Actuó sola, por celos y ocultó el cadáver durante 12 días

Así fue la Operación Nemo según la Guardia Civil

El comandante de la UCO Jesús Reina y el teniente coronel de la Comandancia de Almería, José Hernández Mosquera, ayer.
El comandante de la UCO Jesús Reina y el teniente coronel de la Comandancia de Almería, José Hernández Mosquera, ayer.
Rosa Ortiz
23:56 • 15 mar. 2018

Gabriel era un niño bueno, educado en el amor y el respeto que le habían inculcado sus padres. Ana Julia es fría, posesiva y egocéntrica. Una mujer con ambiciones económicas a la que siempre le gustó vivir bien. Alguien con una personalidad compleja, manipuladora, a quien las circunstancias negativas le provocan una gran ansiedad. Alguien capaz de matar. 




El perfil elaborado por la Unidad de Análisis de la Conducta de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil habla de ella, la única acusada -ya en prisión- por el asesinato de Gabriel Cruz, en estos términos. Por esa razón, los investigadores no dieron ni un ápice de verosimilitud a la versión de la autodefensa que arguyó cuando hace tres días confesó el asesinato del niño. “Gabriel en ningún momento pudo hacer ese tipo de comentarios y ese tipo de insultos a los que ella refiere. Era un niño bueno, era un niño que si le dicen móntate en el coche, se hubiera ido con ella”, explicó ayer el comandante de la UCO Jesús Reina. 




El menor fue asfixiado entre 15:40 y las 18:00 del pasado 27 de febrero, la misma tarde que desapareció. Fue enterrado en un pequeño agujero junto al aljibe que hay situado al lado de la casa de la finca familiar de Rodalquilar y allí permaneció su cadáver, cubierto con tierra, cantos rodados y unos tablones de madera los doce días que duró su búsqueda. 




La Guardia Civil no inspeccionó el lugar porque la familia había registrado dos veces la finca y no había encontrado nada que les indujera a pensar que el niño se hallaba ahí. Además, siempre buscaron a Gabriel vivo. Día y noche, a un “ritmo brutal”, dicen los investigadores, en la que ha sido la mayor búsqueda coordinada de una persona desaparecida en nuestro país. Ana Julia se situó pronto en el radar de los investigadores. Observaban en la mujer “ciertas anomalías”, incongruencias que a los avezados agentes que han participado en las pesquisas -el mismo equipo que resolvió el cuádruple crimen de Pioz, en Guadalajara o el asesinato de Diana Quer- no les pasaron por alto. 




La clave de la camiseta
Fue ella, además, quién conminó a Ángel Cruz a ir a buscar al niño al Barranco de las Águilas, donde la detenida tiró entre unos cañaverales la camiseta que Gabriel llevaba puesta el día de su muerte. Fingió el hallazgo y situó, además, a los investigadores en una zona donde vivía su  ex pareja, Sergio, a quien trató de inculpar en la desaparición. La asesina confesa volvió a la casa de la abuela Carmen en Las Hortichuelas después de matar al niño y actuó con normalidad, como si no hubiera pasado nada. Allí escondió el resto de la ropa que el menor vestía cuando desapareció, un pantalón de chándal y una sudadera roja con capucha, que después tiró en un contenedor de vidrio a 30 kilómetros de distancia, en El Toyo. Aquel día, un equipo de televisión que se puso a seguir a Ana Julia a punto estuvo de dar al traste con la investigación. 




El domingo 11 de marzo, la mujer sale con su coche y sola por primera vez se dirige a la finca de Rodalquilar. Ya está siendo vigilada. A distancia, los agentes observan como desentierra un cuerpo que encaja con el del pequeño Gabriel. Enrollado en una manta, semidesnudo, solo con el calzoncillo que llevaba puesto, el cadáver del menor es encontrado en el maletero del coche de Ana Julia, que termina confesando el crimen.




En todo el proceso que ha durado la investigación, que se da ya por cerrada, no se han encontrado indicios que hagan pensar que ha habido terceras personas implicadas. “La autoría es suya y lo hace siempre sola”, afirma el teniente coronel José Hernández Mosquera, mando operativo de la investigación. 




Este es, a grandes rasgos, el relato de la llamada ‘Operación Nemo’, bautizada así en honor al movimiento de los ‘pescaítos’ iniciado por Ángel Cruz y Patricia Ramírez, los padres del pequeño. Lo que sigue son todas las claves que han rodeado al caso. 


Primeras pesquisas
El entorno más cercano se investiga con especial atención porque las estadísticas demuestran que suele estar involucrado en la desaparición.

Es así en el 90% de los casos de menores desaparecidos y ha sido así en el de Gabriel Cruz, Las primeras líneas de investigación se sitúan en el entorno familiar. Allí aparece la figura del acosador de Patricia pero su participación en la desaparición del menor queda descartada completamente y también la de Ana Julia Quezada, de la que contaban con información de su pasado en Burgos. En los primeros días detectan “ciertas anomalías” en su comportamiento aunque sin ir más allá

Ana Julia Quezada es quien encuentra la camiseta de Gabriel y ella es la que insiste en ir a buscar allí, una zona de “difícil acceso”. “Es ella quien la encuentra y no Ángel”, insistieron ayer los investigadores, que destacan que entonces no hallan ningún indicio más del pequeño en la zona, a pesar del intenso rastreo que se realiza en la zona, con la inspección de la planta depuradora de Las Negras por parte de los especialistas de la Unidad de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil. 


