“No es bueno tanto cambio en el Código Penal, se pierde seguridad jurídica“

Entrevista con Rafael García Laraña, magistrado de la nueva sección de apelación del TSJA

El magistrado Rafael García Laraña, fotografiado para la entrevista en el que ha sido su despacho de la Audiencia Provincial de Almería
El magistrado Rafael García Laraña, fotografiado para la entrevista en el que ha sido su despacho de la Audiencia Provincial de Almería Juan Sánchez
Antonia Sánchez Villanueva
10:28 • 09 dic. 2018 / actualizado a las 15:05 • 09 dic. 2018

Natural de Jaén, llegó a Almería en 1984 al entonces Juzgado de Primera Instancia e Instrucción uno y después pasó a la Audiencia Provincial, donde en los últimos cinco años ha sido presidente de la Sección Segunda, especializada en asuntos penales. En sus más de 30 años de ejercicio se ha ganado una excelente reputación como jurista y la consideración unánime de los profesionales. Ahora da el salto al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía como magistrado de la Sección de Apelación de lo Civil y lo Penal. El magistrado Rafael García Laraña se va a Granada pero deja huella en Almería. No por exposición mediática, prácticamente inexistente a lo largo de más de tres décadas, sino por el buen cartel que deja entre los operadores jurídicos. Afable y buen conversador, dio a La Voz una de las pocas entrevistas hasta ahora de su vida profesional pocos días antes de incorporarse a su nueva plaza. 






Es un jurista con muy buena prensa entre sus colegas y personas del ámbito jurídico. ¿Es consciente?



Esta fama que dice que me atribuyen se debe en gran medida al cariño y al respeto que nos tenemos entre muchos profesionales de la administración de Justicia. Son muchos años de trabajo en común, cada uno en nuestra función, siempre manteniendo todo el mundo su profesionalidad. En cualquier caso, si hay algo de ese prestigio, se debe en gran medida a todo lo que he aprendido de tantísima gente que sería imposible enumerar y que le enseñan a uno sin darse cuenta ellos de la cantidad de cosas que tengo que agradecerles. 



Su carrera de más de 30 años se ha desarrollado en gran parte en Almería, ¿cómo ha visto evolucionar la Administración de Justicia en esta provincia?



Con un aumento considerable de la litigiosidad, tanto civil como especialmente en el ámbito penal, y ello también se nota en el aumento de órganos judiciales. Ha cambiado también en la complejidad por dos cosas. Una, los delitos por droga se han incrementado en cantidad y en calidad, entre comillas, por la profesionalización de algunas bandas organizadas. Y luego,  en el ámbito de la corrupción, que afloraba menos. Hoy aflora más y es positivo pero también produce mayor complejidad en las cargas de trabajo que soportan los órganos judiciales. Por eso, aunque se han creado muchos, hacen falta más plazas. 



¿La carencia es más en órganos unipersonales o el cuello de botella está en la Audiencia?



Los órganos unipersonales no es que sean muy escasos pero sí deben ser incrementados sobre todo en algunas zonas. En la Audiencia, en las secciones penales no se aprecia un atraso. Vamos, modestia aparte, relativamente bien gracias al esfuerzo de todos mis compañeros y compañeras. Pero haría falta a corto plazo incrementar la plantilla de las secciones, porque se da cada vez con mayor frecuencia los juicios que, sin llegar a ser macrojuicios, duran diez, doce sesiones completas, con lo cual ralentizan otros asuntos. También ha aumentado de manera considerable la cantidad de juicios de jurado, que son de bastante complejidad.


¿Desde el punto de vista penal es Almería una provincia preocupante?

Tampoco quiero ser alarmista. Lo que sí es cierto es que existe una criminalidad específica en el ámbito de los delitos contra la salud pública por la entrada de droga vía marítima. Y existe también un aumento en delitos contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, temas de trata, pateras etc. También en el ámbito de los delitos contra la libertad sexual se ha venido dando últimamente un aumento, imagino que parejo al de otras zonas de España, pero aquí lo hemos notado de una forma muy clara. 


La corrupción detectada ¿es la punta del iceberg?

