Crónica de un juicio a puerta cerrada
Crónica de un juicio a puerta cerrada
La sala del jurado del Palacio de Justicia cerró sus puertas hace una semana y guardó en su interior los secretos de uno de los episodios más oscuros de la crónica negra de la provincia de Almería. La interpretación sobre qué pasó en Palomares la tarde del 26 de julio de 2011 quedará en manos de un jurado popular, con el tribunal, el fiscal y los abogados de las partes como único testigos.
El juicio por el triple crimen de Palomares comenzó el pasado lunes con José Antonio Zamora como acusado de un triple asesinato. El magistrado acordó admitir la petición de la defensa, representada por los letrados Ernesto Osuna y Martín de los Reyes Martínez, y del fiscal para celebrar el juicio a puerta cerrada por motivos de seguridad, un hecho sin antecedentes cercanos en Almería. A esta decisión se opuso el abogado de la acusación particular, el penalista José Luis Alabarce, letrado del despacho AP-Lex Abogados y representante de la familia Santiago, que perdió a tres de sus miembros tiroteados.
De lo que pasó en la sala durante toda la semana sólo llegan referencias de las partes. Cinco sesiones celebradas de lunes a viernes sin incidentes. El primer día se seleccionó a los miembros del jurado popular y se escuchó la versión de José Antonio Zamora. El acusado se enfrenta a una petición de 48 años de cárcel por tres presuntos delitos de asesinato.
Desde la defensa subrayan que “su versión ha sido siempre la misma, desde tres minutos después del suceso hasta el día del juicio” y, además, “ha sido corroborada por los forenses y por los agentes que han declarado”.
El suceso se produjo en una zona de Palomares conocida como Cabeza Martinón. José Antonio Zamora se presentó en la calle donde residían miembros de la familia Santiago. Tres de ellos, un matrimonio y su hijo, perdieron la vida tiroteados con un rifle.
La defensa argumenta que existían amenazas previas, un agresión en una gasolinera (un miembro de la familia Santiago fue condenado en un juicio de faltas) y todo se produjo en legítima defensa, esencialmente porque Zamora recibió un mordisco que le arrancó parte de la nariz.
¿Cuándo se produjo esa agresión? ¿Fue antes o después de los disparos? Esta es la principal duda, al menos, respecto a la muerte de Cristóbal y Juan Santiago, que estaban en la ventanilla de la furgoneta del coche desde donde disparó el acusado (luego se entregó a la Guardia Civil).
La defensa lo tiene claro. Le mordieron y luego disparó entre dolores. Por su parte, la acusación y la Fiscalía creen en una versión muy distinta. “Los forenses han puesto de manifiesto que la muerte no fue inmediata y que Cristóbal tuvo tiempo de morder al acusado antes de caer”, sostiene José Luis Alabarce. “Los forenses han sido bastante ilustrativos en este punto”, añade.
Fallo del jurado
Más taxativo se muestra, si cabe, en la interpretación sobre la muerte de Fermina. La mujer se acercó a socorrer a su marido y su hijo. “Este punto está muy claro, los forenses dicen que la mujer recibió un impacto de bala a un metro y medio y un segundo a pocos centímetros, en el costado”, señala Alabarce. El letrado cree que Zamora remató a Fermina.
Desde el lado contrario, los abogados de la defensa dan una versión exculpatoria. Está acreditado que el acusado tenía serias lesiones en la nariz y sangraba. Según expusieron en sala, “en estado de pánico y shock por lo sucedido”, con fuertes dolores, “interpetró que la persona que se acercaba a él gritando era también una amenaza”.
El jurado tendrá que decidir el lunes (y probablemente el martes) a qué versión cree: si José Antonio Zamora asesinó a tres miembros de la familia Santiago de forma premetida y fría, o si el acusado actúó en legítima defensa y el miedo insuperable. En ello se juegan algo más que 48 años de cárcel.