La Voz de Almeria

Roquetas de Mar

La bibliotecaria roquetera que ha convertido su 20% de visión en su mejor aliado

María Rodríguez creció leyendo para acompañarse y hoy comparte su afición desde una biblioteca llena de vida

La bibliotecaria María Rodríguez Frías desde su cocina rodeada de Navidad.

La bibliotecaria María Rodríguez Frías desde su cocina rodeada de Navidad.La Voz

Melanie Lupiáñez
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María Rodríguez Frías, 1984, ha construido su vida alrededor de los libros, no solo como lectora apasionada, sino como cuidadora de historias, personas y espacios. 

Actualmente es la bibliotecaria de la sala de lectura de Los Bajos en Roquetas de Mar. Habita la biblioteca como quien habita una casa: la decora, la cuida y la llena de vida con detalles hechos a mano, clubes de lectura y recomendaciones personalizadas. Su historia, atravesada por la discapacidad visual, la independencia temprana y una mirada lúcida sobre la fragilidad y la fortaleza humanas, es también un retrato de cómo la cultura, cuando se vive desde lo cercano, puede convertirse en un acto cotidiano de resistencia y de amor.

María, cuando hablas de tu infancia siempre aparece la lectura. ¿Fue tu refugio desde pequeña?

Totalmente. Yo pasaba mucho tiempo sola y, además, desde muy pequeña tuve que ir a hospitales por el tema de la vista. Nací con un cáncer, retinoblastoma, que afecta a la ojos y desde los tres meses me he sometido a operaciones. En esos viajes mi madre siempre me llevaba libros y cuentos para que me entretuviera. Leer era mi manera de estar tranquila, de evadirme y de sentirme acompañada. Por eso estudié Biblioteconomía y Documentación porque me gustan mucho los libros.

¿Cómo se convive con una discapacidad?

Te condiciona en todo, claro, pero como yo estoy así desde pequeña, es lo que conozco. Tengo un resto visual muy pequeño apenas un 20%, pero he aprendido a apañarme. He sacado una carrera, he trabajado, he dado clases… De eso estoy muy orgullosa, la verdad.

¿Y tu familia tenía miedo por ti?

No, yo siempre he sido muy independiente. Ellos me han apoyado siempre y tenemos muy buena relación. Nunca hemos tenido una economía bollante, mi madre trabajaba como limpiadora y mi padre en un almacén. Cada vez que íbamos a la clínica Barraquer en Barcelona para hacer las operaciones era un dineral, mi madre no quiso tener más hijos.

¿Te sentiste apoyada durante tu etapa educativa?

En la Universidad de Granada los profesores se portaron de maravilla conmigo: me adaptaban los exámenes, me daban la letra más grande, me ayudaban en lo que necesitaba. En el colegio y el instituto fue más complicado. Muchas veces ni los profesores sabían cómo adaptarse y yo me encontraba muy sola. Cuando tenía 15 años descubrí la ONCE y fue una gran ayuda en cuanto a materiales adaptados y tutores. Pero era un desastre, cada cierto tiempo mi madre iba al instituto a recordarles que tenía una discapacidad.

Aun así, terminaste dando clases tú misma.

Sí, fue casi una sorpresa para mí. Empecé a dar clases a chicos de la ESO y bachillerato cuando me quedé en paro, y aprendí muchísimo. Tenía que volver a estudiar asignaturas que yo misma había olvidado. Fue un esfuerzo enorme, pero también una experiencia muy bonita y muy enriquecedora.

Ahora trabajas como bibliotecaria en Roquetas. ¿Qué significa ese trabajo para ti?

Para mí es un regalo. Me encanta mi trabajo. Me gusta decorar la biblioteca, cambiar los espacios, preparar actividades para los niños, recomendar libros. Siento que estoy en mi sitio, que es un lugar donde puedo compartir todo lo que he leído y aprendido.

Coordinas además un club de lectura de adultos.

Sí, llevo ya tres años coordinándolo. Es maravilloso. Hay opiniones muy distintas, debates muy interesantes, y siempre se aprende algo, incluso de libros que a priori no te gustan. El grupo ha crecido mucho y eso me hace muy feliz.

La Navidad ocupa un lugar especial en tu vida.

Muchísimo. Me encanta. Empiezo a preparar cosas con meses de antelación: casitas, coronas, decoraciones. Es una época en la que disfruto creando, compartiendo y llenando los espacios de luz y de ilusión. Suelo vender lo que hago en los mercadillos y también he montado los belenes de casas de gente que me lo pide.

Has pasado por momentos personales muy duros relacionados con la maternidad.

Sí, han sido muchos años de lucha. He pasado por tratamientos, un aborto y situaciones muy difíciles, muchas veces sin el acompañamiento que una necesitaría. Ten en cuenta que mi enfermedad es un 40% hereditaria. Es algo que duele, pero intento seguir adelante con una actitud positiva.

¿Te da miedo perder la vista en el futuro?

No especialmente. Estoy estable y muy controlada médicamente. Lo importante es cuidarse y adaptarse a cada etapa.

Mirando atrás, ¿qué le dirías a la María niña que leía sin parar?

Que siguiera leyendo, que no dejara nunca los libros. Al final, todo eso ha tenido sentido. Los libros me han dado refugio, trabajo y una forma de compartir con los demás.

¿Y qué te gustaría que la gente viera cuando entra en tu biblioteca?

Que es un espacio vivo, cercano, lleno de historias y de personas. Un lugar donde siempre hay algo que descubrir, aunque sea un pequeño detalle hecho a mano.

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