No creo que los casos que aparecen sean meramente la punta de un iceberg que esconde una monstruosidad de asuntos. No creo. Lo que es evidente es que los delitos de corrupción existen y está claro que requieren unas técnicas de investigación, más complejas que delitos más simples contra el patrimonio, porque los corruptos también saben organizarse y crearse sus parapetos y sus coartadas para ocultar las actividades o los ilícitos ingresos que reciban. Yo creo que cada vez hay más conciencia, no solo en la ciudadanía, también en los poderes públicos y en la Administración de Justicia, en el sentido de que esto hay que perseguirlo con tolerancia cero. 


¿Se ataja con medidas punitivas ejemplarizantes o es cuestión también de educación?

Qué duda cabe que la formación ética de una sociedad es determinante, pero para todo tipo de cosas, sin necesidad siquiera de descender al ámbito delictivo. Para mí es muy importante la educación cívica, que la gente sepa respetar las ideas del contrario. En la corrupción también influye a veces el mal ejemplo de algunas personas que por sus cargos debieran ser portadoras de conductas ejemplares. 




La figura del jurado, en su opinión, ¿ha sido exitosa?

Hasta ahora funciona razonablemente bien. Los juicios de jurado tienen una complejidad añadida como es tener que constituir un tribunal especial formado por once personas que parten de un total de candidatos iniciales de 36, a su vez extraídos de una bolsa de miles de personas. Todo esto lleva una intendencia. Pero lo cierto es que los jurados cumplen generalmente su función con responsabilidad, motivan su veredicto como debe ser. Y en más de un juicio he visto que los jurados preguntan, con un ejercicio, insisto, de responsabilidad, y de saber que están prestando un servicio enorme a la sociedad. 


¿En qué se ha sentido más cómodo, como magistrado de instrucción o en un órgano como la Audiencia?

Cada cosa tiene su época. Yo recuerdo la época de juez de instrucción con mucho cariño, pero era mucho más joven. En la Audiencia he conocido a muchísima gente. En estos años he procurado mantener muy buena relación con todo el mundo. Y estos cinco últimos años que he presidido la sección segunda para mi solo pueden ser objeto de buenos recuerdos, porque no es normal la suerte que he tenido con los compañeros, no solo los magistrados y la letrada, también todo el personal. Aquí hay un ambiente de cordialidad, de no escaquearse nadie, de ir a aportar y no a poner zanjas. 


En 2016 el Poder Judicial les felicitó por su nivel de resolución, ¿cuál es la clave de esa eficacia, trabajan más, han tenido más suerte?

Sin compararnos con otros, porque aquí todo el mundo trabaja seriamente, creo que en nuestro caso hubo dos claves. Una es la organización, somos una sección con muy buen ambiente, pero eso no quita para que seamos una sección organizada, el trabajo requiere un orden en los señalamientos, en el seguimiento de los asuntos. Y, en segundo lugar, requiere una aportación de todos, y en esto  es en lo que responden mis compañeras y mis compañeros magníficamente. Aunando estos dos puntos las cosas salen. 


Bajaron muchísimo la pendencia. 

La verdad es que sí. Pero no se trató de hacer un esfuerzo titánico, de ir a poner más sentencias que nadie, sino de mantener un orden. Por ejemplo, si se suspende un asunto, poner otro en su lugar. El resto de las secciones, tanto la tercera como la primera, me consta que hacen un trabajo también muy meritorio. A nosotros nos influyó mucho la magnífica labor de mis compañeros y nos satisfizo esta felicitación. Eso siempre alegra, da ánimo y autoestima a cualquiera, sería tonto negarlo.  


En tres décadas de profesión la mochila de experiencias debe ir bien llena, ¿algo le ha marcado?

Asuntos profesionales marcar no, porque uno no puede hacer un drama personal de los dramas humanos que ve, eso repercutiría en el equilibrio personal, y en el propio trabajo. Lo que sí ha habido es épocas de un especial agobio y de acumulación de asuntos. En ese momento lo que hay que hacer es arrimar el hombro, capear el temporal, y trabajar con el esfuerzo que se pueda. Y lo que sí es la tristeza de algunos compañeros que se nos han ido, como fue el teniente fiscal, Juan Bautista Parra, que era amigo mío, o como Andrés Vélez, compañero de sección. 


