Los 146 almerienses asesinados en los campos de exterminio nazis

El boletín Oficial del Estado publica la lista oficial de las víctimas de Hitler

Algunos de los almerienses que perecieron en Alemania. La lista completa  se puede consultar en la edición en papel.
Algunos de los almerienses que perecieron en Alemania. La lista completa se puede consultar en la edición en papel.

María Alonso Alonso, almeriense de Santa Fe de Mondújar, salió en 1939 por la frontera francesa camino del exilio, huyendo de una Guerra en la que le tocó trabajar como enfermera en el bando de los perdedores.


Tras azares y avatares desgraciados y por su colaboración en la resistencia francesa contra los alemanes, fue apresada y acabó con sus huesos en el campo de concentración de Auschwitz, donde murió de hambre un día de febrero de 1943. María Alonso fue la única mujer de la provincia -que se sepa hasta ahora- que falleció en un campo de concentración alemán. Su nombre, en letras digitales, apareció por primera vez en la edición del Boletín Oficial del Estado del pasado viernes 9 de agosto, junto con el de 145 nombres más de varones almerienses malogrados en los campos nazis hace ahora más de 70 años. 


No tuvieron la suerte o la capacidad de supervivencia de otro centenar más de urcitanos que sí tuvieron la posibilidad de escapar de ese horror y vivir para contarlo, los dos últimos Joaquín Masegosa Rodríguez y Antonio Muñoz Zamora, fallecidos en 2001 y 2003 respectivamente.


La mayor parte de estos nombres olvidados -131- que ya casi que no suponen nada para nadie, que los engulló el paso del tiempo, que fueron quemados en hornos de calcinación a miles de kilómetros de su pueblo, penaron en el campo de Mauthausen (hoy Austria) y en su satélite de Gusen. El resto -15- lo hicieron en Dachau, Auschwitz, Hartheim, Neuengamme, Leitmeritz. 


Carpetas arrinconadas Forman parte, estos malaventurados almerienses, de los 4.427 nombres españoles que han salido a la luz en el Boletín por la decisión del Gobierno en funciones de Pedro Sánchez para darles publicidad y que los familiares interesados puedan practicar alegaciones o correcciones en el plazo de un mes, a través del Ministerio de Justicia.


Durante años, todos estos miles de apellidos y nombres de pila estuvieron arrinconados en unos viejos libros en el Registro Civil madrileño de la calle Montera de Madrid. Miles de pequeñas historias personales, engullidas por un manto de olvido tras ser víctimas de los crímenes del nazismo.


La mayoría fueron almerienses republicanos que lucharon en dos guerra -la española y la francesa- y que acabaron en el peor sitio del mundo en esos días: los campos de exterminio nazi. Se busca también con esta iniciativa administrativa que los descendientes puedan inscribir las defunciones de sus deudos en el Registro Civil y devolverles así su dignidad.


En la publicación de estos nombres, ha colaborado un grupo de investigadores dirigidos de la Universidad Complutense para ir puliendo posibles errores de fechas y apellidos. A los 4.427 nombres que aparecen en los libros de registro, se han añadido 695 más tras el trabajo de los historiadores, aunque el trabajo nunca se puede saber con precisión si está completo, tras contar con el apoyo de la asociación Amical Mauthausen. 


Se sabe que algunos de los hijos y nietos de los asesinados en esos campos alemanes, que lo pudieron acreditar, recibieron a partir de 2006 pequeñas compensaciones económica del Gobierno francés por su participación en la defensa del país durante la II Guerra Mundial. El principal investigador almerienses durante los últimos años de los almerienses que penaron en campos alemanes es el virgitano José Sedano, quien elaboró la primera lista de almerienses que pasaron por ese holocausto en el pasado siglo XX. 


Hasta que los campos de Mauthasen y Gusen fueron liberados por las tropas americanas el 5 de mayo de 1945, algunos de esos almerienses supervivientes tuvieron un papel destacado para que el genocidio no se olvidara. 


Fue el caso de Jacinto Cortés, un pechinero del Komando Poschacher, que con solo 19 años consiguió esconder en un cuenco de leche los negativos de las fotografías que de ese horror diario iba haciendo Francisco Boix, el fotógrafo catalán preso en Mauthausen, que declaró en el juicio de Núremberg y cuyo testimonio gráfico fue clave para demostrar la barbarie cometida por los SS.


También está documentado por las fotografías que fue el gadorense Juan Camacho Ferrer, el liberado que derribo el águila alemana que presidía el pórtico de piedra del campo de concentración de Mauthasen.


 

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