde llegó el agua mientras los huéspedes del camping buscaban una salida “nadando hasta la cafetería”.


A la entrada del camping, la pequeña tienda que hace las veces de supermercado es aún una balsa de barro con comestibles flotando y un frigorífico volcado. “Recuperar esto va a costar más de un mes de trabajo de muchas personas. Como poco. Lo importante es que no le ha pasado nada a nadie y solo ha habido nerviosismo… Solo eso”, rememora entre lágrimas Martínez. Desde luego, pocos  olvidarán esa noche de nervios del verano de 2019.

 

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