Todos somos resultado de nuestra educación, ¿cómo se quita uno los prejuicios cuando juzga? 

Depende cuáles sean esas ideas preconcebidas. Yo personalmente no tengo prejuicios mayores, y creo que un juez no es bueno que los tenga. Si hipotéticamente hubiera un juez que tuviera tendencias racistas, no sería un buen juez, o que fuera machista, quitando el cierto machismo que seguramente tenemos todos por una educación de siglos. Pero me refiero a alguien que tuviera prejuicios grandes. Yo creo que la mayoría de los jueces, al menos los que yo conozco, no los tenemos.  Naturalmente, lo que sí tenemos, pero eso es algo humano, es que nos repelen muchas conductas antijurídicas, y algunas especialmente. No nos repugna lo mismo el señor que hurta un CD que el que comete delitos de tipo sexual, y más con niños. Pero, a la hora de juzgar, uno está ante alguien a quien se acusa y se centra en aplicar el Código Penal. 



¿A veces tragan sapos?

Claro, a veces uno está escuchando algo y dice, qué me están contando…


…Pero no se tiene ni que notar.

No se nota. 


¿Hay delitos con los que habría ser más indulgentes?

La respuesta está en el Código Penal, no es la misma pena para un delito de hurto que para un robo con violencia. Es verdad que hay delitos que uno piensa que deberían estar menos sancionados y otros que quizá deberían estarlo más, todo es opinable. Pero es el legislador el que cambia los tipos penales, incluso a veces tiende a cambiar  en caliente, que no es bueno. 


Cuando hay sentencias que provocan reacción social, ¿no hay que cambiar el Código Penal?

Yo creo que no. Lo que hay que hacer en primer lugar es esperar al recurso porque las sentencias no son firmes de por sí. Y en el caso en que la sentencia sea firme y se esté disconforme, está abierto por supuesto el derecho a la discrepancia. Ahora, extraer de una sentencia postulados generales, como se ha dado algún caso concreto…


Hablemos por ejemplo del caso de la sentencia de La Manada.

Por ejemplo, me parece muy legítimo que se discrepe de esta sentencia. Ahora, decir que los jueces no saben distinguir los derechos de la mujer, que necesitan formación en materia de violencia contra la mujer… No voy a entrar a valorar una sentencia, pero sacar de un supuesto concreto una conclusión tan general como que los jueces españoles son unos cafres, creo que es una barbaridad, un silogismo absurdo. Lo mismo que me parece absurdo decir, como no me gusta esta sentencia hay que cambiar el Código Penal. Si cada vez que no nos gusta una sentencia cambiamos el Código Penal, nos volvemos locos. 


Estaría en construcción permanente. 

Efectivamente. Es verdad que el Código Penal por circunstancias de la vida ha tenido una serie de cambios importantes. Tenemos una legislación motorizada. Eso en la legislación administrativa es más frecuente, pero en la penal no es bueno que haya este cambio tan grande porque va en demérito de la seguridad jurídica. Los ciudadanos tiene obligación de conocer la ley, pero también hay que ofrecerles cierta quietud y no estar cambiándosela todos los días. 


¿Se tiende a culpar a los jueces de la Ley cuando no nos gusta?

No quiero generalizar, porque la gente en general tiene un sentido común medio bastante sano pero sí hay casos focalizados en los que se echa la culpa al juez. Además, siempre al juez, no al fiscal, de lo cual me alegro por el fiscal, pero el juez de oficio no puede condenar, tiene que haber un principio acusatorio y tiene que haber quien le esté pidiendo esa pena. Pasó hace tiempo en el caso del aborto, se decía que qué brutos eran los jueces, incluso por algunos responsables que podían cambiar la ley. A veces se echa la culpa a los jueces de una mala o de una discutible regulación legal.


De todas maneras, admitirá que los jueces también se equivocan a veces, son humanos. 

