Piedra y acero
Piedra y acero
Hay ocasiones en las que es mejor no hacer ni tampoco decir nada. Todos los calendarios chinos que hemos acumulado buscando ese rollito de primavera con vocación de permanencia nos han regalado frases impregnadas de filosofía oriental recomendando permanecer callados si no tenemos que decir algo más bello que el silencio. O algo así. Pero como yo no soy chino, me quedo antes con los famosos versos del onubense Juan Ramón Jiménez, cuando instaba a no estropear las cosas con sobrecargas u ornamentos innecesarios: "No la toquéis más, que así es la rosa." Sencillo y perfecto. Así se recoge en su libro "Piedra y cielo" (1919) y vienen perfectos para comentar la última -entiéndase en su acepción de más reciente- aportación de la Junta de Andalucía acerca de su polémica restauración de una de las torres de la muralla de San Cristóbal, parcheada indecentemente con una chapa de acero oxidado. Según un informe del gobierno autonómico, el revestimiento de acero se aplicó "para disimular" (sic.) los trabajos de sujeción y equilibrado que habían tenido que atornillar a una de las torres, que estaba viniéndose abajo. Como ven, hay actuaciones arquitectónicas que son como los chistes de Arévalo: si tienen que explicarse pierden la gracia, si es que alguna vez la tuvieron. ¿Cómo es posible que el Almería tengamos que tragar con semejante chapuza, por mucha solemnidad técnica que quiera darse al tema? ¿Hubiera sido posible un atornillamiento similar en la Giralda? Probablemente no, porque el paso previo al desmorone es el abandono, cosa que sucede en Almería, pero no en Sevilla. Piedra y cielo. Piedra y acero. Como la cara de algunos.