Sospechas
Es el hallazgo de la camiseta, un “hito” que cambia toda la investigación, lo que sitúa a Ana Julia en el centro de las pesquisas. Los agentes no tienen dudas de que ella está tras la desaparición del niño. Barajan el móvil económico porque la detenida muestra interés para que la familia suba la recompensa económica para quien aporte pruebas sobre Gabriel. 

El episodio de la camiseta da esperanzas para seguir con la búsqueda -siempre bajo la premisa de que el niño está vivo-, aunque hacia el norte de Las Hortichuelas, en sentido contrario a la finca de Rodalquilar donde ya está enterrado el cadáver de Gabriel. Además, de forma indirecta, Ana Julia pretende orientar las pesquisas hacia Las Negras, donde vive Sergio, su ex pareja, a quien intenta involucrar en la desaparición del pequeño, como había hecho en otras ocasiones con sus comentarios en el ámbito familiar y delante de los agentes de la Guardia Civil.  


La aparición de la prenda da un viraje a la investigación.  La UCO cree que la mujer, con sus numerosas incongruencias -entre ellas, la supuesta pérdida de su teléfono móvil- quiere apartar a los investigadores del rastro del niño. Ellos, a su vez, querían que tuviera la sensación de que no estaba vigilada - “dejarla suelta”-, por si el menor estaba vivo. “No sabíamos si nos llevaría al habitáculo donde estaba Gabriel”.  


Cobertura mediática
Con la mujer bajo el foco de la investigación, Ana Julia es sometida a un constante seguimiento por parte de los agentes de la UCO. Ven que visita con frecuencia la finca de Rodalquilar, pero que siempre lo hace acompañada y que no pasan mucho tiempo en el lugar. 

La filtración de que está siendo investigada sitúa a las cámaras de varios programas de televisión detrás suyo. La presión se hace tan grande que a punto está por mandar al traste la investigación. 

La Guardia Civil criticó ayer alguna cobertura puntual de prensa porque “hicieron peligrar operativos de seguimiento” de Ana Julia, que llega a ser ayudada por un concejal de Níjar para alejarla del foco mediático. En ese momento, todavía no se conoce la real implicación de la acusada en el crimen del pequeño Gabriel. 


Asesinato
La detenida engaña al niño y lo hace subir al coche con “alguna promesa”. En un plan perfectamente premeditado -así se establece en el auto del juez al que ha tenido acceso LA VOZ DE ALMERÍA-, Ana Julia se dirige a la finca de Rodalquilar (donde, previamente, ha cavado un hoyo), asfixia al niño y le entierra cubriéndole con tierra, cantos rodados y unos tablones de madera. Después de cometer el crimen, pasa un rato en la vivienda pintando para fabricarse una coartada. 


En torno a las seis de la tarde regresa a la casa de la abuela en Las Hortichuelas que, preocupada porque su nieto no ha ido a merendar, se acerca a la vivienda de la tía Rosita a preguntar por él. Ana Julia actúa con total normalidad, como si no hubiera ocurrido nada. Cuando Patricia y Ángel son alertados de la ausencia del pequeño y el padre interpone la denuncia en el Puesto Principal de la Guardia Civil en Níjar, Ana Julia se incorpora a la búsqueda. Mantiene la farsa 13 días, hasta que es descubierta con el cadáver del niño en el coche. 


Perfil psicológico
De acuerdo al perfil elaborado por la Unidad de Análisis de la Conducta de la UCO, Ana Julia es una “persona con frialdad máxima, con falta de preocupación sobre otras personas, posesiva, egocéntrica y que, en ciertas circunstancias que le son negativas, puede provocarle una ansiedad muy grande”. Los agentes la definen también como “bastante manipuladora”. 

Durante la búsqueda, sobre todo cuando hay cámaras delante, Ana Julia se muestra muy afectada. “Excesivamente dramática”. Lejos de evitar el foco mediático, se sitúa en primera línea, pensando que así nadie dudará de ella. 


Móvil del crimen
Sin entrar en detalles para no causar más dolor a los padres y por respeto al secreto de las actuaciones, los investigadores señalan que el cuerpo del menor permanece semidesnudo (tras asesinarle, Ana Julia desviste al pequeño y le deja en calzoncillos), enterrado en la finca de Rodalquilar. 

En cuanto al móvil del crimen, la UCO dice que “la razón solo está en la mente de la persona que lo realiza”. “Hay un hecho muy evidente, para Ángel, Gabriel era lo más importante”. La Guardia Civil añade que padre e hijo pasaban juntos todo el tiempo libre que podían. La personalidad celópata de la acusada hace el resto.  


Esperanza
La búsqueda del pequeño Gabriel, en la que han participado más de 5.000 personas -600 de ellos agentes de la Guardia Civil de las unidades más especializadas del cuerpo- se hace siempre con la premisa de hallar al menor con vida. Los efectivos trabajan “a un ritmo brutal”, pensando que Ana Julia pueda tener al menor retenido en alguna vivienda. La operación se convierte en la mayor búsqueda coordinada de una persona desaparecida en nuestro país. “Todos hubiéramos querido encontrar a Gabriel con vida, pero finalmente hemos conseguido el objetivo”, explicó ayer el teniente coronel Hernández Mosquera visiblemente emocionado. 


Actuó sola
Los investigadores aseguran que tienen acreditado que Ana Julia Quezada actuó sola de acuerdo a su “patrón ilógico” y “con cierta ambición económica”. De ahí que se barajara el móvil económico y se trabajara con la posibilidad de que el niño estuviera vivo si se ofrecía un rescate. “No hay indicios para pensar que haya terceras personas implicadas. Es ella sola y lo hace siempre sola”



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