Por supuesto. Si no, sería sorprendente. Una cosa naturalmente es equivocarse y otra hacer barbaridades. Es explicable que un juez adopte una decisión controvertida y que sea revocada por el tribunal superior, e incluso que el TSJ la revoca, y después el Supremo revoca la del TSJ, y confirma la de abajo. ¿Aquí se equivoca uno, se equivoca el otro, se ha equivocado el Supremo? Es que el Derecho es muy relativo, el sistema de recursos es el que establece la seguridad jurídica. Lo que no es justificable es que un juez adopte decisiones contrarias a derecho, y por eso es el único funcionario que puede cometer prevaricación culposa, se le condena cuando prevarica, aunque no sea a caso hecho. 


¿Los jueces deben estar pegados a las inquietudes sociales o mantener distancia con los debates públicos para no contaminarse?

No es que el juez deba estar inserto en la sociedad, es que lo está necesariamente y sería malo que se mantuviera alejado. Cuando dicen, los jueces deben estar en la sociedad… ¿y yo dónde estoy? Yo vengo a trabajar, igual que usted, y luego voy a mi casa y no encierro en una burbuja de cristal… saco a mi perro por la mañana, voy al mercado…..


¿Y lee los periódicos, ve los informativos?

Claro, y tengo muchos  amigos que no tienen nada que ver con la Justicia.  El juez debe saber en la sociedad que vive, incluso me parece importante que conozca la sociedad local en la que vive.


¿Qué puede percibir la ciudadanía cuando sucede algo como lo del Tribunal Supremo con las hipotecas?

Seguramente no se ha gestionado bien el tema. Hubiera sido deseable que este asunto hubiera sido avocado de principio al pleno para evitar este salto de sentencia y de rectificación posterior. También es verdad que es muy fácil hablar desde fuera. Dicho esto, lo que ha ocurrido tampoco es ninguna monstruosidad. Sencillamente se ha dictado una sentencia por la sección que lleva los asuntos tributarios, que después se ha pulsado que el asunto es de suficiente nivel como para avocarlo al pleno para evitar luego sentencias contradictorias. Se ha adoptado con una mayoría muy reñida pero en los tribunales la mayoría reñida es mayoría. 


Y a los pocos días los partidos pactaron a un presidente del Poder Judicial [después renunció] antes de elegir a los vocales que debían elegirlo. ¿Va en detrimento de la imagen de la Justicia?

Sin duda, y no por la categoría de la persona que designaron, pero el sistema este de que al presidente del Tribunal Supremo lo nombren los líderes de los dos partidos mayoritarios a mi juicio contradice lo que establece la Ley Orgánica del Poder Judicial. Es que se sabe a quién van a proponer los vocales, cuando todavía no se sabe quiénes van a ser los vocales, van nombrados ya con el encargo de a quién votar. No es muy de recibo. 




¿Habría que cambiar el sistema de designación o solo guardar las formas?

Si se hace a escondidas estaríamos en las mismas. Lo deseable sería aumentar el nivel de cumplimiento ético de estos cometidos. El Tribunal Constitucional cuando declaró constitucional el sistema que adoptó la Ley Orgánica de 1985 dijo que se debía evitar el sistema de atribución de cuotas, que debía atribuirse según criterios de competencia, de capacidad, de nivel jurídico. Por supuesto que los candidatos tienen un alto nivel de competencia, eso no se discute, pero ¿se está cumpliendo lo que dijo el Constitucional? Me parece a mí que no.


¿Flaco favor le hace a la Justicia?

Pues sí. No se trata de que luego vaya a influir eso en la Administración de Justicia. El Consejo no puede dar instrucciones a los jueces y tribunales a la hora de dictar sentencias, y realmente actúa con ecuanimidad. Pero hay un fallo de origen, no basta con esa ecuanimidad de los vocales, también debe atenderse a su pulcritud de nombramiento. 


¿Qué es para usted la Justicia?

Para mí es la garantía de que vivimos en una sociedad civilizada, de que todos los ciudadanos tengamos respetados nuestros derechos básicos y de que la gente tenga la certeza de que están los tribunales para ampararla. Por eso es tan importante tener dotados de medios a los tribunales porque una justicia carente de celeridad se debilita mucho. Los jueces hacemos todo lo posible por cumplir esta función y somos en general gente ilusionada. Uno se alegra cuando, entre algunas críticas, a veces también se nos reconoce.



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