La puesta en escena de Ana Julia: buena imagen y lágrimas

La acusada mostró calma al inicio, pero se rompió tras la entrada de los miembros del jurado

Esteban Hernández Thiel, Beatriz Gámez y Ana Julia Quezada conversan en el inicio de la vista oral
Esteban Hernández Thiel, Beatriz Gámez y Ana Julia Quezada conversan en el inicio de la vista oral Néstor Cánovas

Sonó el despertador de Ana Julia Quezada en la solitaria galería del módulo de mujeres del centro penitenciario de El Acebuche y la maquinaria comenzó a funcionar. A las 8.27 horas, el furgón de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional cruzó los muros de la cárcel y tomó rumbo a la Audiencia Provincial de Almería, acordonada ante una avalancha de medios de comunicación acreditados.


La presencia de periodistas eclipsó la discreta presencia de público que, a diferencia de las comparecencias de la acusada en el Juzgado de Instrucción número Cinco de Almería y la Comandancia de la Guardia Civil, decidió increparla desde casa. Al filo de las nueve de la mañana, la hispanodominicana entró en el Palacio de Justicia de Almería. Chaqueta oscura y blusa blanca. Pelo liso. Delgada. Un aspecto mucho más saludable que el mostrado aquellas tardes del mes de marzo del año pasado cuando recorría con sudadera roja y capucha la finca de Rodalquilar donde Gabriel Cruz murió asfixiado entre sus manos.


Era la primera salida de la acusada del centro penitenciario desde que a finales de diciembre regresara al régimen de protección tras un incidente con una compañera de módulo en el comedor. Desde entonces ha estado prácticamente aislada, con el único contacto de una interna con quien comparte celda y un reducido grupo de funcionarios de El Acebuche.


La presencia de Quezada en la sala de vistas tendría todavía que esperar. La elección de los miembros del jurado popular llevó su irrupción ante el tribunal (y ante los medios de comunicación) hasta más allá del mediodía. Ya sin chaqueta, con gesto serio y nervioso, la procesada tomó asiento junto a sus letrados. Beatriz Gámez y Esteban Hernández Thiel le daban las últimas indicaciones, incluida una advertencia sobre los micros ya abiertos en la sala.

Jurado
Ana Julia mantuvo una firmeza inicial en el gesto, una calma casi impostada, que se rompió nada más entrar el jurado popular. Los nueve titulares y dos suplentes se sentaron frente a la acusada y ésta comenzó a llorar desconsolada. La escena se repetiría en varias ocasiones a lo largo de  la hora y cuarto de alegatos de la fiscal Elena Fernández Lora, la acusación ejercida por Francisco Torres y la defensa ejercida por Esteban Hernández Thiel.


Algunos gestos de desaprobación y confesiones boca oído a su abogada, Beatriz Gámez, sentada a su lado, casi tocándola. Entonces la magistrada Alejandra Dodero, presidenta del tribunal en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Almería, interrumpió la sesión. Eran aproximadamente las dos de la tarde y la acusada debía volver a El Acebuche, donde cumple prisión provisional por el presunto asesinato de Gabriel Cruz.


Allí regresó con su imagen cambiada, para algunos parte de una estrategia pensada por calar en el jurado popular y mostrar seriedad a su versión, para otros parte de una corrección natural en un proceso de estas características. Este martes, segundo asalto. Esta vez con Ana Julia Quezada como protagonista principal. Será a partir de las 9.30 horas en el Palacio de Justicia de Almería.

 

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